Tuesday, August 30, 2011

Cata de Ideas Septiembre: Thoreau


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Henry David Thoreau (Masschusetts, 1817-1862) fue un filósofo norteamericano de Boston que perteneció a la llamada escuela de Concord, junto con Ralph Waldo Emerson, su mentor. Thoreau fue un gran lector de los Ensayos de Montaigne, lo que lo ayudó a desarrollar un pensamiento lírico y humano. Su filosofía expresaba un individualismo libertario radical para la época: estaba contra la esclavitud, contra los impuestos, fue un defensor de las minorías indias, del derecho al ocio y el placer, potenció la conciencia ambientalista y la filosofía como forma de vida.

En 1845 se fue a vivir al bosque de Walden Pond en completa soledad, experiencia que testimonió en una de sus obras mayores: Walden o la vida en los bosques. La repercusión de ese texto más otros como Desobediencia civil, harán que el pensamiento de Thoreau impacte con fuerte influencia en Nietzsche y en los escritores beatniks (Kerouac, Ginsberg, Burroughs) de los años 50 y de la contracultura de California.

Las ideas de Thoreau apuntaban a dar cuenta de las verdaderas cosas que precisamos para vivir. Algo que expresaba como: “ser rico disminuyendo las necesidades”. La filosofía de Thoreau, también llamada “trascendentalismo” se reducía a la expresión de “una vida sin principios o fundamentos”. Una vida donde lo particular y singular de cada existencia era prioritario e innegociable por sobre lo universal y la norma. De allí su anarquismo conceptual. Henry Miller lo definió como unos de los más grandes hombres de Estados Unidos: “un aristócrata del espíritu”.

La filosofía de Thoreau nos ayudará a plantearnos, como él mismo lo hizo en su reclusión ermitaña voluntaria, cuáles son aquellas cosas que nos generan ansiedad al no cumplir las expectativas que se nos proyectan desde el mundo. Thoreau ayuda a redefinir los conceptos de éxito y fracaso, y a solucionar, en gran medida, el problema de la ansiedad por el estatus: uno de los mayores males de la sociedad contemporánea. El fin: vivir la propia vida bajo nuestra medida de éxito y fracaso.

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Wednesday, August 24, 2011

Pensar en las O: Hedonismo muscular (XVII)

(Aira piensa el gym)

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1. Placer y poder. Tenemos un hedonismo plebeyo y un dandismo lumpen, pero también una versión queer del hedonismo. En mi libro Furia & Clase abro citando una frase de Michel Foucault que dice: "El placer irradia sobre el poder que lo persigue". Esta correlación de términos -placer y poder- es la matriz del hedonismo argentino. El hedonismo es, efectivamente, colocar el placer como finalidad vital, pero nada escapa del poder -si seguimos la búsqueda filosófica de Nietzsche y el propio Foucault que lee el poder como principio de lo real. El poder, como sabemos, no reprime sino produce y normaliza: clasifica las prácticas hedonistas -sexuales o gastronómicas- en términos de "normalidad" o "anormalidad". Claro: "el placer irradia sobre el poder que lo genera". La política y la violencia, que están a la base del poder, producen el placer. El hedonismo argentino pone en evidencia esa correlación entre placer/poder. El placer tiene lugar allí dónde la ley o la norma se suspende. Es en los espacios cerrados, aislados de la norma, en las orillas, en el arrabal, donde acontece este hedonismo local. Si el poder produce y normaliza las relaciones del cuerpo, y las clasifica, en el marco local, la sodomía internaliza la relación de amo/esclavo, en activos/pasivos, y el lumpenaje erotiza lo bajo, lo vulgar, la clase inferior, de allí las zonas rojas o zonas de contacto sexual siempre lindante con la oscuridad, lo ilegal, lo forestal, lo lejano y lo híbrido.

2. Hedonismo Queer. Para Paolo Zanotti la identidad -sea gay o no- no se reduce al acto sexual, sino a una cultura y un estilo de vida: una ética. El aristocratismo o el elitismo de la cultura homosexual adviene de la jerarquía sexual -la internalización del poder que lo origina. El gay como la mujer, no tiene un cuerpo, "es" un cuerpo. Al ser un cuerpo no normativo es observado. En ese sentido, el homosexual es -y se identifica con ella- como la puta: ambos comparten ser representados como obsesos del sexo: ninfómanas. El "fuera de norma" es marcado como una vida que hace del homosexual un "ser superior" con alta dosis de intelectualidad y una búsqueda para reconstruir su pasado perdido. Nunca burgués, jamás viril, la identidad homosexual, señala Zanotti, hace de los extremos un culto de significación: los homosexuales son parias o aristócratas, criminales o cultores de la estética y el ocio, marginales o híperintelectuales, hiperfemeninos -locas o travestis- o hípermasculinos -reinas musculadas-, degradantes o ennoblecedores. El dandismo que abre la configuración de la identidad homosexual en la modernidad como gesto de diferencia pasa luego, en el siglo XX, a la figura del autocontrol -el gimnasio, el masculinismo: Madonna.

3. Músculo y placer. Foucault hace de la producción de un nuevo placer la clave: es el potencial creativo de la praxis hedonista en diferentes prácticas -sadomasoquismo, fist fucking, fetichismo y bodybuilding. Distanciado de las filosofías del deseo de Deleuze y Lyotard, el Foucault final se revela como un filósofo hedonista -le otorga al placer una legitimidad conceptual desde la Antigüedad grecorromana y publica El uso de los placeres. El placer para Foucault es un acontecimiento que se produce de tres formas: fuera del sujeto, en el límite del sujeto o entre dos sujetos. El placer, a diferencia del deseo, hace estallar la identidad o la reconfigura. El placer, como el poder, pasa de un individuo a otro. En este orden, David Halperin lee la práctica del bodybuilding -la musculación en el gimnasio- como una verdadera ascesis homosexual, una tecnología de sí y hasta un ejercicio espiritual del siglo XX. El bodybuilding no es un deporte, es un "modo de vida" que implica un régimen, una rutina, horas de sueño, amistades, hábitos: un verdadero arte de la existencia. El músculo hedonista es el deseo inscripto en el cuerpo. Un músculo no producto del trabajo sino que erotiza, y hace visible el cuerpo propio como objeto de deseo.

