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Cirene.
Filosofía y hedonismo
en Buenos Aires.
A éste, de frac, le gusta hacerse el divo
Osvaldo Lamborghini
El marxismo es rico en contradicciones, pero resulta que el peronismo (argentino) se las sabe todas.
Aunque se llevará (su sorete a la tumba): la metafísica invirtiéndose para entregarse a sus abusos
Osvaldo Lamborghini
Osvaldo Lamborghini
El marxismo es rico en contradicciones, pero resulta que el peronismo (argentino) se las sabe todas.
Aunque se llevará (su sorete a la tumba): la metafísica invirtiéndose para entregarse a sus abusos
Osvaldo Lamborghini
Cirene dice 1.
[...] que te corten las bolas debe ser lo peor, para peor, tampoco hay porqué alarmarse si las entradas de la calvicie no son tan pronunciadas para alertar a las gordas impresentables que rodean Plaza Serrano. Bueno, creo que voy relajar, el recuerdo leve, sí, sí, del dandi, o ese tipejo, ese chabón -palabra que no suele usar por lo cutre- me remite a cierta dosis de loungin que tenía cuando se movía por el bajo porteño con su cualidad neotanguera en un despertar noctámbulo e irrisorio. Tampoco está de más desmarcarse de estos individuos. Lo que me envía -in pectore- a algunas salidas que solíamos hacer a cenar a ciertos boliches palermitanos por la noche. Todo era carne: ojo de bife -jugoso- algunas achuras -riñoncitos, mollejas, chinchulines, morcilla y chorizos mariposa. El regaba con un tinto medio improcedente -¿me animaría a decir que era tetra brik lo que solía tomar a escondidas?-. Sí, lo era. Luego solíamos caminar por la calle Soler hacia Juan B. Justo, pero doblábamos antes, no recuerdo si era en Thames, eso creo. El se hacía llamar el filósofo hedonista porteño -pero nadie daba crédito a su impávida manera de presentarse como una suerte de mezcla de Miguel Brascó y Ernesto Schoó: su gayness era falaz, era un fake, o metrosexual, diríamos, una estética: adoraba a las mujeres con pasión, tocarlas, besarlas, y cogérselas, y era un gran amante, yo doy fe de ello-, claro, era un transgresor por naturaleza, digamos -open mind (o bi), un libertino medio asarmientado. Supe, alguien me pasó el dato, que publicó en el diario La Nación algunas notas en la sección de Sociales bajo un seudónimo con doble apellido -y yo nunca supe, realmente, su verdadero apellido-. Su nombre estoy segura que era falso. Todo lo que lo que rodeaba era una simulación andante. Pero no me preocupaba su mirada plena de miríadas repentinas y multicolores -a veces le lloraba el ojo derecho, y el pañuelo de seda que se enroscaba en el cogote era usado cual secador del lagrimal. La vida con el dandi (furioso y con clase), que recuerdo, ahora, desde este hotel de Barrio Norte, me hace reflexionar sobre su actuar tan esquivo en materia política y metafísica. Estoy al tanto que le interesaba Macedonio Fernández, y, como Borges, decía que era anarquista -cosa que le creo por su desencanto hacia el ámbito politik. Mucho más no podrá pasar si su rosca (pascual) lo reenvía hacia el útero materno nuevamente. La violencia contenida de ese dandi de Buenos Aires, de 2009, no es extemporánea, sino, más bien, tan presente que todos los que lo ignoraron supieron de esa andanada de sus torpezas y que, desde luego, era un genio. [no sé si finalmente se fue de viaje]. Su mente calibraba de forma continua una fuga permanente hacia los Estados Unidos. Lo sé, me dijo, y varias veces, que California era algo así como una utopía moresca para él. Creo que las luces de la ciudad, la silicona hollywoodense y la labilidad sexual lo llevó al oeste americano, dónde los enclaves hedónicos no tienen otra remisión que la constitución de la forma de vida libertaria.
Cirene dice 2.
