Sunday, March 06, 2011

Un arte de vivir contemporáneo, sobre El Antiedipo de D+G


(D+G, 1).


(D+G, 2)

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(Artículo publicado en el Suplemento Cultural de Perfil del 6 de Marzo de 2011).


La publicación de Deleuze y El Antiedipo de Guillaume Sibertin-Blanc (Nueva Visión) vuelve a poner en tema la actualidad o actualización del libro de Gilles Deleuze y Félix Guattari publicado en 1972. Durante mucho tiempo visto como un texto coyuntural hijo de Mayo del 68, El Anti Edipo, en rigor, es el comienzo de la producción filosófica verdaderamente “original” de Gilles Deleuze con Félix Guattari; un libro que el propio Deleuze define aún como un poco académico, pero que, según el filósofo, significó el placer de comenzar a decir las cosas con nombre propio, y dejar de hacer historia de la filosofía: “La historia de la filosofía ejerce, en el seno de la filosofía, una evidente función represiva, es el Edipo propiamente filosófico: "No osarás hablar en tu propio nombre hasta que no hayas leído esto y aquello, y esto sobre aquello, y aquello sobre esto." Fue así como yo empecé a escribir libros en ese registro de vagabundeo pero aún lastrados por un pesado aparato universitario. De ahí salió El Anti Edipo, que representaba un nuevo progreso. Pero tampoco puede decirse que El Anti Edipo esté libre de todo aparato de saber: todavía es muy universitario, demasiado serio, no se trata de la filosofía pop.”

El texto de Sibertine-Blanc sitúa a El Anti Edipo como un libro de intervención e invención teórica, pero también como un libro práctico, algo absolutamente en sintonía con lo que pensaba Michel Foucault –uno de sus grandes defensores- que, en el prólogo a la edición norteamericana (1977), lo describe como un libro de ética y un verdadero arte de vivir contemporáneo que abreva en Spinoza y Nietzsche -contra Marx y Freud, verdaderos codificadores del deseo. El Anti Edipo, señala Foucault, tiene tres adversarios: los burócratas de la revolución, los tristes técnicos del deseo -psicoanalistas y semiólogos-, y el fascismo -no sólo de Hitler a Stalin-, sino nuestros microfascismos cotidianos, nuestras mentes y conductas codificadas y normalizadas. Foucault mismo es quién define El Anti Edipo como una "introducción a la vida no fascista", un arte de vivir o un "manual" para desalojar el fascismo de nuestras conductas.

Una de las claves para comprender El Anti Edipo –así como Mil Mesetas, su secuela, en 1980- es partir de la hipótesis del capitalismo como un proceso de descodificación generalizada –lo que Deleuze llama desterritorialización. El proceso capitalista va de descodificación a codificación, es decir, de desregulación a regulación de la producción deseante. La emancipación de flujos del deseo que debería ser lo propio del capitalismo -una sociedad atea, sin papás, ni maestros, ni caudillos, sólo mercado- sin embargo, señalan los autores, nos lleva a la angustia y la necesidad de codificación (reglas, normas), de ahí la reterritorialización en artificios: Estado, normas, instituciones. Ahora bien, no se trata de “liberar el deseo” –algo muy obvio y poco argumentable- sino de dar cuenta del deseo liberado a la vez que el deseo codificado. Son ambos a la vez y simultáneos. De ahí la superioridad de la literatura norteamericana –de Melville y Whitman a Miller, Kerouac y Ginsberg-, en la que Deleuze ve el proceso de fuga dentro del propio esquema capitalista. Lo mismo que codifica, es lo que posibilita la fuga y la vuelta a codificar.

El propósito de El Anti Edipo es claro: salir de Marx y del freudomarxismo desde Nietzsche y Spinoza. El proyecto de Deleuze y Guattari era "desedipizar el inconsciente", esto es, liberarlo de la remisión permanente a papá-mamá. Desfamiliarizarlo. En lugar del inconsciente como teatro de representaciones de un objeto ausente (deseo platónico, como carencia), el inconsciente como fábrica que produce (el deseo productor), como actividad y experimentación con el afuera. La clave del texto será el concepto de "máquina deseante". Esto es la vida no edípica del insconciente. El deseo no como representación “reprimida” a ser “descubierta” en la interioridad de un sujeto cerrado sobre sí, sino como producción, como proceso que surge y se intensifica en el contacto con el exterior –el mundo. Podríamos decir: mientras más hacemos, más deseamos.

Nietzsche es a Foucault lo que Spinoza a Deleuze. La genealogía de la moral es la precuela de La voluntad de saber así como la Ética es el antecedente de El Anti Edipo. Lo que para Nietzsche/Foucault es poder, para Spinoza/Deleuze es deseo. Si para Nietzsche/Foucault el productor de lo real es el poder, para Spinoza/Deleuze el productor de lo real es el deseo. Para Deleuze, el capitalismo controla y codifica los deseos, pero también permite líneas de fuga y descodificaciones (desregulaciones). El mejor ejercicio de lectura de El Anti Edipo sigue siendo a la manera de Foucault: un arte de vivir contemporáneo. En ese aspecto, pocos libros pueden darse el lujo de tener una vigencia tan inconmovible como bella.

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