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Idea:
“Así, yo mismo soy el tema de mi libro, y no hay razón, lector,
para que emplees tus ocios en materia tan frívola y vana”.
Michel de Montaigne, 12 de junio de 1589
El ensayo, tal como lo conocemos hoy, surge de la pluma de Michel de Montaigne, filósofo y escriba hedónico –y ciceroniano- del siglo XVI que talló bajo su nombre su libro único: los ensayos. ¿Qué ensayaba? ¿Qué características abría tal nombre? ¿Qué preguntas procuraba responder? En principio, hay varias cosas –quién es uno mismo, requisitoria moderna, el individuo y la conciencia: un acto de habla perlocutorio, un soliloquio continuo, un género epidíctico que advenía de la conversación y, en el fondo, de la oratoria grecorromana escrita: las epístolas de Séneca a Lucilio, por caso, eran su antecedente. Luego, la divagación reflexiva sobre un tema que no pretende persuadir ni informar ni dar a conocer. El ensayo es el puro deleite en la estetización de un concepto, de un tema. El ensayo –según la matriz montaigneana- es libre, amistoso, asistemático, para un público amplio, sin aparato crítico ni documental y que no oculta la subjetividad de un primer lugar: un yo que encandila. El propio Montaigne diserta desde su intimidad, su vida cotidiana, incluso sus aspectos más incómodos e impúdicos –comidas, bebidas, heces, sexo, pene, flatos, etc.
Cercano al artículo periodístico, la carta –de los libertinos, como Cyrano- o el diálogo platónico, el ensayo no tiene nada que ver con el tratado ni con la summa –ambos manuales didácticos, carentes de erótica: es su antítesis. Si bien el ensayo es lógico, no reclama que su argumentación se “apoye” en muletas ni citas –en todo caso, las hace chocar o las emplea como trampolín: cual dandi recorre la ciudad textual, los nombres, los derrocha de forma indecorosa y con afán de hacerlos pelear entre sí. Por ello, el ensayo será el pensamiento “puro”, en estado de pretexto y descuento, con cierto aire incidental y elegante en su insinuación. Ortega dirá que es “ciencia sin prueba explícita”. Alfonso Reyes será más sutil: “es el Centauro de los géneros”. Y Adolfo Bioy Casares lo hará de modo más gráfico y, por ende, garante de cierta contundencia paradojal: “un género para escritores maduros, donde la nota personal, la subjetividad y la digresión no son accidentales sino medulares”.
En este curso teórico-práctico, veremos el recorrido por la historia del género a partir de dos grandes tradiciones: 1) el ensayo filosófico –de Montaigne a Onfray, 2) el ensayismo argentino –de Sarmiento a Sebreli. No será propósito dar un recetario ni normativa alguna para escribir un ensayo: precisamente ensayar es lo opuesto, arriesgar formas improbables, pero sí dar un muestrario de posibles alternativas para encararlo. En la primera clase se requerirá que cada integrante comience a escribir un breve texto que en el último encuentro –luego de un mes- pongan a disposición de todos, lo expongan: si quieren lo lean íntegro o un fragmento –a voluntad- a fin de ser analizado entre todos los asistentes.
Jorge Luis Borges señala en el prólogo a El oro de los tigres (1969) que un "idioma es una tradición, un modo de sentir la realidad, no un arbitrario repertorio de símbolos". El español rioplatense es "otro tono", que nos “pide” ensayar en su sintonía. Este será el propósito de estos encuentros.
Programa:
Clase 1. Historia de un género y estilos: ¿cómo y para qué ensayar?
• Textos: 1) Epístolas morales a Lucilio de Séneca, 2) Ensayos de Michel de Montaigne, 3) Prólogo a Ensayistas ingleses de Adolfo Bioy Casares. Definiciones de ensayo de: David Hume, Borges, Ortega y Gasset, Alfonso Reyes, Octavio Paz y Michel Foucault.
Clase 2. Ensayo filosófico: subjetividad y mundo
• Textos: 1) Ensayos (1592) de Michel de Montaigne, 2) Walden o la vida en los bosques (1854) de Henry David Thoreau, 2) La gaya ciencia (1882) de Friedrich Nietzsche, 4) El uso de los placeres (1984) de Michel Foucault, 5) La construcción de uno mismo (1991) de Michel Onfray
Clase 3. Ensayo argentino: la pampa como condición del pensamiento
• Textos: 1) Facundo (1845) de Domingo Faustino Sarmiento, 2) Las multitudes argentinas (1899) de José María Ramos Mejía, 3) Radiografía de la pampa (1933) de Ezequiel Martínez Estrada, 4) Buenos Aires, vida cotidiana y alienación (1964) de Juan José Sebreli, 5) Restos pampeanos (2008) de Horacio González
Clase 4. Práctico: presentación y debate de los ensayos
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Duración: 4 clases
Costo: $ 250 (incluye material de lectura y una copa de vino)
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