[...] lo voy a hacer, digo, el tratado ese, sí, lo voy a escribir, tengo que escribirlo. Una cosa me lleva a la otra y no sé por donde comenzar. No sé si es un rosario de anécdotas lo que me atraviesa o que debo vomitar los dos martinis que tomé ayer y la resaca me pone, cual diva decadente -o en franca decadencia, para ser más simpática.- Un hipotético comienzo podría decir lo siguiente: "en el principio era la boca, órgano alimenticio y sexual por partes iguales. Pero *la boca* aquí, en el sur, es un barrio también; un territorio medio zigzagueante y olorido, pútrido, lleno de meo y mierda. Un riachuelo que se engarza en un regodeo de soretes imperiales al son de un clarín que nunca termina de dar las tres de tarde. Entonces, el sur nos pone frente, siempre, a una forma de hedonismo barroso, o, neobarroso. Es decir, empalagoso, quizá lleno de verdín y de zanjas, de ratoncitos. Nuestro hedonismo es el detonador de un dandismo elegante (y muy), pensar en Lucio V. Mansilla, en Fabián Gómez Anchorena o en Manuel Quintana, pero también en otras luminarias de diferentes tradiciones erráticas o no tan mainstream: quizá un Osvaldo Lamborghini, un Manuel Puig, pensemos en el propio Copi, y no correspondería dejar de lado a Alberto Greco. Con esto señalo la *raíz*, palabra infecta para una nietzscheana como yo, de nuestro placer orillero y embarrado: un hedonismo que también es hediondismo. Un hediondismo de zonas rojas y puteríos tristes, un hediondismo revisteril y travesti, un hediondismo de musculocas y lúmpenes de saco y corbata, un hediondismo también de Avenida Alvear -Hotel A.- y Jockey Club que no le hace asco a las vedetongas de turno: hermoso término: vede-tonga: ¿será oceánico? ¿Habrá vedettes en Tonga? ¿Vedettes maoríes? Pero nuestro hediondismo es pijudo, de Patio Bullrich y Chacalermo. Es como pisar un sorete con un zapato de Ricardo Sarkany: alta significación. Sin dejar de lado nuestra fauna vernácula que repasa su menemizante alfombra decorada y sus corbatas amarillas huevo, a la vez que muestran sus dentaduras plagadas de fundas impecables. El devenir del hediondismo local da cuenta de una significación que ya Sarmiento marcó en su Facundo: el cruce inevitable entre la civilización afrancesada de la porteñidad cosmpolitan -con Carrie Bradshaw, a lot of Sex & BA- más la barbarie barrosa y barroca: el peronizante placer del chivo dominguero junto al taco aguja de las más operadas militantes evitistas o cristinistas. Mein mein Gott. Esto es algo de todo, pero cierro, sí, sí, cierro paréntesis". A descansar.
Cirene dice 3.
[...] el vino es nuestra bebida nacional. El Mal-bec. Curioso, ¿no? El Ma-te también lo es. Luego la vaca entera va al corral para hacer nuestra gauchesca vía Buenos Aires. Si la vida es un tango, como dijo Copi, entonces todas somos bailarinas de la danza falopera. Atenti: un dato muy serio requiere que discriminemos los varones de los santos (vega) y cagadores de mierda (chirle) en los zaguanes y los patios del Palermo -que ya fue, y yo recuerdo, a pesar de ser una mina "cogible". No pienso revelar mi edad, sino todo lo contrario: nunca fui peronista, y nunca lo seré. Pero la putada de clavarse un sanguchito al sol, en cierto sentido, nos pone frente a ello. Putah. Partie.
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[...] que te corten las bolas debe ser lo peor, para peor, tampoco hay porqué alarmarse si las entradas de la calvicie no son tan pronunciadas para alertar a las gordas impresentables que rodean Plaza Serrano. Bueno, creo que voy relajar, el recuerdo leve, sí, sí, del dandi, o ese tipejo, ese chabón -palabra que no suele usar por lo cutre- me remite a cierta dosis de loungin que tenía cuando se movía por el bajo porteño con su cualidad neotanguera en un despertar noctámbulo e irrisorio. Tampoco está de más desmarcarse de estos individuos. Lo que me envía -in pectore- a algunas salidas que solíamos hacer a cenar a ciertos boliches palermitanos por la noche. Todo era carne: ojo de bife -jugoso- algunas achuras -riñoncitos, mollejas, chinchulines, morcilla y chorizos mariposa. El regaba con un tinto medio improcedente -¿me animaría a decir que era tetra brik lo que solía tomar a escondidas?-. Sí, lo era. Luego solíamos caminar por la calle Soler hacia Juan B. Justo, pero doblábamos antes, no recuerdo si era en Thames, eso creo. El se hacía llamar el filósofo hedonista porteño -pero nadie daba crédito a su impávida manera de presentarse como una suerte de mezcla de Miguel Brascó y Ernesto Schoó: su gayness era falaz, era un fake, o metrosexual, diríamos, una estética: adoraba a las mujeres con pasión, tocarlas, besarlas, y cogérselas, y era un gran amante, yo doy fe de ello-, claro, era un transgresor por naturaleza, digamos -open mind (o bi), un libertino medio asarmientado. Supe, alguien me pasó el dato, que publicó en el diario La Nación algunas notas en la sección de Sociales bajo un seudónimo con doble apellido -y yo nunca supe, realmente, su verdadero apellido-. Su nombre estoy segura que era falso. Todo lo que lo que rodeaba era una simulación andante. Pero no me preocupaba su mirada plena de miríadas repentinas y multicolores -a veces le lloraba el ojo derecho, y el pañuelo de seda que se enroscaba en el cogote era usado cual secador del lagrimal. La vida con el dandi (furioso y con clase), que recuerdo, ahora, desde este hotel de Barrio Norte, me hace reflexionar sobre su actuar tan esquivo en materia política y metafísica. Estoy al tanto que le interesaba Macedonio Fernández, y, como Borges, decía que era anarquista -cosa que le creo por su desencanto hacia el ámbito politik. Mucho más no podrá pasar si su rosca (pascual) lo reenvía hacia el útero materno nuevamente. La violencia contenida de ese dandi de Buenos Aires, de 2009, no es extemporánea, sino, más bien, tan presente que todos los que lo ignoraron supieron de esa andanada de sus torpezas y que, desde luego, era un genio. [no sé si finalmente se fue de viaje]. Su mente calibraba de forma continua una fuga permanente hacia los Estados Unidos. Lo sé, me dijo, y varias veces, que California era algo así como una utopía moresca para él. Creo que las luces de la ciudad, la silicona hollywoodense y la labilidad sexual lo llevó al oeste americano, dónde los enclaves hedónicos no tienen otra remisión que la constitución de la forma de vida libertaria.
