(foto: Reka Nyari)
"Yo soy un clase"
Antonino Fernández Huerga
[LDF's grandfather]
***
I.
Se percibía la carta, o el mail, bah para antiguos como yo nada depara tamaña diferencia insípida e incolora - como el agua. ¡Oh, matematique sévere! Rajan pedos olorosos. [debería ser más púdico para escribir, lo siento. Es a mi pesar: escribo de modo impúdico, y con beligerancia pornográfica]. Por ende: se pueden ir a la puta que los parió. La severidad se conquista y se gana, como toda figura romboide en el ápice de la pija en punta lista para entrar en la concha húmeda. "yo, que era loco, homosexual, marxista, drogadicto y alcohólico, me volví idem", dice Osswald Lamborghini. Hay que seguir -es inevitable: el bajo, de noche, espectral. Es tímida la forma en que se aproxima. Quisiera escribir sobre boludeces -zombis, kirchnerismo y demás yerbas para vulgaridades costumbristas, escritas con corrección y realismo histérico. No me sale. Así que: me pueden chuparlapija a cuatro manos. Escribo sobre pornografía, estética y política. Eso vomito, eso sale, con nivel y cierta cosa arrebatada que de tan rioplatense me da miedo. Hubiera querido ser neoyorkino y republicano. No pude, no quise, no lo intenté. Es irremediable: soy porteño, vivo en el bajo -en un hotel- y espero que vengan por mí. (los) Ellos. Lo más excecrable de su condición: opas becados, prostituidos estéticos, ovejas de rebaño. Encubiertos en sus cofradías de mediocridad y cantos tristes. Resentidos con holgura de bolsillos. Izquierdismo arribista y apretadores estatales. Basura de los rincones que sólo pueden vociferar su nihilismo -no nietzscheano- dentro de sus pobres círculos tan famélicos que serían risibles de no ser soberbios de tanta pequeñez. Lo importante, es claro, pasa por los cuerpos: allí vienen, ellas. [no Ellos]. Mis bellezas nocturnas, protectoras, frente a la fealdad rigurosa de la corporación estatal. Sabrán disculpar: debo coger.
Hieren mi soliloquio, resuena cierta ira: sin dolor no hay belleza plausible ni fiable. La comodidad sólo produce estéticas tan miserables como las existencias que se recargan entre sí. Fútiles, van, los Ellos. Acá, sólo, rodeado de putas -nórdicas, guaraníes, pampeanas, transxeuales, travestis. Rey de la noche. Príncipe de la oscuridad y del bajo. Los alambiques llegan. Ah, sí: "su whisky, señor". Había pedido con estricta precisión: "dos medidas dobles -con dos cubos- de Famous Grouse. Un hilo de humo a lo lejos. Un puro: un Avo Uvezián, extremo cigarro de República Dominicana, suave, adqurido en la calle Mypooh. La gente que usa corbatas es más respetable, también los de camiseta. ¡Oh, pobres almas sin nada que cantar a excepción de sus nubes de pedos sordos! ¿Cuál es la intriga que se responde así misma de forma subrepticia con su lengua seca -alcohólica? Músculos y tetas. Un prepucio y un clítoris. Un pezón y una raya de culo finísima. Una fellatio y cunnilingus. Un beso negrísimo de tanta búsqueda non sancta. ¿Todo ello ocurría en mi mente febril sarmientina mientras esperaba los cobardes que vengan por mi? Ellos, puras mentiras editables. Mi plan era claro: mientras esperaba el combate final -sólo contra el mundo-: iba a dedicarme a la orgía, una tras otra. Primero, coger, luego, combatir -¿publicar, escribir? Primereaba la fiesta, seguía la política -la guerra. Era simple: la espera era libidinal y lactosa. Una vez acabada -valga la expresión con sorna- la orgía: el combate sería inminente. En el bajo. Un noble y solitario -salvaje- unitario contra un grupo de cobardes y mazorqueros zombis federales. No me violarían. Posiblemente acontezca lo inverso: mi pija siempre fue dura y resistente. Leche, de sobra. Podría culearme a varios, luego avanzar sobre la chusma con categoría y caer empalado.
