Thursday, June 16, 2011

Guerra y poder en Nietzsche, apuntes


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Para los amigos interesados voy a transcribir algunas de las ideas centrales que trabajé en la charla que di ayer en el posgrado de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, en la cátedra de Derechos Humanos. El concepto a trabajar fue el de "guerra" que, en mi caso, lo tomé a partir de Nietzsche. Y en particular a partir de la lectura que Foucault hace de la guerra y de la analítica del poder en general. En función de ello, lo dividí en 5 partes: 1) Genealogía, 2) Lo heterogéneo del "origen", 3) Uso anti-idealista de la historia, 4) Poder ni jurídico ni economicista, 5) Vida.

Tomé los textos: Nietzsche, la genealogía, la historia (1971) y el curso Defender la sociedad (1976) de Michel Foucault, e hice alusiones al diálogo de Foucault y Chomsky de 1971 en la TV de Holanda -editado por Katz editores bajo el título Naturaleza humana. Justicia vs. Poder. El texto eje de Nietzsche que analicé como disparador fue La genealogía de la moral.

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Sucintamente, podemos decir que la filosofía nietzscheana se inicia como crítica al idealismo de la tradición occidental -el nihilismo platónico/cristiano, que se extiende hasta la ilustración. La opción de Nietzsche es una afirmación radical de la existencia, con la condición trágica y lo conflictivo como matriz.

1. Genealogía. Según Foucault, para Nietzsche la genealogía es una disciplina: 1) meticulosa y documental, 2) que busca lo singular de los acontecimientos, y va contra la universalidad, 3) se aplica sobre la llamada "erudición" inútil. La genealogía nietzscheana va contra el concepto de "origen" en tanto Ursprung (esencia o identidad). En el comienzo, dice Nietzsche: "hay guerra". Esto es: en el comienzo hay conflicto, tensión, lucha, bipolaridad. La guerra es constitutiva de la realidad. Para ello, Nietzsche emplea otras acepciones del concepto de "origen", como Entstehung o Herkunft. En el primer caso, hablamos de un "origen" que es producto de un "juego de dominaciones", de combate, algo que vemos en el mundo natural: el animal se impone a la naturaleza y las otras especies, y también el hombre que domina los otros hombres. En el segundo caso, la acepción de "origen", pasa por la noción de tronco o procedencia, que busca lo singular, la diferencia en esa tensión. En esta idea de "origen" se da cuenta de lo heterogéneo en el plexo de la tensión. Y que se ve en el cuerpo -alimentación, clima, salud, enfermedad, etc-. Por lo tanto, la genealogía nietzscheana hace implosionar la homogeneidad o esencialidad del "origen", y, por el contrario, exhibe la heterogeneidad de la diferencia, de lo singular.

2. Lo heterogéneo del "origen". Consecuentemente, la "historia" tiende a borrar la diferencia o la singularidad del "origen". La búsqueda de homogeneidad o "esencia" en el origen es, en rigor, el resultado de un combate, de una guerra de interpretaciones o discursos en pugna. El triunfante, domina. La genealogía hace emerger lo singular, y muestra la tensión, la guerra. El racismo es la muestra más cabal de la consecuencia del idealismo nacionalista. En este aspecto, la filosofía de Nietzsche -y la de Foucault- sería, quizá, la más anti-fascista que existe -en las antípodas del racismo-: preconiza la diferencia, la singularidad, contra la uniformidad, la norma y la homogeneidad prototípica de todo discurso totalitario.

3. Uso anti-idealista de la historia. Un uso anti-homogéneo de la historia implicaría, entonces, tres cuestiones: 1) ir contra el concepto de "raíz" o reminiscencia -algo que todas las filosofías totalitarias, de Platón a Heidegger, siempre acentuaron preconizando la figura del árbol y la raíz, tal como bien lo marca Deleuze, 2) mostrar lo heterogéneo y singular producto de la tensión o la guerra constante, 3) ir contra la verdad esencial, y mostrar que el concepto de "verdad" es, en rigor, consecuencia de una guerra interpretativa: la versión victoriosa es la que domina y sojuzga a las demás, como pasa con los saberes. En este marco, es interesante el debate Foucault-Chomsky, donde se ve claramente, la posición nietzscheana de Foucault -frente al utopismo imaginario anarco/sindical chomskiano- en el que plantea que el concepto de "justicia" es construido por determinada clase como instrumento para ganar la guerra. "La guerra se hace para ganarla, no porque sea justa. Y si el proletariado tomara el poder sería tan sangriento como la burguesía", dice Foucault. Por lo tanto, la "justicia" es una condición de posibilidad -y una construcción epocal- que cambia.

4. Poder ni jurídico ni economicista. Foucault explica su posición invirtiendo la frase de Clausewitz, y dice: "La política es la continuación de la guerra por otros medios". Ergo, la guerra es el principio de lo real. Esa inversión también da cuenta del poder, un poder no pensado en términos represivos -está solo sería una función del poder- sino de modo productivo. Un poder pensado fuera de lo jurídico -el modelo del contrato liberal- pero también por fuera del esquema economicista -el modelo piramidal, ideológico y superestructural del marxismo. Un poder ni contractualista ni enajenado. El poder, para Nietzsche y para Foucault, implica un análisis de fuerzas: es una estrategia, una relación entre partners. El poder implica relaciones múltiples, está distibuido -de manera no homogénea-, opera en red, y es ascendente -de la base hacia las cúpulas- no descendente, como se suele estudiar tradicionalmente. La analítica del poder de Nietzsche, y que Foucault muestra, implica liberar los saberes homogeneizados, uniformados, normalizados y sacar a la luz que en el "origen" está lo singular, lo diferente.

5. Vida. Volviendo, entonces, Nietzsche es el filósofo, el primero quizá, que coloca la vida en el centro de la reflexión, y quita la universalidad de los conceptos. Invertir: se piensa la vida, no los conceptos, que son, por "naturaleza", universales y pretenden borrar la diferencia en pos de una homogeneidad normalizante. La vida es objeto de guerra, de combate. La pregunta de Nietzsche, tal como reza en el subtítulo del Ecce Homo, será: ¿cómo llegamos a ser lo que somos? Uno es, como decía Foucault, un "efecto del poder", lo que sería para Nietzsche: producto de la tensión, de la guerra. No hay solución dialéctica: todo idealismo, en el fondo, es fascismo uniformador. La aceptación de Nietzsche expresada en el amor fati -amor al destino- produce una filosofía afirmativa de la realidad, por lo tanto, que acepta la guerra -la tensión, el conflicto- como condición, no como "problema a ser resuelto". La guerra siempre fue y será el principio para Nietzsche.

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