(New York, 1860)
"La cara de Sarmiento era un resumen de su carácter. Su espíritu esencialmente positivo, su tendencia absoluta a la acción, su concepto materialista de utilidad, su sensualismo, su panteísmo, su vivacidad, su impetuosidad colérica, dimanan visiblemente del conflicto de espíritu y materia que aquella cabeza manifestaba y ejercía una fuerte atracción sobre las mujeres, cuya devoción nunca le faltó".
Leopoldo Lugones
"Hombre de proyectos y emprendimientos; ofendiendo a sus amigos, descorazonando a sus enemigos, batallando contra todos, sin reconocer a los suyos en la refriega; ignorando la envidia, la reserva, las consideraciones, el ridículo; borrando de sus memorias las injurias; siempre excesivo, ultrajante, indomable, lleno de instinto de superioridad; un ser enorme y extraño, a veces sublime, criticado, burlado, abucheado durante su vida y que es el único argentino ilustre del cual el olvido no ha enmohecido la memoria ni opacado el nombre".
Carlos Páez de la Torre (h)
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1. El cuerpo del cuyano. Creo en lo que Nietzsche llamó la "razón corporal". Todo pensamiento viene de una vida, de un cuerpo. El cuerpo de un pensador determina su visión de mundo, su ética, erótica, política, dietética. En la Argentina hay ejemplos de sobra: la neurodermatitis de Ezequiel Martínez Estrada, el alcoholismo de Osvaldo Lamborghini, por citar dos casos de intelectuales donde el cuerpo fue ineludible como llave para su pensamiento. En este sentido, Sarmiento filósofo es Sarmiento hombre. Y no hay en este caso mayor coherencia de pensamiento con vida en consecuencia. Quién en la vida fue un intelectual liberto y liberal, un libre pensador, un free spirit, en su intimidad fue un verdadero libertino, feminista, dandi -posiblemente, producto del fuerte influjo de su madre Paula Albarracín. La descripción lugoniana podría reversarse con los rostros y los cuerpos de los caudillos -que Sarmiento destrozó-: machistas, falócratas, católicos, medievales, misóginos, nocturnos, masacradores del cuerpo, mazorqueros, odiantes y despiadados. El rostro y el cuerpo de Sarmiento revela una virilidad honda, valiente, sólida, luminosa, cultivada, pasional y noble, una virilidad sensible y dramática -que atraía profundamente a las mujeres-: ni misógina ni tosca: una hombría innegable pero compleja: sexual y sensual propia de un amante de las prácticas amatorias, un pansexual, un hedonista laico y agnóstico, un materialista de fuste que disfrutaba de sus orgías en París y rendía puntillosamente como gastos. Claramente, Sarmiento no fue lo que se dice un "family man". Sus descripciones de la vida familia en San Juan, muy lejos están de la alegría. Sarmiento padeció la vida familiar -de la cual quería escapar. Su gran amor fue Aurelia Vélez Sarsfield -hija de Dalmacio-, una joven brillante, intelectual, culta, refinada, amiga y amante y en quién se refugia en sus últimos años de exilio y ocaso en el Paraguay. Sarmiento hombre tiene cuatro perfiles necesarios de ser mencionados para reconstituirlo desde su corporalidad: 1) su origen "pobrísimo", según sus palabras. Modesto y provinciano, Sarmiento se inventó un pasado para poder insertarse en la aristocracia porteña -Recuerdos de provincia es una operación perfecta, además de un enorme texto desbordado, 2) Selfmademan, constructor de sí, pragmático, de allí sus ídolos: Franklin y Lincoln, 3) Libertino sexual y dandi urbano que descree de la vida familiar, orgiasta, y amante de mujeres libertarias, 4) Masón y laico, agnóstico y deísta pero no anticlerical, como se cree. Una mente típicamente de la modernidad, proyecto que potenció y cuya piedra angular innegociable siempre fue la libertad individual. Sarmiento es un hombre que merece más que nadie la expresión "se inventó a sí mismo". Sus referentes locales fueron hombres vigorosos y con brío: José de San Martín, el General Paz y el cura Oro, quién lo educó y le enseñó sus rudimentos de lenguas clásicas. Su combate con tinta y sable fue contra otra forma de vida, una batalla ética, en el fondo: una desgarradura contra sí mismo. Alejarse del desierto, la incomunicación y la ignorancia de los comienzos. Su gran obra y aporte al país vienen de sus necesidades: educación, comunicaciones, modernización, cosmopolitismo, puerto, institucionalización. Todo lo que no tuvo de niño.
