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(Artículo publicado en el Suplemento Cultura del Diario Perfil, 27 de mayo de 2012)
La moda existe y la filosofía no es ajena
a ella. La filosofía ha tenido diversos “giros” en las últimas décadas: el
lingüístico en la década del 80, el analítico en la década del 90, y ahora y
más allá, en la primera década del siglo XXI, asistimos a un “giro práctico”.
En algún sentido, podemos pensar que la filosofía vuelve a salir al mundo,
luego de años de ostracismo, textualismo
y tecnicismo. Una filosofía práctica, pero también una filosofía pragmática y
vitalista, dirigida a un público mayor. En ese marco podemos leer con mayor
claridad la inserción de un pensamiento como el de Michel Onfray y su proyecto
de la Universidad Popular de Caen.
“Aspiro
a un nuevo tipo de Jardín de Epicuro, pero fuera de las paredes, ya no
sedentario, geográficamente cerrado, localizado, sino un Jardín nómada,
portátil y móvil, llevado consigo ahí donde uno esté. Propongo una máquina de
guerra que, siguiendo el principio del caballo de Troya, entre en la ciudad
para llevar a cabo su combate de resistencia, de oposición y de vida
alternativa al mundo trivial”, dice Michel Onfray en las primeras líneas de su
texto La comunidad filosófica. Manifiesto
por una Universidad Popular. Jardín y Troya, dos herramientas o figuras
conceptuales desde donde pensar el proyecto de la Universidad Popular de Caen,
de la que el 21 de abril se cumplen diez años de
fundación. La tradición y la denominación de las
Universidades Populares a las cuáles apela al proyecto de Onfray no es nueva,
sino que implica un linaje de numerosas organizaciones iniciadas en 1899 y en
continua creación. Las Universidades Populares han tenido siempre la finalidad
de cubrir aquellas deficiencias de la enseñanza oficial o sectores de la
población que se encuentran fuera de la formación reglada establecida por el
Estado. Las Universidades Populares, particularmente en Francia, surgen como
respuesta a la crisis que sufre la educación y la Universidad del siglo XIX,
luego de la Revolución Francesa, y a la aparición de movimientos sociales, es
decir, de las capas menos formadas. Con la finalidad de darle una culturización
es que aparecen en el horizonte estas instituciones libres.
La historia, en este caso
especial comienza, opera y detona frente a la inminencia de una posible
victoria del candidato de extrema derecha xenófobo Jean Marie Le Pen en las
elecciones presidenciales de 2002 –en la cuales es derrotado en el ballotage frente a Jacques Chirac. Allí
el filósofo emprende su proyecto urgido por ese temor letal. La educación o la
formación popular no solo fue siempre para Onfray una característica central
sino otra forma de hacer filosofía. Podemos ver el proyecto de la UP como una
suerte de “revolución molecular” o bien una microrresistencia, tal como lo
entendía Gilles Deleuze. Onfray gusta de hablar del “principio de Gulliver”
frente a la normalización o pura mercantilización: producir islotes
insurrectos, autárquicos y hedonistas donde se propicie ese saber para el
pueblo. Gratis, libre y con una oferta de seminarios y charlas mensuales de
gran variedad –estética, psicoanálisis, jazz, cine, etc.- la UP implica acercar
el conocimiento y coloca cierta preeminencia práctica a sus asistentes. La
localización, fuera de la centralidad parisina, en Normandía, es, también, otra
declaración de principios: la ciudad luz no será necesaria, sino, por el
contrario, ahuyentada.
