Saturday, June 18, 2011

Pensar en las O: Hedonismo Palermitano (XII)

(hedoné en los Palermos)


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Hace un tiempo escribí este post sobre la filosofía libertina barroca del siglo XVII y XVIII a partir de tres epígonos como fueron Cyrano de Bergerac, Julien Offroy de la Mettrie y el Marqués de Sade. Resulta central tener en cuenta estos conceptos genéricos para pensar ciertas claves del libertinismo y el hedonismo en el marco de un pensamiento argentino y, específicamente, porteño, y más aún, ceñido al barrio de Palermo, del cual soy "efecto" y consecuencia: mi hedonismo tiene gran parte de su marca en relación a sus prácticas. Por lo tanto, reflexionaré en detalle, siguiendo con la continuidad de pensar un hedonismo de estas pampas, su especificidad, expresada en lo siguiente: 1) La tradición libertina y el Río de la Plata, 2) Palermo, barrio libertino, 3) Hedonismo post debacle de 2001.

1. Lo libertino en el Río de la Plata.

El libertino es aquel individuo que despliega su razón a partir del cuerpo y rechaza todo aquello que normativice y normalice su instinto y su deseo. La filosofía libertina barroca, ergo, es un pensamiento hedonista, en tanto arte de vivir, escéptico, ateo y libertario, donde el cuerpo -y no la conciencia cartesiana- es la gran condición. Si bien suele separarse entre el "libertino erudito" y el "libertino de costumbres", la realidad es que esa sutileza nunca suele ser tan demarcadora de diferencias. Por lo general, el libertino erudito -intelectual y librepensador- en su vida práctica es "disoluto", "abierto" o "experimental" en lo referido a sus prácticas sexuales, los casos de Cyrano, La Mettrie y Sade son claros exponentes de ello. Ahora bien, si bien el libertino es una "institución" heredada de la matriz del personaje de Don Juan, tiene su reconversión en el siglo XIX con la figura del dandy y luego en el XX a través de pensadores de la transgresión como Bataille, Klossowski, Foucault, y, recientemente, se ha actualizado a través de Michel Onfray.

El libertino porteño, al igual que el libertino europeo barroco, es atravesado por las mismas obsesiones: el vino, las mujeres ligeras y el ocio -y las representaciones estéticas de todo ello. Los motes de depravado, ateo o "anormal" son de uso corriente. La pasión sodomítica parece prevalecer en esta tradición, algo que se sumará a la moda que luego pondrá sobre la mesa el dandismo. El libertino porteño contemporáneo es neobarroco. Hay algo de libertinismo barroco en Sarmiento -y su vida orgiástica-, así como en Barón Biza, Lascano Tegui, y, desde luego, en Osvaldo Lamborghini y Copi.

2. Palermo, barrio libertino.

El barrio de Palermo ha devenido en barrio libertino y hedónico desde los primeros años del siglo XXI. Pero esa consistencia del territorio propicio de los placeres enófilos, gastronómicos y también eróticos, es consecuencia del cambio de dirección de las claves culturales. Si hasta la década del 90, la zona cultural era la calle Corrientes, los bares notables del centro (La Paz, por caso), post 2001 se ha hecho notoria la marca del cambio: el circuito cultural íntegro de la nueva generación, la mía -los que tenemos entre 30 y 40- se ha trasladado a Palermo -o los Palermos: SoHo, Hollywood, y linderos. Editoriales, librerías de perfil literario, cafés, restós, espacios de arte, escuelas, talleres literarios, cursos de filosofía y pensamiento, todo ello tiene su enclave en los Palermos. Por lo tanto, el hedonismo, que antes que nada es cultura del cuerpo, también se ha manifestado en el mismo territorio de la ciudad de Buenos Aires. Lo gourmet y lo sexual -zonas rojas- está en los Palermos y ello debe articularse con la tradición del neobarroco que le da su expresión evidente. El hedonismo plebeyo porteño situado en el clivaje de los Palermos responde o da cuenta de una filosofía hedonista propia que podemos desglosar de la siguiente manera: 1) una ética hedonista o dandismo lumpen, cierta celebración o insularidad no exenta de marginalidad, 2) una estética neobarroca, donde los popular, lo camp y lo kitsch se dan cita, 3) una dietética carnívora y enófila, 4) una erótica libertina, sodomita, revisteril y travesti, 5) una política libertaria que a los efectos más microfísicos y modestos se expresa como proyectos autogestivos, suerte de anarquismo capitalista.

Palermo, como barrio libertino de principios de siglo XXI, modifica el principio sarmientino, y dice: "barbarie en la civilización". No hay dicotomías ni exclusiones. Lo "bárbaro" del exceso, del instinto, del interior, de la carne, se da en lo "civilizatorio" porteño y específicamente palermitano. La razón cosmopolita europeizante -afrancesada- no esta limpia ni es pura de origen: hay barro. Es una civilización neobarrosa, así como nuestro hedonismo tiene mugre lumpen. El hedonismo palermitano es anti-idealista y anti-dicotómico. Es interesante, en este sentido, pensar la variación del territorio hedónico en la ciudad: en las primeras décadas del siglo XX fue el bajo y Retiro, entre los años 60 y 90 la calle Corrientes y el centro, y a partir del siglo XXI, el barrio de Palermo, con sus divisiones intrínsecas: SoHo, la pata cultural; Hollywood, la pata enófila/gastrónomica y del espectáculo; los bosques, delimitan la zona roja de travestis y del "negocio del deseo". Podríamos decirlo de este modo: una filosofía hedonista argentina y porteña es, a todas luces, un pensamiento de y desde el culo del mundo. Se constata en la analidad y la adoración cúlica que tenemos en las pampas: el orto es santo -y la tradición literaria muestra esto con total evidencia. Nuestro hedonismo es anal, como decía Bataille: el ano solar.

3. Hedonismo post 2001.

Por lo tanto, el hedonismo y subsiguientemente, el pensamiento hedonista de principios de siglo XXI afincado territorialmente en los Palermos no es casual: las primeras publicaciones de vinos y gastronomía y los canales de TV gourmet surgen de modo paralelo al establecimiento de una zona roja por primera vez en la ciudad de Buenos Aires: todo se da en un ciclo que va desde 2001 a 2005. El hedonismo palermitano expresa este libertinismo queer, podríamos decir; mostrando las conductas "raras" y poniendo en evidencia ciertos comportamientos y prácticas antes no exhibidos. De allí la reivindicación de un dandismo contragenérico y peligroso. Algunos podrían calificar de "frívola" esta aventura cuando en rigor es lo más transgresor y subversivo que existe frente al verdadero conservadurismo estético y político del realismo populista peronizante de estos tiempos. El hedonismo plebeyo palermitano recién está siendo estructurado como filosofía propia -de LDF-: pensamiento nativo, orillero, zonal, pero cosmopolita y esteticista. Romper la dicotomía sarmientina para embeberla de barro: deconstruir esa separación excluyente: la carne, la sangre, la leche, está en el refinamiento y la sofisticación, deberíamos empezar a aprender la lección. Esta será una de las claves de la década que se acaba de iniciar.

(continuará).

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