Orgía y liberalismo vs. Familia y nacionalismo. Cosmopolitismo libertino vs. Populismo conservador. Me chupaban la pija, mientras leía: sí, es cierto. Mi lectura era fiel: Mansilla -sus retratos- y Echeverría: "a nalga pelada". Traficaba (no drogas), sino pequeñas dosis de refinamiento subversivo para la barbarie disfrazada de zombis berretas, odiadores del cuerpo, lacras reduccionistas en su extremo anti-hedonismo. Secretamente, sabía que Sebregondi, el viejo marqués -que supo ser, flor en el ojal, guante y mano ortopédica, lo máximo- me financiaba con cierta clandestinidad. Su presencia lugoniana era impropia para el lugar. Tras ciertas sodomías al alba, luego se aproximaba y me deslizaba un sobre con el sustento. Yo, cauteloso, miraba: eran dólares. Sebregondi no retrocedía: avanzaba de coté. Luego, yo proseguía en la espera nocturna, así, ad infinitum.
II.
Hieren mi soliloquio, resuena cierta ira: sin dolor no hay belleza plausible ni fiable. La comodidad sólo produce estéticas tan miserables como las existencias que se recargan entre sí. Fútiles, van, los Ellos. Acá, sólo, rodeado de putas -nórdicas, guaraníes, pampeanas, transxeuales, travestis. Rey de la noche. Príncipe de la oscuridad y del bajo. Los alambiques llegan. Ah, sí: "su whisky, señor". Había pedido con estricta precisión: "dos medidas dobles -con dos cubos- de Famous Grouse. Un hilo de humo a lo lejos. Un puro: un Avo Uvezián, extremo cigarro de República Dominicana, suave, adqurido en la calle Mypooh. La gente que usa corbatas es más respetable, también los de camiseta. ¡Oh, pobres almas sin nada que cantar a excepción de sus nubes de pedos sordos! ¿Cuál es la intriga que se responde así misma de forma subrepticia con su lengua seca -alcohólica? Músculos y tetas. Un prepucio y un clítoris. Un pezón y una raya de culo finísima. Una fellatio y cunnilingus. Un beso negrísimo de tanta búsqueda non sancta. ¿Todo ello ocurría en mi mente febril sarmientina mientras esperaba los cobardes que vengan por mi? Ellos, puras mentiras editables. Mi plan era claro: mientras esperaba el combate final -sólo contra el mundo-: iba a dedicarme a la orgía, una tras otra. Primero, coger, luego, combatir -¿publicar, escribir? Primereaba la fiesta, seguía la política -la guerra. Era simple: la espera era libidinal y lactosa. Una vez acabada -valga la expresión con sorna- la orgía: el combate sería inminente. En el bajo. Un noble y solitario -salvaje- unitario contra un grupo de cobardes y mazorqueros zombis federales. No me violarían. Posiblemente acontezca lo inverso: mi pija siempre fue dura y resistente. Leche, de sobra. Podría culearme a varios, luego avanzar sobre la chusma con categoría y caer empalado.
III.
Orgía y liberalismo vs. Familia y nacionalismo. Cosmopolitismo libertino vs. Populismo conservador. Me chupaban la pija, mientras leía: sí, es cierto. Mi lectura era fiel: Mansilla -sus retratos- y Echeverría: "a nalga pelada". Traficaba (no drogas), sino pequeñas dosis de refinamiento subversivo para la barbarie disfrazada de zombis berretas, odiadores del cuerpo, lacras reduccionistas en su extremo anti-hedonismo. Secretamente, sabía que Sebregondi, el viejo marqués -que supo ser, flor en el ojal, guante y mano ortopédica, lo máximo- me financiaba con cierta clandestinidad. Su presencia lugoniana era impropia para el lugar. Tras ciertas sodomías al alba, luego se aproximaba y me deslizaba un sobre con el sustento. Yo, cauteloso, miraba: eran dólares. Sebregondi no retrocedía: avanzaba de coté. Luego, yo proseguía en la espera nocturna, así, ad infinitum.