4. César Aira. En la tradición argentina la representación del gimnasio sólo la encontramos en una novela de César Aira titulada La guerra de los gimnasios (1992). En el comienzo del menemismo Aira reflexiona sobre las promisorias cadenas de gimnasios -Megalton, Spot Club son dos ellas- que explotarían hacia fines de la década del 90. Ahora bien, la novela de Aira se hace una pregunta muy sencilla: ¿por qué se va al gimnasio? El protagonista, Ferdie Calvino, lo dice claramente: "para que su cuerpo sea deseado por las mujeres y temido por los hombres". Por lo tanto, no se va por la salud, nadie, en rigor, va al gimnasio por salud. Miedo y deseo son dos conceptos que apuntalan la finalidad del "ir al gimnasio". El gimnasio mismo es un territorio extraño. Los dos gimnasios de Flores en pugna -el de Chin Fú y el de Hokkama- son espacios cerrados donde circulan drogas particulares. Ferdie es un individuo sin experiencia sexual o con poca. Por lo tanto, el gimnasio está atravesado por dos ideas: 1) el deseo sexual aún difuso o no identificado, 2) el miedo, que conlleva a la violencia (la guerra que se alude en el título), y el poder. Esta relación entre deseo y miedo no es sino otra versión del vínculo entre placer y violencia que articula la matriz del hedonismo argentino.

5. Músculos de Flores. ¿Hasta que punto se genera "deseo en las mujeres" por ir al gimnasio? El hombre, en verdad, es una caricatura que tiene virilidad por exceso. El especímen de gimnasio, dice uno de los físicoculturistas de Aira, está absorto en sus cosas buscando amor como una "niña". Por lo tanto, el hombre de gimnasio es una fémina en potencia. ¿Cuál es la función del gimnasio? No es crear seres perfectos, sino seres capaces de ocultarse y hacer funcionar una especie de naturaleza. Las drogas que toman los físicoculturistas de Aira son estrógenos -hormonas femeninas- a fin de poner en guerra las hormonas masculinas con las femeninas. La guerra de los gimnasios es la guerra de las hormonas y de los sexos. Pero no hay, en verdad, guerra de los sexos, sino transformación de sexos. Podríamos reformular la pregunta inicial del hedonismo muscular de Flores que pinta Aira: ¿para qué se va al gimnasio? Para transformarse en "mujer".

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Sunday, August 21, 2011

Testamento de un hombre libre


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En el Suplemento Cultural del Diario Perfil publiqué un artículo sobre Hitch - 22, las memorias recientes de Christopher Hitchens.

Aquí pueden leerlo.

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Saturday, August 20, 2011

Pensar en las O: Lumpenaje Dandi (XVI)

(Moria, vedettedismo lumpen)
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1. Lumpen. Haciendo foco en el capítulo titulado "Lumpen" de Buenos Aires, vida cotidiana y alienación de Juan José Sebreli (1964) podemos disparar varias reflexiones en torno al hedonismo y el dandismo local -nódulo central de mi pensamiento. Es claro: para Sebreli el lumpenaje nace de la flanerie -de la suya particular-, esto es, del divagar y recorrer la ciudad de Buenos Aires de modo azaroso -en sintonía con el ritual benjaminiano. El pensador focaliza en ciertos espacios -las estaciones-, como Constitución, Retiro, pero también el sur de la ciudad, Dock Sud, y el sur del Gran Buenos Aires (de Avellaneda a Lanús) como territorios llamativos donde su recorrida se detiene. Muy lúcido el señalamiento de Sebreli "del romanticismo del mal" que fascinaba a todos los escritores de clase media -Borges, Arlt y él mismo, claro- en relación al lumpenaje y los personajes que por ellí se posaban: putas, vagabundos, homosexuales, travestis, delincuentes. Esa fascinación, marca Sebreli, provenía de una reacción: el escape de la norma, de la rutina y del convencionalismo familiarista de la clase media. El agobio, el tedio y el sufrimiento producto de la represión, la normalización y el encorsetamiento del deseo por parte de las instituciones reguladoras, originaba esa flanerie lumpen. El lumpen, de acuerdo al pensamiento sebreliano, es la ambigüedad, la zona donde la ciudad se pierde y se desdibuja con el campo, por ello es la orilla, el arrabal, la frontera, la hibridación y la mezcla que propicia la aparición de personajes del límite: desclasados, inmigrantes fracasados del exterior y el interior.

2. Dandi. El habitante de estas zonas ambiguas -el lumpen- aceptaba la sumisión al sistema de valores imperantes y no era un simple rebelde. Era el chivo expiatorio del mal por parte de la oligarquía del siglo XIX y del siglo XX. Figuras como el atorrante, el compadre, el guapo, el malandra o el malevo son los protagonistas de la primera mitad del siglo XX del lumpen. Al mismo tiempo que los rufianes, putas, travestis, alcohólicos, delincuentes, chongos y faloperos. ¿De qué manera es viable pensar un dandismo naciente en este marco de lumpenaje? Por lo pronto, todo real dandismo vino del barro, de la clase obrera, de los suburbios. La fascinación por el "mal" o el satanismo del que hablaba Baudelaire es muy propio de ello. La diferencia es que el dandismo en Argentina fue coptado por las clases acomodadas y conservadoras en el siglo XIX. Esa coptación lo ridiculizó como mera afectación y estilo de vestimenta, y lo ciñó a valores oligarcas y clasistas. Es el propio Sebreli, junto a Oscar Masotta y Carlos Correas -la tríada existencialista de los 60's- quienes piensan el dandismo y el esteticismo desde el lumpen que les fascinaba como buenos hijos de clase media que eran. Un dandi lumpen es la única expresión propia de la Argentina: un dandismo que es autoconciencia de la escultura de sí -de lo que el lumpen básico carece- a la vez que la ambigüedad, lo plebeyo y lo proletario del lumpenaje del sur.

3. Vedette. Ya en Las flores del mal de Charles Baudelaire se marca la obsesión del dandi en la bohemia parisina por estos personajes decadentistas. El artificio, el cigarro, el coleccionismo, la barba en punta y el satanismo son expresiones simbólicas de ellas -la femme fatale, la diva, la vedette, el marginal, el travesti-: espacios bajos donde el dandismo argentino da cuenta de su consistente realidad: es lumpen o no es. Esa zona irregular propia del dandismo periférico es neobarroca o no es. Su estética será barroca por su voluptuosidad, su erótica sádica, su dietética caníbal y omnívora, su política anarcoide. La ética del lumpen nos da las herramientas para el real desarrollo de un hedonismo plebeyo.

