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"Como los antiguos epicúreos, Martínez Estrada renegaba de toda forma de acción: el intelectual debía aislarse del mundo, despreocuparse de la cosa pública, encerrarse en sí mismo para consagrar su vida a construir su propio mito. La quietud, la soledad y el desinterés por el resto de la sociedad que reinaban en el Jardín de Epicuro".
J. J. Sebreli, Martínez Estrada. Una rebelión inútil.
Me interesa hacer un recorrido por las principales ideas de la filosofía de Ezequiel Martínez Estrada. Para ello, tomaré como referencia en especial dos textos: 1) Martínez Estrada. Una rebelión inútil de Juan José Sebreli, 2) El prólogo a La Cabeza de Goliat de Christian Ferrer. Y algunas ideas de Soriasis y Nación, un brillante ensayo también de Ferrer.
1. Puede verse a Ezequiel Martínez Estrada como un Sarmiento del siglo XX -así se quiso pensar él. O como el reverso del pensamiento de Eduardo Mallea -un optimista naif. O bien con el cristal del rescate presente y equidistante por diferentes corrientes: desde el neopopulismo de Horacio González -en Restos pampeanos- al anarquismo de Christian Ferrer -que pronto publicará un libro sobre su obra. Mi lectura de Martínez Estrada se mantiene a distancia de ambos. ni populista latinoamericanista ni anarquista antiliberal. Mi óptica conserva esa fibra anárquica y libertaria, pero reivindica el carozo del pensamiento martinezestradesco: era un epicúreo y, sobre todo, un nietzscheano. Un anarquista epicúreo, así lo pienso. La influencia del pensamiento de Arthur Schopenhauer es innegable, así como de Nietzsche, del que escribió un gran libro -como en Lugones, su mentor. Una constelación de autores navegaban por el pensamiento estradiano: desde el individualismo libertario de Henry David Thoreau al pesimismo trágico de Miguel de Unamuno, pasando por Oswald Spengler o Guillermo Enrique Hudson.
2. Martínez Estrada, como todo filósofo -como Nietzsche mismo- antes que nada era un gran escritor -también autor de poesía y ficción. Estrada sacrificaba las ideas a la estética e incluso a una sintaxis caprichosa, arbitraria y lúdica. El esteticismo de su filosofía lo coloca en un estilo neobarroco dónde el doble sentido, la paradoja, la antítesis, el manierismo, el exceso o la ampulosidad grandilocuente oscilan con su exceso semántico. Anarquista en el sentido de aristócrata de espíritu -como Borges o Jünger-, de clase media/baja y anticlerical, Martínez Estrada podría haber sido tranquilamente aceptado por la derecha -que lo elogiaba- pero sin embargo esas posturas o linajes lo distancian para colocarlo en un lugar incómodo, como todo gran filósofo.
3. Ideas claves de su filosofía. 1) Lo "facúndico", esto es, civilización y barbarie no son posiciones excluyentes, sino es una paradoja simultánea de la Argentina. No es una antinomia sacrificial sino una integración en una totalidad -que es la mente y personalidad del propio Sarmiento, 2) El fatalismo telúrico es un rasgo, pero no en sentido negativo. Cierta "condena" de la cultura argentina a la ubicación geográfica y el lugar, que puede leerse como el "mal" de la pampa, 3) El resentimiento produce la repetición histórica de los oprimidos -como diría Nietzsche-, aquí se puede ver ese eterno retorno del rosismo al yrigoyenismo al peronismo, y así, 4) La "amargura metódica", como sistema para detectar invariantes históricas: siempre pensar lo peor, 5) La figura del intelectual libre y luchador -salvo su última etapa donde apoya abiertamente la revolución cubana, 6) La concepción del individualismo libertario como forma de vida del pensador.
4. Martínez Estrada pensaba de modo sísmico. Esa veta explosiva, furiosa, guerrera, va de suyo con el estilo belicoso pero lírico de su ensayística. Quizá en esa fortaleza y contundencia haya que detectar su vitalismo y amor a la vida -y en especial, a su país. Las características de su personalidad y concepción del intelectual advenían de su formación: el orgullo de autodidacta, la extrema independencia personal, la pulsión libertaria, la excentricidad -que sin embargo, no lo marginó: gozó del respeto de sus pares-, la insularidad ética, la construcción de sí mismo, cierto dandismo provinciano. Ese anarquismo moral adquiere sentido con su epicureísmo ético. En algún aspecto, podemos pensar un hedonismo martinezestradesco: austero, trágico, como todo hedonismo. Su fragilidad de salud -su neurodermatitis se revelaba como una enfermedad de origen psicosomático que drenaba en su cuerpo: un signo de todo hedonista, desde Epicuro a Nietzsche y Foucault. En este sentido, tampoco es casual sino programática su reclusión durante 30 años en un departamento de Lavalle y Alem durante su trabajo en el Correo: un jardín urbano.
5. Martínez Estada viajó a Estados Unidos y vio con relativo entusiasmo esa civilización, salvo la apología del puro mercantilismo que criticó en sintonía con el "arielismo" latino de Rodó, propio de su época. Su tardía adscripción a la revolución cubana fue coyuntural: siempre mantuvo esa figura iracunda de gran solitario. Este epicureísmo moral de Martínez Estrada puede ser leído hoy en sintonía y desde la figura de Michel Onfray -ambos viviendo en zonas lejanas a sus capitales: Caen y Bahía Blanca. El nietzscheísmo y el libertarismo de pensadores como Martínez Estrada a mediados del siglo XX y Onfray a comienzos del siglo XXI marca una continuidad. Quizá algunas figuras locales -como Hugo Mujica o J.J. Sebreli- mantengan algo de esta tradición con sus particularidades y corpus propios. Territorio fértil: esta curiosa forma de epicureísmo martinezestradesco que hago propio.
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