2. Ideas del filósofo. El pensamiento sarmientino, a mi juicio, tiene cinco variables que me interesa hacer notar: 1) el par binario y ontológico civilización/barbarie, cualquiera sea su acepción, articula en gran medida todo el pensamiento local en su analítica, 2) el concepto "educar al soberano", visto más como moralización e independencia de los individuos respecto de los relatos míticos y caudillescos, en esto se verá su liberalismo más igualitarista -junto a Mitre, a diferencia de Alberdi, 3) su laicismo total, separación del culto del Estado, su agnosticismo deísta, 4) su cosmopolitismo, de allí su preferencia por ciudades portuarias -Buenos Aires, New York, Barcelona- como espacio de intercambio y multiculturalidad, a su vez que su desprecio de Córdoba, como enclave cerrado y atrasado, 5) su feminismo expresado así: "el grado de civilización puede juzgarse por la posición que ocupen las mujeres socialmente". Cabeza moderna -convive el romanticismo, la ilustración y el positivimo de modo simultáneo.
3. El liberalismo igualitarista sarmientino. Dos motores articulan el liberalismo de Sarmiento: 1) Educación pública -en particular, básica, 2) Comercio libre. El objetivo es salir del autoritarismo hispanoamericano -barbarie-. A diferencia de Alberdi que aún tiene los ojos en Europa -reconciliado con España e Italia-, el modelo de Sarmiento es claramente los Estados Unidos, tal como lo expone en Argirópolis -con una hipotética capital en la Isla Martín García y un congreso confederado contra la tiranía de Rosas. Suerte de utopía a la Tomás Moro, Argirópolis expresa ese proyecto político de una nación con el modelo norteamericano. En algún sentido y laxitud, podríamos calificar con ciertas requisitorias a la visión política de Sarmiento como una suerte de liberalismo de izquierda -cohabitan elementos conservadores y progresistas-, más pragmático que la visión algo idealista de Alberdi.
4. El hedonismo utilitarista sarmientino. Existe una teoría del deseo y el placer en Sarmiento -y coherente con su vida licenciosa y celebratoria del cuerpo. Sarmiento postula un "goce civilizado" que no es mera satisfacción de necesidades -hambre/comer, animal- sino sofisticación en términos de interés. Sarmiento vehiculizará el "exceso de vida" de nuestra barbarie constitutiva, lo pasional, desbordado e improductivo latino a través de la moralización. Pasar del cuerpo voluptuoso del caudillo -su placer personal, y nada para el pueblo "alimentado a porotos"- al cuerpo gozoso del capital -el derecho del placer democratizado. Maximizar el placer de todos los moralizados -educados- en un hedonismo muy cercano al planteo de John Stuart Mill: utilitarismo, es decir, cálculo de placeres y de displaceres o riesgos. Hacer que los primeros predominen sobre los segundos. El hedonismo de Sarmiento postula la felicidad como fin de la vida individual -al igual que la Constitución estadounidense-, para ello la escuela nos formará, y el comercio, el mercado, nos pondrá a disposición lo buscado -gastronomía, cenas, orgías, etc. La libertad no se conquista por la renuncia al goce individual -totalitarismo o populismo demagógico y vulgar-, sino al contrario, llevándolo a cabo. El "epicureísmo" de Sarmiento transforma la satisfacción en interés y lo expande a todo el plexo: del placer del caudillo y lo impropio del gozar del pueblo -siempre reducido al exceso o el hambre- al placer de todos, previa moralización, es decir, formación y culturización.
[Cf.: utilicé los siguientes textos como estimulantes y/o disparadores: 1) Barcos sobre la Pampa. Las formas de la guerra en Sarmiento de Dardo Scavino, 2) Los rostros de Sarmiento. Iconografías, de Carlos Paéz de la Torre (h), 3) Estudio preliminar de Felipe Pigna a las Cartas Quillotanas y Las ciento una, 4) Estudio preliminar de Patricia Giordana a El crimen de la guerra de Juan Bautista Alberdi, 5) Las orgías de Sarmiento en Argentina con pecado concebida. Historia sexual de los argentinos II de Federico Andahazi].
(Casa Richardson, Lima, 1865)
5. Coda.
Acá un post dónde amplío sobre la vida afectiva de Sarmiento y demás cuestiones. Acá otro post dónde pienso la relación más explícita del pensamiento argentino -Alberdi, Martínez Estrada, Borges-, y, específicamente, sarmientismo y hedonismo.
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