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Tuesday, August 16, 2011

Este jueves: Cata de Ideas


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La filosofía de Michel de Montaigne (1533-1592) se basa en la escritura jovial, alegre, honda y con sentido del humor de los Ensayos, obra monumental y fundadora del género que le da nombre, durante veinte años consecutivos –de 1572 a 1592. Obra –y filosofía, por ende- cuyo disparador fue la caída del autor de un caballo que lo puso al borde la muerte y la conciencia de su finitud.

Lejos de lo que suele pensarse, en el ejercicio de su obra –el yo como protagonista- no hay egoísmo ni narcisismo, sino la justa apreciación del individuo. El proyecto montaigneano es un autorretrato filosófico donde, por primera vez, el cuerpo y la vida de un filósofo aparece en su singularidad, por fuera de toda idealidad o ausencia. Al modo de un autoanálisis, como las Meditaciones de Marco Aurelio, los Ensayos de Montaigne parten de una pregunta: ¿quién soy? A partir de allí, ideas como “empleo del mundo” o “hápax existencial” –ocurrencia única- desarrollan una filosofía trágica y hedonista que se plantean como un verdadero arte de vivir –retomando el legado en el Renacimiento de los pensamientos de Epicuro, Lucrecio, Cicerón, Plutarco, Horacio, Jenofonte, Séneca o Epícteto y apoyado en dos cuestiones evidentes: 1) el autoconocimiento, 2) la conciencia de las limitaciones de nuestras aptitudes.

Por ello, la filosofía de Montaigne es un pensamiento de la reconciliación y la aceptación de nuestros límites, en un punto, de nuestras incompetencias –culturales, intelectuales, afectivas o sexuales. El autoconocimiento es, precisamente, el dar cuenta de nuestras limitaciones. Pero no como resignación sino como antídoto contra el autodesprecio y la guerra personal. Las descripciones de Montaigne de sus ineptitudes sexuales, alimenticias o sociales en su discurrir vital de manera cruda con un lenguaje íntimo pero no sensacionalista, se apoya en la sabiduría de la aceptación. Montaigne nos propone que cada uno haga un retrato de sí mismo, siendo conscientes, a partir de nuestras carencias, de lo que verdaderamente conocemos para enfocarnos hacia ello y con la finalidad de vivir mejor

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Monday, August 15, 2011

En Sept: Filosofía del Vino y la Gastronomía


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Idea:

Dice el filósofo alemán Friedrich Nietzsche: “La vida del cuerpo es fundamental para el espíritu, es tarea de la filosofía reflexionar sobre la nutrición”. Y efectivamente, la tradición filosófica ha pensado los vinos, la gastronomía y el placer en general. Aquí veremos desde las reflexiones sobre la dietética y el régimen como un arte de vivir en los filósofos griegos y romanos –Platón, Aristóteles, Epicuro, Hipócrates- a los pensadores modernos que han fundado la crítica gastronómica como Grimod de la Reyniere y J.A. Brillat Savarin. A partir de ahí, el pensamiento de Kant y Hume sobre el gusto, o lo que ha dicho Nietzsche sobre la alimentación y las diferentes culinarias. Esta tradición de “filosofía del vino y la gastronomía” es algo que el filósofo hedonista Michel Onfray en los últimos años sistematizará en dos libros fundamentales: El vientre de los filósofos y La razón del gourmet. El gusto y el olfato, señala Onfray, son las “cenicientas” de los cinco sentidos, pero adquieren su dignidad y necesitan ser pensados a partir de la enología y la gastronomía.

Por ello, aquí tomaremos el vino y la gastronomía como objetos de reflexión filosófica a partir de tres grandes esferas: 1) desde la estética y el juicio de gusto en Kant, Hume, Brillat Savarin, Barry C. Smith y McGee, 2) desde la ética y la política en Grimod de la Reyniere, Nietzsche, Foucault, Onfray y el Conde de Sert, 3) desde el hedonismo contemporáneo y el marketing gourmet en Lipovetsky, Bourdain y Steinberger. En este aspecto, nos aproximaremos a la cultura gourmet de nuestros tiempos, intentando darle al mundo del vino y la gastronomía una mirada innovadora, lúcida y ajena a las convencionales maneras de pensar para hacerlo desde lo cultural y filosófico.

Programa:

Clase 1. Pensar el vino y la gastronomía desde la cultura.

• Michel Onfray, “La lección del Petrus”, El deseo de ser un volcán. Diario hedonista. Perfil, Buenos Aires, 1999.
• Javier Pérez Escohotado, “El vino entre judíos, moros y cristianos en la España medieval”, Crítica de la razón gastronómica. Global Rhythm Press, Barcelona, 2000.
• Francesca Rigotti, “Cap.I – Saber y sabor” / “Cap. 6 – El apetito de los filósofos”, Filosofía en la cocina. Pequeña crítica de la razón culinaria. Herder, Barcelona, 2001.
• Tim Unwin, “Temas de la geografía histórica de la viticultura”, El vino y la viña, Tusquets, Barcelona, 2011
• Matías Bruera, “Fisiología gourmet o el sortilegio burgués de las formas / Sarmiento, la fermentación del país y la conservación”, La Argentina fermentada. Vino, alimentación y cultura, Paidós, Buenos Aires, 2006.

Clase 2. El vino y la gastronomía desde la estética.
• Immanuel Kant, “El juicio de gusto es estético”, Crítica del Juicio, Losada, Buenos Aires, 1993.
• David Hume, “Sobre el origen de las ideas”, Investigación sobre el conocimiento humano, Alianza, Madrid, 1997.
• J.A. Brillat-Savarin, “Meditación I: De los sentidos” / “II: Del gusto” / “III y XI: De la gastronomía / “IX: De las bebidas”, Fisiología del gusto. Meditaciones sobre gastronomía trascendente, Editorial Óptima, Barcelona, 2001.
• Michel Onfray, “ IV. El útero, la trufa y el filósofo. Epitafio para Brillat Savarin”, La razón del gourmet, De la Flor, Buenos Aires, 1999.
• Barry C. Smith (ed.), “The philosophy of Wine” / “The objectivity of tastes and tasting” Questions of Taste. The philosophy of Wine, Oxford Press, New York, 2007.
• Matías Bruera, “La modernidad y sus paraísos artificiales”, Meditaciones sobre el gusto. Vino, alimentación y cultura, Paidós, Buenos Aires, 2005.
• Harold McGee, “Cap. 13. Vino, cervezas y chocolates destilados”, La cocina y los alimentos, Debate, Barcelona, 2007.

