Monday, July 09, 2012

Curso Julio: Liberales criollos



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Idea:

El pensamiento argentino tiene dos grandes ramas cuyas manifestaciones políticas, estéticas y literarias son evidentes: la tradición nacional-popular y la tradición liberal-republicana. Habituados a la primera vertiente (máxime en la última década), la tradición del liberalismo criollo, tan nutrida en el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX con notables intelectuales, escritores y poetas, no ha resultado feliz (por razones múltiples que veremos en detalle) en la segunda parte del siglo pasado. Será propósito de este curso partir de un corpus de grandes representantes de esta tradición del liberalismo criollo (así lo llamaremos) con su especificidad y vertientes distinguibles. Este estudio, reelaboración y reescritura de la tradición liberal local apunta a su actualización desde hoy. Después de todo, el apriori, las condiciones de posibilidad del pensamiento o la filosofía argentina, es muy claro al estudiar a nuestros dos filósofos fundamentales del siglo XIX y el siglo XX: Domingo Faustino Sarmiento y Ezequiel Martínez Estrada, respectivamente. Las condiciones de nuestro pensamiento vienen de dos puntos: 1) la fisonomía y las características del territorio argentino: la extensión, despoblación y soledad, 2) el personaje emergente de ese territorio: el caudillo. Hay una lógica nietzscheana -Estrada escribió un eximio ensayo sobre Nietzsche- donde se pone en evidencia un escenario, un teatro, y un personaje. Son, también hay que decirlo, las propias vidas de Sarmiento y Martínez Estrada las que estructuran sus pensamientos: la pulsión, el temperamento y la locura sarmientina y el padecimiento de neurodermatitis de Martínez Estrada. Nuestro apriori -el caos, la extensión y la soledad- la barbarie como el disparador de la búsqueda civilizatoria que nunca se resuelve. No son, nunca fueron dos proyectos, sino el mismo y simultáneo, de allí nuestras categorías
   Como bien señalaba Juan Bautista Alberdi: "los argentinos tenemos libertad exterior -independencia- pero no libertad interior -moral, autonomía". Al no ser moralmente libres y precisar de Libertadores -San Martín o Bolívar- y luego caudillos, jefes o duces, nos resulta difícil gozar el placer del vivir con autonomía: es percibido como insultante o impropio con respecto al pater familias. Fue el mito de la espada -la violencia- y del Libertador -el caudillo- lo que forjó la identidad latinoamericana y argentina en particular. Siempre es otro quien nos da la libertad exterior, nos la regala; no la conquistamos ni la construimos cada uno de nosotros. En rigor, España ya para el siglo XIX estaba en franca decadencia imperial, frente a Inglaterra y Francia. Por lo tanto, lo que libertaron San Martín y Bolívar fue algo que sucedería por decantación y la espada no fue liminar. Esa conciencia que nos regala la libertad exterior, nos hace sentir deudas con ellos, como padres fundadores. En Estados Unidos, por ejemplo, no hay libertadores. George Washington es el primer hombre libre estadounidense, no un libertador, es un par, un ciudadano, no un caudillo. Una clave reposa en que la tradición de conquista en América del Norte fue distinta a América del Sur: los ingleses, holandeses y franceses no habían declarado que todo le pertenecía a sus coronas, sino que los primeros que llegaban se hacían de la tierra -era "Tierra de Nadie". En Sudamérica, los españoles y portugueses declararon que la tierra era toda del rey antes de ser descubierta. Y pasamos del Rey al virrey, y de allí al libertador y el caudillo. Esa figura es inaugural conceptualmente en Argentina. Es constitutiva de nuestro modo de vivir y de nuestro pensamiento. Alberdi creía que se podía extirpar con inmigrantes del norte y formando su autonomía moral, Sarmiento era más pragmático y no despreciaba lo latino constitutivo, por eso proponía hacer escuelas. Alberdi prefería un campesino analfabeto pero libre moralmente, Sarmiento un abogado hijo de analfabetos que viviera del Estado. Sarmiento triunfó conceptualmente porque comprendió esa lógica que definió como "civilización y barbarie". Un detalle no menor es la Y. Nunca fue "cilivización O barbarie". No hay disyunción, hay conjunción; lógicamente, el pensamiento sarmientino da cuenta que la barbarie es inextirpable, es propia de nuestra realidad.
   En Sudamérica en gran medida se verá como "ofensivo" o provocador al liberalismo porque desafía esa matriz fundadora caudillesca: el tutor o tirano que "nos da la autonomía" de la propia forma. Como diría Foucault: nos resulta difícil pensar el gobierno de sí, preferimos el gobierno de los otros. Por ello, toda resistencia al caudillismo -Rosas, Perón o Kirchner- es vista por cierto populismo como un elogio de la dependencia cuando es lo contrario: búsqueda de gobierno de sí. La tradición liberal republicana va de suya con el elogio de la autonomía del cuerpo –el dandismo, el hedonismo e incluso el erotismo explícito, son dos marcas muy claras en casi todos sus representantes literarios- precisamente, por su espíritu transgresor hacia el tutor o caudillo de turno. Después de todo, la tradición liberal-republicana comienza con una violación (no consumada) en El matadero de Esteban Echeverría. Nuestra vivencia del placer va unida a la violencia, el barroquismo, lo soez y el exceso desde ese texto, escrito entre 1839 y 1840.
   En este curso veremos con énfasis a través de grandes ensayistas y narradores dos áreas de la tradición liberal republicana: la cuestión conceptual (las ideas políticas y filosóficas que la articulan) y su programa estético: el cómo, los modos poéticos, retóricos, con el fin de articular una estética liberal criolla, desde hoy, principios de siglo XXI, y que opere como alternativa y opción válida para quiénes nos legitimamos e identificamos con esta línea, y para hacer frente a la estética nac & pop (realismo populista conservador) por todos conocida. Aquí estudiaremos la tradición liberal con todas su diferencias políticas y estéticas: desde el debate entre el liberalismo igualitario de Sarmiento versus el liberalismo conservador de Alberdi, pasando por el anarquismo individualista de Martínez Estrada o el radicalismo subversivo de Barón Biza, sin dejar de lado los dandismos de Mansilla y Cambaceres y la polémica trayectoria política y estética de Leopoldo Lugones (en cuyo caso siempre prevaleció un individualismo anarquizante). Esta amalgama, este corpus o recorte, dará como consecuencia el liberalismo criollo cuyas esquirlas están presentes en relecturas completamente diversas y antitéticas (Sebreli, García Hamilton, Botana o Ferrer) que procuraremos revitalizar.