El acto de fundación de la
Universidad Popular de Caen implica un principio doble: dar cuenta de las
miserias de la filosofía, a la vez que de la elevación de la filosofía. La
cualidad miserable, según Onfray, implica dos movimientos igualmente
recusables: la escolarización de la filosofía universitaria, en términos de la
escolástica y pura endogamia tecnicista, al mismo tiempo que la deformación
vulgarizada y superflua del café filosófico (café philó). La elevación de la filosofía implica la ampliación al
ámbito de lo popular a fin de reconstituir una filosofía que sea, al mismo
tiempo, para gran público sin ser populista, sin caer en la demagogia o en la
autoayuda que tiene pretensión filosófica. El linaje que reclamó para sí la
Universidad Popular es una antirrepública platónica, es decir, el Jardín
epicúreo donde la amistad y la vida filosófica serán elementos ineludibles. En
algún sentido, Onfray denuncia a través de sus cursos de la Universidad Popular
la confiscación de la filosofía por el gueto universitario a la vez que la
vulgarización del café philo. Ni
academia ni café son las ágoras propicias. Salir del gueto pero no caer en la
trivialización son los dos motores que ha levantado la Universidad Popular
durante estos años. En ese sentido, Michel Onfray expresa su búsqueda por medio
de la siguiente expresión: “no hay temas filosóficos sino tratamientos
filosóficos de cualquier tema”. La filosofía está en todos lados y no solo se
dirige a colegas o técnicos. Onfray reclama en su institución una filosofía que
le hable al pueblo sin caer en lo peor del acto divulgativo –sus libros también
son testimonios de ello. Los autores estudiados en sus cursos anuales de
filosofía hedonista son fieles depositarios de esa dirección, muchos de ellos
ni siquiera considerados o estudiados con poca profundidad en el canon
académico: Demócrito de Abdera, Arístipo de Cirene, Lorenzo Valla, Michel de Montaigne,
Pierre Gassendi, Julien Offray de La Mettrie, Georges Palante o Jean Marie
Guyau. Esta extensión de la filosofía hacia la esfera popular la vemos, además,
en áreas no pensadas o despreciadas por el pensamiento como la enología y la
gastronomía, que sí toma el propio Onfray como ámbitos dignos de reflexión. En
definitiva, lo que la Universidad Popular está blandiendo como estandarte y
opción concreta es una filosofía que sea de quién se adueña, aún sin diplomas.
Un elitismo para todos: lo mejor para las mayorías. En esta cuestión podemos
decir que el discurrir del proyecto educativo de Onfray implica unir la
rigurosidad universitaria con la libertad y frescura del café.
Posteriormente, en sintonía y a
modo de extensión, Onfray fundó en el
año 2006 y en colaboración con la asociación Epicure & Co, la Universidad
Popular del Gusto, espacio dónde interactúa con cocineros, enólogos y
sommeliers y desarrolla charlas de filosofía de la gastronomía, a la par que
demostraciones culinarias y catas de vinos. En gran medida, espacio de
reflexión que comparte algunas líneas comunes con movimientos como Slow Food –surgido en Italia- a fin de
propugnar la educación del gusto, incentivar la alimentación orgánica y
comunitaria, y desmarcarse de los paladares de la fast food y las cadenas de comida rápida. El proyecto de la
Universidad Popular del Gusto, en cierta forma, apéndice de las Universidades
Populares, viene a darle una forma concreta al impulso inicial a partir de la
relevancia del posicionamiento de Onfray a partir de la publicación de su
primer libro –El vientre de los filósofos,
1989-, luego expandido y en gran medida sofisticado a un mayor nivel en
términos de filosofía de la gastronomía con La
razón del gourmet (1995).
Ahora bien, el desarrollo y la
vigencia de la Universidad Popular también reclama para sí la tradición, tal
como es enunciado por el propio Onfray en su texto Política del rebelde, al proyecto de mayo del 68, dentro del cual
se encontraban espacios como la Universidad de Vincennes –suerte de anti Sorbonne-
y en la cual dictaban sus clases Michel Foucault y Gilles Deleuze. En este
sentido, Michel Onfray remarca que en la enseñanza
y la forma de hacer filosofía habría dos figuras insignes y modélicas en
relación al poder: una, que parte de Platón y la otra que se inicia en Diógenes.
En la primera, el filósofo se coloca en
el centro de las aristas del poder estatal, el filósofo-rey o el filósofo
“orgánico". En la segunda, el filósofo es aquel que le pide
"Alejandro que se corra para que no le tape el sol": libre, autónomo
y francotirador. Este segundo reclama un lugar dónde filósofo es quien vive de
acuerdo a sus principios, no un mero exégeta. Alguien que, simplemente, vive
como piensa. Una estética de la existencia.
El proyecto filosófico de Michel Onfray, con 53 años y más de cincuenta
libros publicados, sigue focalizado hacia un territorio claro, y que ha
consolidado con la reciente publicación en febrero de este año con la biografía
filosófica de Albert Camus, titulada El
orden libertario. El filósofo y escritor argelino parece ser una alma
gemela y que Onfray toma de referencia central en sus desarrollos: origen
pobre, por fuera del academicismo, populares y aristocráticos a la vez, dandis
rapaces y cultores del buen vivir por igual, trágicos y nietzscheanos, y
políticamente anarquistas. Camus le servirá a Onfray para lo que denomina post-anarquismo,
decir, un capitalismo libertario y hedonista, comunitario y constituido por
medio de proyectos autónomos resistentes. La Universidad Popular de Caen, así
como su apéndice gastronómico, son la consecuencia lógica de este camino
abierto hace diez años, y goza de excelente salud.
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