Clase 3. El vino y la gastrononía desde la ética.
• B. A. Grimod de la Reyniere, “Sobre el saber vivir” / “Del vino, de la cerveza, sobre la sidra, de los licores, del café”, Manual de Anfitriones y Guía de Golosos, Tusquets, Barcelona, 1998.
• Friedrich Nietzsche, “Por qué yo soy tan inteligente”, Ecce Homo, Alianza, Madrid, 1998.
• Michel Foucault, “Cap II: Dietética” El uso de los placeres, Historia de la sexualidad, tomo II, Siglo XXI, México DF, 1993.
• Michel Onfray, “La Gaya ciencia alimentaria” / “Nietzsche o las salchichas del Anticristo”, El vientre de los filósofos. Crítica de la razón dietética. Perfil, Buenos Aires, 1999.
• Michel Onfray, “I. Pequeña Teoría de las búrbujas. Epitafio para Dom Perignon” / “II. Cortesía del gourmet y escena gastronómica. Epitafio para Grimod”, La razón del gourmet, De la Flor, Buenos Aires, 1999.
• Conde de Sert, “El siglo de Oro”, El goloso. Una historia europea de la buena mesa, Anaya, Madrid, 2007.

Clase 4. El vino y la gastronomía desde el marketing gourmet.
• Gilles Lipovetsky, “IV. Modernismo y posmodernismo. Consumo y hedonismo: hacia la sociedad posmoderna”, La era del vacío, Anagrama, Barcelona, 1986.
• Anthony Bourdain, “Salado”, Sucios bocados, Del Nuevo Extremo, Buenos Aires, 2007.
• Michael Steinberger, “Aux armes, cuisiniers” / “Sin vino, sería un desierto”, Au Revoir. Vino, comida y el final de Francia, Tendencias, Barcelona, 2010.

Aquí más info.

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Duración: 4 clases

Saturday, August 13, 2011

Pensar en las O: Hedonismo no gourmet (XV)

(Mallmann, cocina y piensa en el sur)



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Me interesa analizar algunas ideas del excelente libro de Matías Bruera titulado La Argentina fermentada. Vino, alimentación y cultura (2006). Un gran aporte al pensamiento argentino del hedonismo y la gastronomía. Ahora bien, la óptica de Bruera es diferente a la mía -es sociólogo, por lo tanto sus valoraciones y categorías siempre se miden en términos de distinción, muy a lo Bourdieu y tienen un prisma de análisis marxista de clases-, pero creo que es un disparador muy estimulante para seguir reflexionando en este sentido y en particular con respecto del lugar del placer en el marco del pensamiento argentino.

1. Bruera da cuenta de tres espacios de pensamiento: 1) lo que llama soliloquios diet-éticos y la fisiología gourmet en el marco de la Argentina post 2001, cuando explota lo gourmet local, a raíz del lanzamiento del Canal El Gourmet.com, publicaciones como JOY, la apertura de las escuelas de gastronomía y sommelier -por donde pasé-, 2) el corpus vinícola y alimenticio local, rastreando pensamientos de Sarmiento, Mansilla, Martínez Estrada y Langer al respecto, 3) lo que denomina ficciones argentinas a partir del alfonsinismo, el menemismo, la Alianza y el protokirchnerismo de ese momento.

2. Bruera marca lo impúdico y sugerente que la eclosión de lo gourmet y su artificio se origina en la Argentina post crisis del 2001, en un marco de hambre generalizada, con una línea de pobreza de casi la mitad del país. El hambre es el disparador y el gusto es la idea en la que se basa la libre elección que anula la necesidad. La abundancia y la miseria de modo simultáneo. El mito gourmet surge en el 2001/2002, y es algo propio de la desmesura rioplatense, pero que viene de larga data: los guaraníes se comieron a Solís: somos carnívoros y antropófagos. Lo sustancial es que el discurso en torno al "saber" comer y beber se da como algo sustantivo en la década del 2000. Si existe algo clave de los 90's es que se elimina el pudor para hablar del mundo gourmet -con la instalación de restaurantes sofisticados y de un discurso de "conocimiento" publicitado por los nuevos medios especializados.

3. Los pensadores argentinos han cultivado de modo eximio el ensayo a lo Montaigne: el yo del autor se identifica con el "objeto" de reflexión: el caso del propio Sarmiento con Facundo, que al cuyano le fascina y lo abomina de modo simultáneo. Los caracteres y temperamentos de nuestos pensadores modelan el pensmiento local. Y nuestro pensamiento opera por representación y personajes conceptuales -Facundo, Rosas, Perón, Kirchner. Así como el ensayo emula a su objeto, los menues porteños ponen en escena estómagos políglotas e internacionales y ocultan lo telúrico en el hogar (empanadas, puchero, milanesas, locro, asado, ñoquis, etc). Sarmiento mismo cita la frase de Brillat Savarin "dime lo que comes y te diré quién erés" en un discurso que da en Chivilcoy. Ahora bien, uno de los rasgos centrales del pensamiento argentino es el ser rerpesentativo -Sarmiento nació para ser sentido, no entendido-: la imposibilidad de enfrentar nuestra propia realidad nos lleva a elaborar ficciones con valores circunstanciales: el alfonsinismo es la democracia, el menemismo es el primer mundo, la Alianza es la transparencia, el kirchnerismo habrá que esperar a su cierre de ciclo para el balance. El principal problema del pensamiento argentino es que no resolvimos completamente el complejo de Edipo con Europa. En tanto no matemos a papá, no dejaremos de forjar ficciones. Uno de los rasgos claves de nuestra filosofía, del logos de la pampa, de la razón rioplatense, es el pensar sin abstracción o fundamentos -sin principios-, por ello nuestro pensamiento y el estilo de escritura de la filosofía argentina es literaria y representativa: el Facundo de Sarmiento, matriz de la filosofía local, marca esa tipología que se mantiene en todos los grandes pensadores argentinos.