Programa:

Clase 1. Emancipación y violencia: verga y puñal
  • Esteban Echeverría, El matadero, Emecé, Buenos Aires (1840).
  • Esteban Echeverría, El dogma socialista de la Asociación de mayo, Del Nuevo Extremo, Buenos Aires (1846).
  • Esteban Echeverría, Ojeada retrospectiva sobre el movimiento intelectual en el Plata desde el año ‘37, Del Nuevo Extremo, Buenos Aires (1846).

Clase 2. El desborde liberal: civilización y barbarie
  • Domingo Faustino Sarmiento, Facundo, Emecé, Buenos Aires (1845).
  • Domingo Faustino Sarmiento, Mi defensa, Emecé, Buenos Aires (1843)
  • Domingo Faustino Sarmiento, Recuerdos de provincia, Emecé, Buenos Aires (1850)
  • Domingo Faustino Sarmiento y Juan Bautista Alberdi, Cartas Quillotanas - Las ciento una, Emecé, Buenos Aires, (1852).

Clase 3. Dandismo y sexualidad: logos spermatikós
  • Eugenio Cambaceres, Sin rumbo, Losada, Buenos Aires (1885)
  • Lucio V. Mansilla, Retratos y recuerdos, Paradiso, Buenos Aires (1894)
  • Leopoldo Lugones, El payador (1913)
  • Christian Ferrer, Barón Biza. El secreto mejor guardado de la historia argentina, Sudamericana, Buenos Aires (2007)

Clase 4. Lo ‘facúndico’ martinezestradesco: un anarquismo epicúreo
  • Ezequiel Martínez Estrada, Radiografía de la pampa, Losada, Buenos Aires (1933).
  • Ezequiel Martínez Estrada, La cabeza de Goliat, Biblioteca Clarín, Buenos Aires (1940)
  • Ezequiel Martínez Estrada, Muerte y transfiguración de Martín Fierro, Beatriz Viterbo Editora, Buenos Aires (1948)

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Bibliografía Complementaria

  • Natalio Botana, La tradición republicana. Alberdi, Sarmiento y las ideas políticas de su tiempo.
  • Matías Bruera, La Argentina fermentada. Vino, alimentación y cultura.
  • Christian Ferrer, Soriasis y nación.
  • José Ignacio García Hamilton, Cuyano alborotador. La vida de Domingo Faustino Sarmiento.
  • José Ignacio García Hamilton, El autoritarismo y la improductividad.
  • Horacio González, Restos pampeanos. Ciencia, ensayo y política en la cultura argentina del siglo XX.
  • Francisco M. Goyogana, Sarmiento y el laicismo.
  • Noé Jitrik (ed.), Historia crítica de la literatura argentina. Vol. IV. Sarmiento.
  • María Pía López, Lugones: entre la aventura y la cruzada.
  • Pilar de Lusarreta, Cinco dandys porteños.
  • Héctor A. Murena, El pecado original de América.
  • Carlos Páez de la Torre (h), Los rostros de Sarmiento. Iconografías.
  • Dardo F. Scavino, Barcos sobre la pampa. Las formas de la guerra en Sarmiento.
  • Juan José Sebreli, Martínez Estrada, una rebelión inútil.
  • Juan José Sebreli, Buenos Aires, vida cotidiana y alienación.

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Duración: 4 clases
Costo: $ 250 (incluye material de lectura y una copa de vino)

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