Me interesa analizar determinados puntos en relación a la filosofía sarmientina a partir de los siguientes textos: Crítica de las ideas políticas (2002) de Juan José Sebreli, Sarmiento y el laicismo (2011) de Francisco Goyogana y los prólogos de Tulio Halperin Donghi y Natalio Botana a las nuevas ediciones de Recuerdos de provincia y Argirópolis (Emecé - Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires).
1. Domingo Faustino Sarmiento fue, en gran medida, el ideólogo de la burguesía ilustrada. Hijo cultural de la generación del 37 -Esteban Echeverría, Juan Bautista Alberdi, Juan María Gutiérrez-, el cuyano supo convertirse en un verdadero predicador de modernidad. Excluído de la universidad rivadaviana, en la que se formaron casi todos sus compañeros generacionales, Sarmiento elabora en Recuerdos de provincia (185o) una magnífica operación autobiográfica para hacerse un lugar en los sectores literarios, periodísticos y políticos porteños. La construcción de sí mismo por vía del modelo de Franklin -él, un "Franklincito"- explora los límites y las posibilidades del yo en clave montaigneana. Formado por clérigos como el padre Oro, y luego autodidacta, Sarmiento alberga en su pensamiento tres corrientes: la ilustración -Kant y Montesquieu-, el romanticismo -Emerson y Rousseau-, el positivismo -Taine, Herbert Spencer y Saint Simon-. El mismo Facundo (1845) es la muestra del triple influjo y su matriz intelectual. Es evidente: el cuyano no pensaba en términos dialécticos -a la Hegel, y no leyó a su contemporáneo Marx- sino por tensiones o bipolaridades.
2. Filosofía política. Sarmiento oscila entre un liberalismo conservador y uno democrático. Conjuga la búsqueda de orden y progreso de modo simultáneo. Los derechos individuales requieren educación pública para sacar a las masas del atraso, la ignorancia y el analfabetismo. A diferencia de Alberdi -que afirma la libertad y niega la igualdad-, Sarmiento, con Mitre, afirman del mismo modo la libertad y la igualdad expresada en las condiciones educativas igualitarias como principio. Asimismo, el cuyano es feminista, así lo prueba un artículo publicado en El Mercurio de Santiago de Chile: "el grado de civilización de una nación se verifica por la posición social de las mujeres". Y define a la mujer como "hombre de sexo femenino". Sarmiento ama las ciudades cosmopolitas y portuarias -Buenos Aires, New York, Barcelona, Londres o Valparaíso- y reclama tras de sí a toda la tradición occidental como la argentina, algo que Jorge Luis Borges luego retomará como linaje. Contra el nacionalismo provinciano, ultramontano, aislacionista y católico, Sarmiento definirá su pensamiento colérico, combativo y heroico. A posteriori llevará en si su marca y concreción la generación del 80, pero ya más abocada al goce y el placer: de escritores e intelectuales guerreros a, como los definió Viñas, dandis decadentistas como Lucio V. Mansilla, Miguel Cané, Eduardo Wilde o Eugenio Cambaceres. El pensamiento de Sarmiento, entonces, es una particular forma de encuentro del romanticismo, la ilustración y anticipa el positivismo de fines de siglo XIX de Ramos Mejía, José Ingenieros o Carlos Octavio Bunge. La política liberal de Sarmiento parte de las condiciones locales argentinas, donde comprueba con brillantez que la herencia del autoritarismo hispanoamericano requiere educación pública laica y obligatoria para ser reversada. Su visión cosmopolita, feminista y libertina en lo sexual lo ponen en la vanguardia.
3. Laicismo y "Educar al soberano". Quizá el concepto vital y nodal del pensamiento sarmientino: salir o transformar la religiosidad caudillesca expresada por Quiroga: "Religión o muerte". Sentimiento que el caudillo -el rosismo antiliberal, colonial, hipócrita y represivo- aprovecha para domar las muchedumbres ignorantes -que Sarmiento conoció de cerca. "Educar al soberano" requiere distinguir la educación de la inducción. Educación neutra en lo religioso, autoexploración, conducir la propia vida sin dogmas y el autogobierno. Por el contrario, la inducción religiosa dogmática solo llevará al memorismo y la repetición de consignas vacías que anulan todo librepensamiento. El laicismo de Sarmiento en la educación termina constituyéndose en ley 1420 (1884) luego de duros cruces con el poder de La Compañía de Jesús -con fuerte presencia desde la Colonia y avalado por Rosas-, el nacionalismo católico antiliberal y sectores conservadores terratenientes. Sarmiento triunfó en su ley de educación nacional laica y obligatoria contra el nacionalismo católico de herencia hispanoamericana.