4. Ahora bien, el sibaritismo -refinamiento de los sentidos- se da a la vez que el hambre -la miseria, los desperdicios. Para Bruera el placer del gusto oculta el hambre. Yo no coincido. Lo políticamente incorrecto del pensamiento hedonista en la Argentina adviene de una interrogación bienpensante: ¿y el hambre? A mi criterio hay una falacia, un desconocimiento y una discriminación involuntaria allí. El hedonismo no es consumo, ni distinción -eso será materia de los sociólogos-, ni frivolidad, ni snobismo, ni mucho menos ocultación del hambre -más bien lo contrario. Si bien el discurso en torno lo gourmet emerge post 2001 -entendido como marketing del gusto- mi hipótesis es la contraria: el hedonismo, es decir, el colocar el placer de vivir en el centro es un derecho de todos y no de unos pocos, y creo que eso es lo que se comenzó a ver y reivindicar en medio de la crisis y del horror. Por ello, el hedonismo fue una forma de resistencia. Muy lejos de la frivolidad o la ostentasión, una filosofía en torno a la gastronomía y el erotismo -dos polos del hedonismo- no se ciñe a una clase -como fue en el siglo XIX y parte del siglo XX. Nadie habla de banquetes ni grandes sofisticaciones, sino de la gastronomía o la sexualdiad diaria. La vulgata del hedonismo ha confundido este término con el lujo cuando es su antítesis -basta leer a los filósofos centrales para verificarlo: desde Epicuro a Montaigne y Onfray. Una ética hedonista es una moral de la autonomía y la libertad que coloca al comer y la sexualidad en un plano de cultura y no de necesidad. Un vino de $ 15, una comida en casa de amigos, un asado, unas empanadas caseras o el gozar de la vida sexual con libertad y creatividad nada tienen que ver con distinciones ni marcaciones de clase, sino con un derecho que todos debemos ejercer con plenitud a modo de afirmar nuestra libertad.

5. Bruera lee el fenómeno de la gourmandise -el llama el "mito gourmet"- desde lo simbólico y lo sociologiza, mi aproximación es desde lo conceptual y el arte de vivir en el marco de un hedonismo argentino, con sus características, que ya están visibles desde El matadero de Echeverría: nuestros atributos en materia de prácticas gastronómicas y sexuales. Desde luego que la distinción existe, pero poner el foco allí, oculta lo central del ejercicio del placer. El derecho al placer fue coptado por un segmento en la Argentina y eso debe cambiar. Todos tenemos derecho de gozar como forma de ejercitar nuestra autonomía. Por ello, hablo de un hedonismo plebeyo -desde el pueblo, de todos- y un dandismo lumpen -una escultura de uno mismo, como emergente de los sectores bajos y orilleros. Yo mismo lo soy. Ese es mi lugar, nada tengo que ver con otros estamentos. Si se me permite la expresión: "peronizar el hedonismo". Leer el placer en el marco de la distinción es dejarlo solo como patrimonio de una clase y acentuar aún más la diferencia; yo propongo colocar el placer como derecho para todos, y pulir nuestra individualidad. El goce del presente nada tiene que ver con el consumo. Después de todo Epicuro sólo quería un pedazo de queso y el diálogo con sus amigos.

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Friday, August 12, 2011

Entrevista a Jake Arnott, para Ñ


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Tuve la oportunidad de entrevistar a Jake Arnott, a mi juicio, uno de los mejores escritores británicos y responsable de la actualización del dandismo en clave contemporánea.

Aquí
pueden leer la entrevista, y sumo este pequeño comentario que no está on-line sobre como creo que Arnott reconvierte la tradición del dandismo.

La actualización del dandy

Una clave para comprender la figura y la tradición del dandismo es su crítica a la norma y el carácter anti-burgués. El dandy es intelectual y aristocrático, es una obra de arte viva, un outsider, un solitario. Ninguno fue noble: son uproots, como decía Oscar Wilde, de la clase obrera, y muchos murieron pobres. Su espacio es la frontera, el límite, el filo, y la urbanidad desplegada. Sin embargo, el dandy estudia la norma social para jugar con ella, para tergiversarla, tal como bien lo señala Jake Arnott en relación a la subversión de lo masculino y su poder. Lejos de oponerse de modo inoperante o inocente, está dentro y fuera a la vez. Por eso muchos son criminales, y de los mejores, de guante blanco –y ensangrentado, pero siempre caen parados.

El dandy es, según define Baudelaire, una figura heroica que resiste al proceso de uniformidad propio del capitalismo burgués. Un individuo versus la masa. Es alguien que construye su "yo" desde la apariencia y exterioridad -ropa, prácticas, actitud, gestualidad, discurso- como forma de distinción. Una singularidad que resiste atómicamente la universalidad -de la democracia. En el fondo, una figura crítica a los valores de la familia, el dinero y la producción: un elogio del ocio, el placer y el libertinismo. La estética como único fin.

El dandy es una "mujer". O mejor: la androginia como una forma de cuestionamiento desde el artificio. El cruce. No hay en todo dandy heterosexismo puro, pero tampoco homosexismo puro. La seducción en el dandy es más una búsqueda del efecto estético, que una finalidad de conquista. El dandy es un esteta: apegado al sexo femenino busca más la belleza que el amor. La crítica básica del dandy es hacia el "dispositivo" masculino clásico: viril, productor, machista, reproductor, misógino, y una de las formas es desactivando ese rol y tornándose femenino. Su antecedente es el libertino del siglo XVII, no es el Werther de Goethe sino el mito de Don Juan -de Tirso de Molina a Byron. Tanto el dandy como el libertino viven un erotismo fetichista –Baudelaire lo era y lo manifestaba. Ahora bien, la androginia del dandy no es sinónimo de homosexualidad, de cuya condición tuvo grandes representantes -Wilde, Proust, Cocteau, Montesquiou o Warhol- pero así también como también magníficos exponentes heterosexuales -Brummell, Byron, Baudelaire, Duchamp, Cravan , Bowie y Horsley. En todo caso, la androginia del dandismo pasa por la "naturaleza" bisexual; de ahí lo criterioso y lógico del propio Arnott que marca su adscripción a ese rótulo.

Así como la tradición de la femme fatale es central en el dandismo -desde la Salomé de Wilde o las diabólicas de Barbey D'Aurevilly-, lo mismo es cierta afectación propia del discurso camp. En ello, Crímenes de película sienta un precedente más que interesante: su segundo capítulo se llama Clásicos Camp. Podemos ver allí un principio actualizado y cuyo vigor recién estamos comenzando a percibir en este siglo, donde la apariencia, lejos de ser superflua, es condición de posibilidad.

