Saturday, May 07, 2011

Una filosofía hedonista argentina (II)

(Lamorghini, el mito: narciso en el estanque)

(Puig, fundó el pop argentino)

(Mallmann, una poética del fuego)

(LDF, un hedonismo pop)


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"Soy Narciso, el del estanque: estancamiento y desastre"
Osvaldo Lamborghini


Aquí transcribiré algunas ideas que desarrollé en mi segunda charla en la Feria del Libro sobre Filosofía en la Ciudad de Buenos Aires, particularmente, me centré en torno a responder las siguientes preguntas: ¿es posible pensar un hedonismo porteño? ¿Cómo sería? ¿Cuáles serían sus intelectuales, escritores y pensadores más destacados en este aspecto? Aquí van algunos apuntos de un trabajo sobre el que estoy lanzado a pleno.

1. ¿Cómo sería una filosofía hedonista porteña?

En primer lugar, implica pensar como "filósofos" a narradores, poetas, artistas o cocineros. Extraer sus conceptos, como decía Gilles Deleuze, no aplicarles de modo pasivo conceptos de la tradición europea. Ahora bien, si existe algo así como hedonismo argentino o porteño, este iría contra: 1) el idealismo esencialista que pregunta por el "ser" argentino, el nacionalismo metafísico que tiene entre sus epígonos a Martínez Estrada, Mallea o Murena, 2) el populismo realista urbano, luego el yrigoyenismo y peronismo, cuyos representantes pueden ser Marechal, Arlt y los pensadores de la línea llamada "nacional y popular". El hedonismo argentino se piensa con y contra Borges. Es local y cosmopolita, periférico y abierto al mundo. Se piensa, en este aspecto, con Borges, pero contra su poética, sencillamente porque el borgismo como filosofía y estética es idealista -pero no nacionalista- y el cuerpo no tiene casi lugar. En Borges no hay cuerpos. De allí su ligazón con el idealismo de Berkeley y Schopenhauer. Por lo tanto, el hedonismo porteño es antiborgiano. En este aspecto, allí encontramos a tres representantes muy claros: Manuel Puig, Osvaldo Lamborghini y Copi. Tres intelectuales de estéticas disímiles a Borges donde el cuerpo es comienzo y fin, ni esencialistas ni populistas -aunque algunos eran peronistas como Lamborghini-. Los tres fueron cultores del esteticismo formal hedonista. En otro orden de cosas, podemos sumar a artistas como Alberto Greco y Federico Manuel Peralta Ramos -y también a gran parte del Di Tella de los 60's-, y cocineros como Carlos Alberto "Gato" Dumas -también vinculado al Di Tella- y Francis Mallmann, que han elaborado conceptualmente su trabajo gastronómico en libros.

2. ¿Qué voz tendría el hedonismo argentino?

Al ser antiborgiano podemos decir que es barroco, o neobarroco, tal como lo es Lamborghini. Es una voz "degenerada" -sin género-, un fluir de la conciencia - o bien un diálogo continuado -como en Puig y Copi-. Dice Lamborghini en Las hijas de Hegel: "El cuerpo penetrable deber ser un cuerpo continuo. Un trozo de verdad, calienta". Un trozo de verdad. Una pija de verdad, una poronga de verdad. Ahí tenemos una clave del hedonismo argentino. La verdad calienta y se para.

3. La "filosofía hedonista" de Osvaldo Lamborghini.

Me interesa leer tres textos de Lamborghini en clave filosófica y conceptual, estos son: 1) Sebregondi retrocede (1973), Las hijas de Hegel (1982), Tadeys (1983). Los tres son textos inclasificables: su puros discurrires perfectamente en sincro con lo marcado del hedonismo local.

