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A tu alrededor no hay humildad,
la Venus es caricatura
Babasónicos, Putita
Me veo en un enclave del sur del conurbano de pibe y no tanto -Lanús, para ser exactos- que está atravesado por figuras diversas de barrios propios y lindantes: Lomas de Zamora, Banfield, Adrogué, otros, hasta llegar a Cañuelas e incluso Alejandro Korn -un ilustre padre la de la filosofía vernácula, de casualidad propicia. Jazmín De Grazia quizá haya sido un exponente de la belleza y la lucidez libidinal libre del sur: una chica de Temperley (las conchetas del sur son muy diferentes de las conchetas del norte). Cierto barral: el sur tiene barro. Es neobarroco y neobarroso, perlongherianamente. Jazmín tenía esa cosa de pibito, hincha de Los Andes -que lo era, y orgullosa. Una mina preciosa por donde se la viera que, sin embargo, respiraba calle y adoquín. Es claro: el adoquín de los barrios del sur -las zonas más residenciales, más para abajo- tiene musgo y verdín, ese sedimento mugriento y verdolaga que se pega. Es el agua podrida del sur, quizá de todos lados, pero para mis ojos de niño siempre fue del sur. Y en la arteria -Pavón o Hipólito Yrigoyen-, se huele también con garrapiñadas quemadas. El sur es lumpen -el norte, no, tiene villas directo. El oeste, no sé, no conozco tanto. El lumpenaje del sur permite que un groncho se cruce con minas increíbles hijas de ingleses, escoceses o alemanes de Adrogué -símiles de Jazmín, que no era sajona, precisamente. Ese melting pot, esa ensalada, destila ciertas radiaciones -o ethos, es decir, estilos de vida, muy propios de allí.
Ezequiel Martínez Estrada, el Thoreau de Bahía Blanca, clasificaría, en su sociología de las pampas y Goliat, los tipos del sur -el guarango sería nuestro groncho o cabeza. El sur es lisérgico a la vez que mersa, volado, y con tracción a quema y mataderos: mucha chatarrería del ferrocarril que fuera de los ingleses queda en la marca. Los materiales del sur son densos y fuertes, por eso los individuos que emergemos de esa zona alcanzamos cierto refinamiento y sofisticación que comulga, sin repelerse, con cierta fiereza, brutalidad psicodélica: Symns, Cippolini, Babasónicos, tres de ellos. El sur tiene el cuerpo muy presente y es más interclase que otras zonas. Caminar por una calle de Lanús oeste o Banfield implica cierto mimetismo incipiente. Hay una peronización en el sur que es notoria, pero López Murphy -que vive en Adrogué- o Borges -que tenía su casa de fin de semana en el mismo lugar- logran lo paradojal: generamos anticuerpos directos de gorilismo furibundo. Cortázar vivió en Banfield y tendría más puntos en común con Sandro -de Valentín Alsina- de los que muchos sospechan.
Digámoslo: el sur no se lleva bien con el realismo. No. En el sur somos trágicos y antirealistas. Una combinación única, rara. Somos pulsionales -bueno: Cerdos & peces- y refinados conceptualmente. Jazmín resumía eso en sus intervenciones televisivas explosivas, sensuales, sugerentes, vitalistas, pero también melancólicas. Jazmín, de alguna manera, encarnó y quizá encarne, el prototipo de la chica del sur del conurbano. ¿Un ícono? Sí. En algún sentido, toda constitución de una mitología contemporánea tiene algo de arbitrario, faccioso y beligerante, -ella lo era-: cocinar en el presente, como pensar, requieren de lo posible y el error. Honestidad y belleza. Furia y clase. Moda y calle. Y también libros. Jazmín no era solo una modelo: una venusina nietzscheana -sin sospecharlo- que se dejaba ser más: Afrodita, de a ratos. En el sur también hay elementos demenciales: el azufre -recuerdo una fábrica, a pocas cuadras de mi casa. La invención arltiana tenía un terreno fértil en Remedios de Escalada, apéndice gris de Lanús. Esa reelaboración constante, y podríamos decir reinvención, tenía en Jazmín una bomba perfecta. Una belleza que lastimaba y una lengua que destritapaba.
Quizá mi reencuentro con un linaje personal, me lleve hacia esos ámbitos de nuevo: un niño feliz y solo en su cuarto -juego y erotismo, mientras veía las secretarias de Tato en patines y tenía erecciones inesperadas. Pero es un rasgo inolvidable que llevamos los que transitamos por pavimento, adoquín y fabricas abandonadas: Hugo Mujica, nacido en Avenalleda, también lleva ese existencialismo sureño que se identifica. Yo, como beatnik forzado, hedonista libertario, anarquista comunitario, lo veo. Y en Jazmín -homenaje y hermosura de mis pagos- deviene este ensayismo a lo aguafuerte; de modo que el discurrir de flaneur sea solo un tibio relucir de esos ojos que bien podrían cantar una banda aun no descubierta de la movida sónica de los noventas: nuestra música. Quienes venimos del sur nos reconocemos en vos. Salud, rubia, te lo merecés. Sos el orgullo del gronchaje lisérgico, del dandismo lumpen, cruzando el Riachuelo, y más allá: una intempestiva del sur.
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