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Wednesday, August 10, 2011

Pensar en las O: Hedonismo y violencia (XIV)

(Echeverría)

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De Martínez Estrada a Sebreli. Dice Juan José Sebreli en su libro Martínez Estrada, una rebelión inútil (1960), que el pensamiento del ensayista de Bahía Blanca estaba atravesado por tres características: 1) un fatalismo telúrico, producto del pesimismo irracionalista y la influencia de Nietzsche, Unamuno y Lugones, 2) el concepto de eterno retorno, de la historia cíclica nietzscheana, 3) el resentimiento histórico. El propio Sebreli es quien clausura con su libro el pensamiento de Estrada y sus émulos o discípulos -Mallea, Murena, por caso-. Sebreli abre con Buenos Aires. Vida cotidiana y alienación (1964) un análísis más propio de su época: marxista y materialista. El modelo del pensamiento sebreliano es el del intelectual libre -ni académico ni intuitivo-, por eso fue atacado por Eliseo Verón y H.A. Murena desde ambos bandos. El modelo es Sartre: un intelectual outsider, fuera de lo partidario y el Estado. Y la forma de la obra proviene del ensayo sin especialismo academicista, que apela a lo mejor del género -Montaigne, sobre todo- y hace hincapié en aquellas características que Estrada -por su intuicionismo biologicista o determinista- no veía: el modelo del flaneur en Buenos Aires -que Sebreli toma de Benjamin y Baudelaire-, el lumpenaje, es decir, la fascinación por el "mal" de los bajos fondos. Algo que todos los intelectuales de las clases medias -Borges y Arlt, son ejemplares- veían en lo plebeyo, lo bajo, lo vulgar, incluso lo violento. Pero la Buenos Aires de Sebreli se mide por la dialéctica de clases: burguesía, clase media, lumpen, trabajadores y por último, el mito de Gardel. Y entronca en la gran tradición del pensamiento argentino que abre con Sarmiento y que él mismo retoma en Martínez Estrada, el segundo gran eslabón ya en el siglo XX.

Placer y populismo. El lumpen rebelde es el chivo expiatorio del mal. La parte maldita. Lumpen no es clase baja necesariamente. Lumpen es lo híbrido; técnicamente, es la zona en que la ciudad empieza a ceder al campo, es el conurbano bonaerense, el arrabal -en Borges era Barracas, en Arlt era Lanús. El lumpenaje es el suburbio. El teatro. El dandismo que planteo es un dispositivo de crítica y diferencia del lumpenaje puro pero que, a la vez, va contra el dandi aristócrata, conservador y oligarca del siglo XIX. Es un hedonismo que viene del barro. En la literatura lo representa Arlt, Lamborghini, Copi y Puig. Este placer que viene del lumpenaje implica pensar las claves de la literatura argentina desde su nacimiento: la política y la violencia. El hedonismo plebeyo propio del dandismo lumpen nace del peronismo pero no es peronista. Es popular pero no populista. Nace con la violencia y la transgresión -del caudillo que no permite el goce del dominado- pero no es caudillista. El placer populista no existe, pero tampoco el placer es exclusivo de las clases acomodadas, tal como el que describe Pilar de Lusarreta en Cinco dandys porteños. Ni uno ni lo otro. El placer popular, el hedonismo plebeyo, plantea un placer que surje el pueblo, del arrabal, del lumpen, y se desmarca y afirma su derecho al gozo sin tutela. Por eso se vive como transgresión. Quitarle el patrimonio del hedonismo a la clase alta y conservadora y otorganos a todos un derecho al placer. El placer deviene subversivo porque cuestiona el derecho para unos a la vez que desafía y transgrede al caudillo que "nos protege" y nos impide gozar y pensar en libertad.

Verga y puñal. Los colores rojizos abren El matadero de Esteban Echeverría. La sangre y la lucha, la violencia, el físico, el cuerpo a cuerpo están en las primeras páginas de la tradición literaria argentina. Pero también el comienzo da cuenta de la abstinencia de carne -la cuaresma-. La escasez de carne es el disparador para buscarla. La "guerra intestina entre estómagos" pone en escena una forma de la gastronomía local: el placer de comer va la de mano con la lucha. Los huevos del toro y los pedos del pueblo, alimentado a porotos y pescado, sin carne. Necesitamos la carne de vaca con desesperación y abuso: somos carnívoros. En el plano de la sexualidad Echeverría declara: "a nalga pelada denle verga", en torno a la violación del unitario por parte de los federales. La sodomía y la homosexualidad están en el comienzo. Verga y puñal marcan el inicio de la literatura argentina, por lo tanto, el placer -del comer y sexual- es inescindible de la violencia. El hedonismo argentino emana de "verga y puñal". Lo fálico. Y con un fin político: la restauración (de las leyes). Este hedonismo plebeyo origina las características de un dandismo lumpen porteño. El placer que vivimos en el sur es sádico, sodomita, jerárquico, excesivo, falocéntrico, anal, neobarroco y excesivo. A sangre y leche está la marca.

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Friday, August 05, 2011

Pensar en las O: Hedonismo Groncho (XIII)

(Placer y gronchaje de Lanús)


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Hedonismo y abyección. El pensamiento argentino tiene una matriz muy clara: 1) política, 2) violencia. Luego las categorías sarmientinas que inauguran un logos de las pampas -civilización y barbarie- articulan nuestro modo de vida -arte de existencia- y visión de mundo en general. Por lo tanto, pensar el placer desde Buenos Aires implica dar cuenta de este apriori de política y violencia. Como dijimos: "el hedonismo argentino será bárbaro o no será". Las subdisiciplinas que se despliegan, van de la gastronomía y el malbec mendocino al alcoholismo y la carne pura con grasa, y del erotismo al frenesí sexual, la genitalidad, la sodomía y el fetichismo. Nuestro placer es violento. Quiénes muestran de modo impecable el placer de las orillas son cuatro narradores: Arlt, Osvaldo Lamborghini, Copi y Puig. En todos ellos, el acto placentero o sexual es vivido como transgresión, como una relación jerárquica, de clase, siempre desigual. Un placer abyecto, orillero y nocturno. Y siempre remitido al dinero. Lo transgresivo se ve en Arlt, que Oscar Masotta lee como lumpenproletariado sexual. Nuestro placer es, de manera inescindible, violento. Viene de Sade y de Bataille. El caudillismo, aunque sea interiorizado en prácticas, implica esta lógica de amos/esclavos, activos/pasivos. Como nuestro pensamiento, el hedonismo rioplatense surge de la soledad del desierto, de la barbarie, de la locura. En el pensamiento argentino, nunca el amor es igual al sexo, en Los siete locos, el relato arltiano muestra que la sexualidad de las clases bajas/medias es siempre pringosa y abyecta, diferente del placer de las clases altas conservadoras. Por ello, el hedonismo de la multitud adquiere esa vivencia transgresora: no estaría permitido. La clave será desmarcarse de ese permiso. Por lo tanto, pensar un hedonismo plebeyo y un dandismo lumpen, implica chocarse con la violencia del exceso y la transgresión, por un lado, y con la política del caudillismo, por el otro.