En Sebregondi, Lamborghini dice: "el cuerpo es un mapa". El protagonista, el marqués de Sebregondi, desembarca del norte de Italia, y vive en Barrio Norte -Callao y Arenales, dice-. Homosexual activo, cocainómano, con una mano ortopédica, flor y guante, es, quizá, la figura central de su pensamiento: un personaje conceptual, como diría Deleuze. "Paciencia, culo y terror", nunca le faltaron, señala el escritor. El linaje de Bataille, Blanchot, Deleuze y Foucault -todas lecturas hechas por Lamborghini, constatables en la biografía de Strafacce- se torna evidente. Sebregondi es un sober/ano, un south americ/ano.

En Las hijas de Hegel, el autor señala ser un wagneriano post, un expresionista abstracto, un hegeliano con conciencia desdichada; habla de un hipotético Nietzsche en el Paraguay y señala al Martín Fierro como nuestra "carta magna". Lo más interesante aparece en esta cita: "A causa de la inversión llevada a cabo por Nietzsche ni le queda a la metafísica otra que entregarse a los abusos". (p. 203). Una metafísica que, al invertirse, se entrega a los abusos del cuerpo, marca la filosofía lamborghiana. Parecería que el abuso o el exceso es la consecuencia de esa inversión idealista. Luego, dice el autor: "tenemos una vida galante con mucho sexo indescifrable". Y es clara su residencia: "Buenos Aires es mi ciudad, mi hogar". La torre de marfil es el hotel Astor.

En Tadeys, una magnífica construcción imaginaria/conceptual, Lamborghini edifica un mundo entero. Primero: ¿qué es un tadey? Un animal de carne exquisita y hábitos sexuales peculiares (sodomitas). El mito lamborghiano dice que fueron descubiertos por el monje Maker en el Medioevo. Luego, en el siglo XVIII, el aristócrata y militar Taxo Vomir publica una obra sobre la naturaleza del Tadey. Entonces, el tadey es un animal exquisito y sodomita. El tadey también es una clave: Lamborghini funda a través de Sebregondi y el tadey las dos trazas del hedonismo argentino del siglo XX -diferente del linaje oligárquico del XIX, donde aparecen figuras como Gómez Anchorena, Mansilla, Lascano Tegui o Barón Biza. Lamborghini peroniza el hedonismo.

4. ¿Cuáles serían las características del hedonismo argentino?

La frase de Lamborghini que abre este post lo marca: 1) Narciso, 2) desastre. El narcisismo es el esteticismo propio del hedonismo, y el desastre es el estancamiento, es lo orillero del sur, el arrabal del pensamiento: el barro. El hedonismo argentino es neobarroco, barroso, orillero. Es esteticismo y violencia: furia & clase, de allí el titulo que di a mi libro. El sesgo violento del exceso, pero, a la vez, el refinamiento y esteticismo del Narciso lamborghiano. Nuestra filosofía hedonista es portuaria: cosmopolita, individualista, multicultural, pero también barrosa, orillero, periférica, excesiva. El hedonismo porteño es un dandismo de piringundín y zona roja. Del bajo porteño. El hedonismo porteño sería más cirenaico que epicúreo. Para Epicuro el placer era ausencia de dolor, medida y regularidad. Para Arístipo de Cirene -el filósofo travestido y perfumado del ágora, habitué de bibliotecas y prostíbulos- el placer era corporal y en movimiento. Pulsional, y pasional. Ello lo vemos en diferentes ideas propias de aquí tales como: lo gánico de Federico Peralta Ramos, el arte vivo dito de Alberto Greco, el pop porteño de Manuel Puig -la diva hollywodense en medio de un pueblo de la pampa-, la clasificación de vinos de Miguel Brascó -finolis, chúcaros, gays, etc-, la poética de Copi, las papas quiméricas del Gato Dumas -que inventó el menú ejecutivo en Buenos Aires-, o la estética del fuego patagónico y el poncho fashion en Mallmann -aficionado a los puros y escritor de poemas naive.- Sebregondi, el narciso del estanque, es el emblema y el mito fundador de un hedonismo argentino, de allí la reminiscencia de mi Furia & Clase.

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