IV.
Un amanecer ebrio es una experiencia numinosa: como un santo o un místico avant la lettre. Radiante lo pude hacer desde mi cuarto lumpen de la calle San Martín. A pocos pasos de las Galerías, circulé cual ratón en busca de su gato. Lo invariable iba hacia el sector improcedente. Allá (los) Ellos. Si venían estaría desguarecido: listo para enfrentarlos. Entrenaba diaramente en el gimnasio desvensijado: mis tríceps tenían una forma más oval que mis bíceps. Deltoides y también pectorales. Inmune a sus opiniones la escultura de sí obturaba toda forma de imbricación en mi conciencia fortalecida. ¿Será que la derecha tiene esa facilidad para desarrollar más anticuerpos que la izquierda que niega la individualidad en pos de la corporación o el grupo? La derecha tiene la "obligación" de la construcción de sí: mente y músculo. Como un gladiador romano, un boxeador de Brooklyn, un aristócrata espadachín o un selfmademan. Todo opera con(tra) la misma naturaleza extirpadora. Podrán verme caer: jamás claudicar. La inmundicia hacía clamar a la vista que tenía hacia el Río de la Plata cercano. Era hora: llegaron dos chicas más. Ya eran cinco - o seis - No lo sé. ¡Sombra terrible del groncho, voy a esperarte con garras finas y falo erecto!
V.
¿Por qué escribís así? Porqué no puedo hacerlo de otro modo, pelotudo. Quisiera escribir "normal(izado)" cual zombi literario editable y acomodaticio. Sabés que pasa, la reacción es, hoy, la verdadera revolución. Un paso atrás: mi amigo el dandi hedonista supo cantar su furia & clase, hoy soy yo, el salvaje unitario quien debe tomar la posta en soledad -como es- y enfrentarlos uno por uno: como hidalgo motociclista californiano. Como estetizado caballero de la west coast, un Jack Kerouac de las pampas. La escritura es inevitable, forrito. No se imposta: sale, como un lechazo. El resto, para la gilada. La escritura o la muerte. Les falta tomar la sopa, mucho. Antes la gloria que la transa: para eso está la publicidad o el periodismo. Acá: libertad total. No hay restricción. Salí, o te verdugueo.
No me chupo el dedo, baby, soy grande, ya. Si querés jugar, juguemos, me sobra tiempo [...]
[Continúa, siempre].
VI.
Veía barranca/yaco abajo, lo que se venía. Nada, aún. La espera sólo era cortada por dos pezones tan hermosos. También un hilo de baba sobre los labios de churrasco de una morocha. Fah, los acaricié con temor (y temblor). Pensé un momento en rajar a la playa: quizá Cariló. Sitio demonizado. A la distancia se dejaba ver -escuchar- una música con un groove irresistible. Me recordaba, allí, en las arenas de la costa. Fui feliz, sí, acá, en Argentina. Mi argentinidad es irrevocable. Soy tan argentino como todos, tomo mate. El futbol, como a Borges y Lamborghini, me parece algo tan simple como veintidós corriendo tras una bocha. Yo prefiero coger a jugar a la pelota: es mejor; en el fondo, es lo mismo: se trata de meterla. Ante su impasible e imposible modo de "ponerla", hacen goles. Pobres. rajá, turrito, rajá (o te mato).VII.
No me chupo el dedo, baby, soy grande, ya. Si querés jugar, juguemos, me sobra tiempo [...]
[Continúa, siempre].
***