Cirene dice 2.
[...] lo voy a hacer, digo, el tratado ese, sí, lo voy a escribir, tengo que escribirlo. Una cosa me lleva a la otra y no sé por donde comenzar. No sé si es un rosario de anécdotas lo que me atraviesa o que debo vomitar los dos martinis que tomé ayer y la resaca me pone, cual diva decadente -o en franca decadencia, para ser más simpática.- Un hipotético comienzo podría decir lo siguiente: "en el principio era la boca, órgano alimenticio y sexual por partes iguales. Pero *la boca* aquí, en el sur, es un barrio también; un territorio medio zigzagueante y olorido, pútrido, lleno de meo y mierda. Un riachuelo que se engarza en un regodeo de soretes imperiales al son de un clarín que nunca termina de dar las tres de tarde. Entonces, el sur nos pone frente, siempre, a una forma de hedonismo barroso, o, neobarroso. Es decir, empalagoso, quizá lleno de verdín y de zanjas, de ratoncitos. Nuestro hedonismo es el detonador de un dandismo elegante (y muy), pensar en Lucio V. Mansilla, en Fabián Gómez Anchorena o en Manuel Quintana, pero también en otras luminarias de diferentes tradiciones erráticas o no tan mainstream: quizá un Osvaldo Lamborghini, un Manuel Puig, pensemos en el propio Copi, y no correspondería dejar de lado a Alberto Greco. Con esto señalo la *raíz*, palabra infecta para una nietzscheana como yo, de nuestro placer orillero y embarrado: un hedonismo que también es hediondismo. Un hediondismo de zonas rojas y puteríos tristes, un hediondismo revisteril y travesti, un hediondismo de musculocas y lúmpenes de saco y corbata, un hediondismo también de Avenida Alvear -Hotel A.- y Jockey Club que no le hace asco a las vedetongas de turno: hermoso término: vede-tonga: ¿será oceánico? ¿Habrá vedettes en Tonga? ¿Vedettes maoríes? Pero nuestro hediondismo es pijudo, de Patio Bullrich y Chacalermo. Es como pisar un sorete con un zapato de Ricardo Sarkany: alta significación. Sin dejar de lado nuestra fauna vernácula que repasa su menemizante alfombra decorada y sus corbatas amarillas huevo, a la vez que muestran sus dentaduras plagadas de fundas impecables. El devenir del hediondismo local da cuenta de una significación que ya Sarmiento marcó en su Facundo: el cruce inevitable entre la civilización afrancesada de la porteñidad cosmpolitan -con Carrie Bradshaw, a lot of Sex & BA- más la barbarie barrosa y barroca: el peronizante placer del chivo dominguero junto al taco aguja de las más operadas militantes evitistas o cristinistas. Mein mein Gott. Esto es algo de todo, pero cierro, sí, sí, cierro paréntesis". A descansar.
Cirene dice 3.
[...] el vino es nuestra bebida nacional. El Mal-bec. Curioso, ¿no? El Ma-te también lo es. Luego la vaca entera va al corral para hacer nuestra gauchesca vía Buenos Aires. Si la vida es un tango, como dijo Copi, entonces todas somos bailarinas de la danza falopera. Atenti: un dato muy serio requiere que discriminemos los varones de los santos (vega) y cagadores de mierda (chirle) en los zaguanes y los patios del Palermo -que ya fue, y yo recuerdo, a pesar de ser una mina "cogible". No pienso revelar mi edad, sino todo lo contrario: nunca fui peronista, y nunca lo seré. Pero la putada de clavarse un sanguchito al sol, en cierto sentido, nos pone frente a ello. Putah. Partie.
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