Furia & Clase - Barbarie & Civilización. La matriz del pensamiento argentino tiene cuatro compartimentos o fundamentos por los cuales hay que pasar sí o sí: 1) Fisonomía del país, lo cual nos lleva a pensar el territorio, la geografía, el clima, los hábitos, la psicología social, y la relación entre Buenos Aires y el interior. Esto es lo que Sarmiento llama "el teatro", 2) Política, que implica pensar al Caudillo como personaje central, y al caudillismo como corriente central -sea rosismo, yrigoyenismo, peronismo, menemismo, kirchnerismo, 3) La barbarie -o locura como llama Ramos Mejía- como punto de partida de nuestra condición pasional, irracional, caótica o el instinto violento, y su entrelazamiento con la civilización que sería su contracara euroepizante, laica, cosmopolita y racionalista, 4) Los mitos populares, como señala Martínez Estrada, provienen de nuestra historia forjadora de los mismos -no sólo políticos sino deportivos o del espectáculo. Sin saberlo, de modo inconsciente, en Furia & Clase estaba remixando la dicotomía civilización y barbarie.

Palermo libertino y dandi porteño. Así como el pensamiento argentino sale de un espacio -la pampa, el desierto, el interior o Buenos Aires-, mi punto de partida fue el barrio de Palermo, y el lounge como símbolo del Palermo libertino de principios de siglo XXI. El libertinismo de Palermo implica la reposición del barrio -SoHo, Hollywood, Queens, y sus tilinguerías divertidas- con el auge del polo gastronómico y etílico y las zonas rojas circundando todo el espacio físico. El desierto para mi fue Palermo. Mi personaje conceptual -como diría Deleuze-, mi Facundo, es el dandi porteño de los primeros años de los 2000. El dandi porteño -el alter ego del filósofo hedonista que soy- tiene cuatro características: 1) es un efecto o producto del territorio que escenifico -el lounge-. El caudillismo del dandi porteño emana de su plebeyez que remarca por su subversión, y la clase a la que se alude no es sólo clase de refinamiento sino social. La furia es mi remix de la barbarie, la locura, o el instinto. El deseo, 2) el hedonismo del dandi es político en tanto que es subversivo, va contra la norma, la uniformidad y la producción. El elogio del ocio, la estética y la ambigüedad sexual, 3) el hedonismo del dandi porteño es violento, se manifiesta en las puteadas largas, lo orgiástico, la clara división entre gozantes y gozados, y cierta misoginia -las mujeres no existen: son divas, vedettes, putas o travestis, es decir, hombres- incluso el mismo narrador puede ser "mujer", 4) el hedonismo del dandi porteño es fetichista. La putez que se resiste a lo comunitario o incluso a emplear la categoría de lo asumido.

Hedonismo Post crisis. Este pensamiento porteño de Furia & Clase es, lo hice sin saberlo y lo veo cuando releo ciertas páginas, una construcción "muy argentina". Es decir, hijo de esta matriz. Ciertos hábitos adquiridos durante el menemismo -el fumar habanos, el culto a la sofisticación del vino, cierta música electrónica- son gestos que se mantienen luego del ciclo menemista que cierra con la debacle post De la Rúa en el 2001. De alguna manera, mi generación nació a la política en el menemismo. Curiosamente, o no, siempre viví esos accesos a ciertos placeres de los 90's como una forma de resistencia moral al propio menemismo -su productividad, su uniformidad, sus valores. Muy lejos de lo que se supone deberían significar, para mi los placeres fueron el arma para conformar una estética de la existencia, es decir, una resistencia, desde mi lugar y condición. Furia & Clase me permitió deconstruirlo desde adentro, y cuando el país se prendió fuego en diciembre de 2001, el auge del vino y la sommelierie operó en mi como una resistencia al dolor y el caos desde el placer plebeyo. Las marcas menemoides -como dice Tomás Abraham- son gestos podridos -y que gozo sin culpa alguna- de un hedonismo vulgar, neobarroco y violento. No peronista, sino liberal, no conservador: un dandismo lumpen.

Hedonismo y gronchaje. En Cinco dandys porteños Pilar de Lusarreta cuenta las vidas de cinco personajes de la oligarquía argentina que se vestían bien: Manuel Quintana, Fabián Gómez Anchorena, Bernardo de Irigoyen, Lucio V. Mansilla y Benigno Ocampo. Ese dandismo porteño que se pinta allí -de fines de siglo XIX y principios de siglo XX- es la antítesis del dandismo lumpen y el hedonismo plebeyo que planteo. El mío es un dandismo que viene del barro y el verdín. Un dandismo que nace de la zona sur -de Lanús, dónde viví hasta los 25 años. Un dandismo que incorpora como propio lo groncho y el vedettismo. Un dandismo que no deja de ser un individualismo pero que es conciente del lugar desde donde partió. Mi caudillo, el dandi porteño en el lounge de Palermo libertino, marca su condición y su vocación subversiva, algo que viene del linaje de los autores mencionados -Arlt, Lamborghini, Copi y Puig-, de ciertos artistas como Alberto Greco o Federico Peralta Ramos y del clima del Di Tella de los 60's, de la cocina del Gato Dumas y de los programas de TV de Tato Bores. Pero también de la música de Babasónicos -de Lanús- y de la movida sónica del sur en cuya sintonía vibré y cuya estética no realista me marcó. Es un dandismo que surge de la multitud, de la plebe, de la locura: un individualismo esteticista y queer. Anticonservador. Un dandismo que es producido por el hedonismo groncho que articula con pasión, de modo instintivo.