4. Sarmiento, el hombre. San Juan, 1811 - Asunción del Paraguay, 1888. Seguramente, un Tocqueville hispanoaméricano. Supo y entendió que, como Estados Unidos, la Argentina debería construir "sobre" su pasado y no "contra". Las raíces de la colonia están allí para dar cuenta de esas condiciones asimiladas. "Mi vida ha sido una lucha continua por la posición humilde desde dónde principié", afirma el gran cuyano en Mi defensa (1850). Selfmademan, pobre y autodidacta. Adorado por su madre Paula Albarracín -que ostentaba una raíz patricia ya perdida. En otra ocasión afirma en Recuerdos de provincia: "soy una planta destinada a crecer". Espíritu emprendedor, Sarmiento ignora a los evidiosos y resentidos, así como a los ridiculizadores. Conciente de su genialidad y diferencia, Sarmiento es descrito por Lugones de modo implacable: positivo, sensual e impetuoso, práctico y hedonista.
5. Sarmiento, amante y libertino sexual. Cuatro disparadores muy bien presentados por la reconstrucción de Federico Andahazi en la Historia sexual de los argentinos pintan al gran cuyano en material amorosa y sexual. Sus ya citadas orgías parisinas, a las que rinde a pie y juntillas en sus gastos protocolares: libertino y dandi. En segundo lugar, su intención de "violar" a Mariquita Sánchez -de la que era muy buen amigo. Sarmiento describe la erección que padeció al charlar y verla. En tercer lugar, su mirada escéptica del matrimonio: "se apaga con la posesión", le señala en una carta a un primo en 1843. Sin embargo, Sarmiento se casó con la chilena Benita Martínez y tuvo dos hijos: Ana Faustina y Dominguito -muerto en la guerra de la Triple Alianza. Nunca fue feliz en la vida familiar. El gran amor de Sarmiento fue Aurelia Vélez Sarsfield, hija de Dalmacio. Aurelia y Sarmiento fueron grandes amigos y amantes. Se respetaban producto de una admiración mutua. Aurelia era culta, bella, independiente y libertaria. La relación permanecerá hasta el final: exiliados en el Paraguay, viviendo en una casa en Asunción. Sarmiento morirá el 11 de Septiembre de 1888, ella lo custodiará como una verdadera "alma gemela".
[Aquí un post anterior que amplía ciertos conceptos sobre Sarmiento].
2. Filosofía política. Sarmiento oscila entre un liberalismo conservador y uno democrático. Conjuga la búsqueda de orden y progreso de modo simultáneo. Los derechos individuales requieren educación pública para sacar a las masas del atraso, la ignorancia y el analfabetismo. A diferencia de Alberdi -que afirma la libertad y niega la igualdad-, Sarmiento, con Mitre, afirman del mismo modo la libertad y la igualdad expresada en las condiciones educativas igualitarias como principio. Asimismo, el cuyano es feminista, así lo prueba un artículo publicado en El Mercurio de Santiago de Chile: "el grado de civilización de una nación se verifica por la posición social de las mujeres". Y define a la mujer como "hombre de sexo femenino". Sarmiento ama las ciudades cosmopolitas y portuarias -Buenos Aires, New York, Barcelona, Londres o Valparaíso- y reclama tras de sí a toda la tradición occidental como la argentina, algo que Jorge Luis Borges luego retomará como linaje. Contra el nacionalismo provinciano, ultramontano, aislacionista y católico, Sarmiento definirá su pensamiento colérico, combativo y heroico. A posteriori llevará en si su marca y concreción la generación del 80, pero ya más abocada al goce y el placer: de escritores e intelectuales guerreros a, como los definió Viñas, dandis decadentistas como Lucio V. Mansilla, Miguel Cané, Eduardo Wilde o Eugenio Cambaceres. El pensamiento de Sarmiento, entonces, es una particular forma de encuentro del romanticismo, la ilustración y anticipa el positivismo de fines de siglo XIX de Ramos Mejía, José Ingenieros o Carlos Octavio Bunge. La política liberal de Sarmiento parte de las condiciones locales argentinas, donde comprueba con brillantez que la herencia del autoritarismo hispanoamericano requiere educación pública laica y obligatoria para ser reversada. Su visión cosmopolita, feminista y libertina en lo sexual lo ponen en la vanguardia.
3. Laicismo y "Educar al soberano". Quizá el concepto vital y nodal del pensamiento sarmientino: salir o transformar la religiosidad caudillesca expresada por Quiroga: "Religión o muerte". Sentimiento que el caudillo -el rosismo antiliberal, colonial, hipócrita y represivo- aprovecha para domar las muchedumbres ignorantes -que Sarmiento conoció de cerca. "Educar al soberano" requiere distinguir la educación de la inducción. Educación neutra en lo religioso, autoexploración, conducir la propia vida sin dogmas y el autogobierno. Por el contrario, la inducción religiosa dogmática solo llevará al memorismo y la repetición de consignas vacías que anulan todo librepensamiento. El laicismo de Sarmiento en la educación termina constituyéndose en ley 1420 (1884) luego de duros cruces con el poder de La Compañía de Jesús -con fuerte presencia desde la Colonia y avalado por Rosas-, el nacionalismo católico antiliberal y sectores conservadores terratenientes. Sarmiento triunfó en su ley de educación nacional laica y obligatoria contra el nacionalismo católico de herencia hispanoamericana.
4. Sarmiento, el hombre. San Juan, 1811 - Asunción del Paraguay, 1888. Seguramente, un Tocqueville hispanoaméricano. Supo y entendió que, como Estados Unidos, la Argentina debería construir "sobre" su pasado y no "contra". Las raíces de la colonia están allí para dar cuenta de esas condiciones asimiladas. "Mi vida ha sido una lucha continua por la posición humilde desde dónde principié", afirma el gran cuyano en Mi defensa (1850). Selfmademan, pobre y autodidacta. Adorado por su madre Paula Albarracín -que ostentaba una raíz patricia ya perdida. En otra ocasión afirma en Recuerdos de provincia: "soy una planta destinada a crecer". Espíritu emprendedor, Sarmiento ignora a los evidiosos y resentidos, así como a los ridiculizadores. Conciente de su genialidad y diferencia, Sarmiento es descrito por Lugones de modo implacable: positivo, sensual e impetuoso, práctico y hedonista.
5. Sarmiento, amante y libertino sexual. Cuatro disparadores muy bien presentados por la reconstrucción de Federico Andahazi en la Historia sexual de los argentinos pintan al gran cuyano en material amorosa y sexual. Sus ya citadas orgías parisinas, a las que rinde a pie y juntillas en sus gastos protocolares: libertino y dandi. En segundo lugar, su intención de "violar" a Mariquita Sánchez -de la que era muy buen amigo. Sarmiento describe la erección que padeció al charlar y verla. En tercer lugar, su mirada escéptica del matrimonio: "se apaga con la posesión", le señala en una carta a un primo en 1843. Sin embargo, Sarmiento se casó con la chilena Benita Martínez y tuvo dos hijos: Ana Faustina y Dominguito -muerto en la guerra de la Triple Alianza. Nunca fue feliz en la vida familiar. El gran amor de Sarmiento fue Aurelia Vélez Sarsfield, hija de Dalmacio. Aurelia y Sarmiento fueron grandes amigos y amantes. Se respetaban producto de una admiración mutua. Aurelia era culta, bella, independiente y libertaria. La relación permanecerá hasta el final: exiliados en el Paraguay, viviendo en una casa en Asunción. Sarmiento morirá el 11 de Septiembre de 1888, ella lo custodiará como una verdadera "alma gemela".
[Aquí un post anterior que amplía ciertos conceptos sobre Sarmiento].
***