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Tuesday, August 02, 2011

Pensar en las O: Hedonismo caudillista (XII)

(Sarmiento)

(Alberdi)

(Martínez Estrada)

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El apriori del pensamiento argentino. El apriori, las condiciones de posibilidad del pensamiento o la filosofía argentina, es muy claro al estudiar a nuestros dos filósofos fundamentales del siglo XIX y el siglo XX: Domingo Faustino Sarmiento y Ezequiel Martínez Estrada, respectivamente. Las condiciones de nuestro pensamiento vienen de dos puntos: 1) la fisonomía y las características del territorio argentino: la extensión, despoblación y soledad, 2) el personaje emergente de ese territorio: el caudillo. Hay una lógica nietzscheana -Estrada escribió un eximio ensayo sobre Nietzsche- donde se pone en evidencia un escenario, un teatro, y un personaje. Son, también hay que decirlo, las propias vidas de Sarmiento y Martínez Estrada las que estructuran sus pensamientos: la pulsión, el temperamento y la locura sarmientina y el padecimiento de neurodermatitis de Martínez Estrada. Nuestro apriori -el caos, la extensión y la soledad- la barbarie como el disparador de la búsqueda civilizatoria que nunca se resuelve. No son, nunca fueron dos proyectos, sino el mismo y simultáneo, de allí nuestras categorías

¿Por qué es difícil unir el pensamiento argentino y el hedonismo? Porqué nuestra tradición es autoritaria -caudillesca- y el hedonismo requiere, como condición, la autonomía, el autogobierno. Una ética hedonista siempre va de la mano de una política liberal o libertaria. Como bien señalaba Juan Bautista Alberdi: "los argentinos tenemos libertad exterior -independencia- pero no libertad interior -moral, autonomía". Al no ser moralmente libres y precisar de Libertadores -San Martín o Bolívar- y luego caudillos, jefes o duces, nos resulta difícil gozar el placer del vivir con autonomía: es percibido como insultante o impropio con respecto al pater familias. Fue el mito de la espada -la violencia- y del Libertador -el caudillo- lo que forjó la identidad latinoamericana y argentina en particular. Siempre es otro quien nos da la libertad exterior, nos la regala; no la conquistamos ni la construimos cada uno de nosotros. En rigor, España ya para el siglo XIX estaba en franca decadencia imperial, frente a Inglaterra y Francia. Por lo tanto, lo que libertaron San Martín y Bolívar fue algo que sucedería por decantación y la espada no fue liminar. Esa conciencia que nos regala la libertad exterior, nos hace sentir deudas con ellos, como padres fundadores. En Estados Unidos, por ejemplo, no hay libertadores. George Washington es el primer hombre libre estadounidense, no un libertador, es un par, un ciudadano, no un caudillo. Una clave reposa en que la tradición de conquista en América del Norte fue distinta a América del Sur: los ingleses, holandeses y franceses no habían declarado que todo le pertenecía a sus coronas, sino que los primeros que llegaban se hacían de la tierra -era "Tierra de Nadie". En Sudamérica, los españoles y portugueses declararon que la tierra era toda del rey antes de ser descubierta. Y pasamos del Rey al virrey, y de allí al libertador y el caudillo. Esa figura es inaugural conceptualmente en Argentina. Es constitutiva de nuestro modo de vivir y de nuestro pensamiento. Alberdi creía que se podía extirpar con inmigrantes del norte y formando su autonomía moral, Sarmiento era más pragmático y no despreciaba lo latino constitutivo, por eso proponía hacer escuelas. Alberdi prefería un campesino analfabeto pero libre moralmente, Sarmiento un abogado hijo de analfabetos que viviera del Estado. Sarmiento triunfó conceptualmente porque comprendió esa lógica que definió como "civilización y barbarie". Un detalle no menor es la Y. Nunca fue "cilivización O barbarie". No hay disyunción, hay conjunción; lógicamente, el pensamiento sarmientino da cuenta que la barbarie es inextirpable, es propia de nuestra realidad.

Hedonismo y caudillismo. En Sudamérica se ve como "ofensivo" o provocador al hedonismo porque desafía esa matriz fundadora caudillesca: el tutor o tirano que "nos da la autonomía" de la propia forma. Como diría Foucault: nos resulta difícil pensar el gobierno de sí, preferimos el gobierno de los otros. Por ello, toda resistencia al caudillismo -Rosas, Perón o Kirchner- es vista por cierto populismo como un elogio de la dependencia cuando es lo contrario: búsqueda de gobierno de sí. La mejor forma del hedonismo argentino -la única viable- es aquella que interioriza e incorpora la barbarie combatida en la autonomía -la civilización. Nuestro hedonismo será bárbaro o no será. El placer que domina en Argentina se ve en la literatura de Osvaldo Lamborghini: un hedonismo sodomita y alcohólico. Heredero de Sade y Bataille. Ser liberales en lo político y dictatoriales en el placer. El placer como hecho violento es presentado en Lamborghini -que era peronista- así, precisamente, por su espíritu transgresor -del tutor o caudillo de turno. Se vive con temor. Se ejerce la autonomía o el gobierno de sí con miedo. Ese hedonismo plebeyo incorpora el caudillismo en la autonomía -rompe la dicotomía sarmientina que inaugura el pensamiento argentino. El mito de la espada se suma a la carne. Por ello, nuestro hedonismo es bajo, vulgar, orillero, y esculpe una estética neobarroca, del exceso, la disonancia y la ambigüedad. Un hedonismo sádico y fetichista: desde Copi a las vedettes, desde el Di Tella a la cocina del Gato Dumas.

Barbarie en la civilización. Nuestro hedonismo, entonces, es dependiente moralmente de un tutor, de un libertador o caudillo. Por ello se vive de forma oscura, violenta y excesiva. Un hedonismo sin autorización y transgresivo. ¿Un hedonismo caudillista? Sí, en cierto sentido. Un hedonismo feroz, más proveniente de Arístipo de Cirene que de Epicuro. Es la soledad del gaucho en la extensión la que genera el frenesí sexual y la embriaguez. Ni erótica solar ni gastronomía. Después de todo, la literatura argentina -El matadero de Esteban Echeverría- comienza con una violación. Nuestra vivencia del placer va unida a la violencia y el exceso desde ese texto, escrito entre 1839 y 1840.

Sarmientismo y hedonismo. El Facundo es la autobiografía del propio Sarmiento. Como bien marca Martínez Estrada: las dos categorías que fundan nuestra filosofía -civilización y barbarie- expresan la propia personaldiad del intelectual cuyano. Sarmiento fue la Argentina misma: extranjero en su propio país, argentino en el exterior, provinciano en Buenos Aires, porteño en las provincias, cuerdo y honesto frente al poder, loco frente a los hechos y el atraso. Autodidacta, viajero desmesurado por Estados Unidos -donde veía el futuro, en contraposición del atraso de Europa-, con un hogar disuelto, vínculos poco profundos, pasional y Presidente. Crear un pensamiento hedonista argentino requiere pensar a Sarmiento, pero sobre todo, deconstruir sus categorías.

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