Thursday, March 03, 2011

¿Qué es un filósofo?

(Michel O.)

(Michel O., en su casa)



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En reiteradas oportunidades pensé la cuestión de la especificidad de ser un filósofo. Como en este artículo que publiqué en la columna que tenía en Eterna Cadencia, respecto de la reflexión de Michel Onfray en La comunidad filosófica (2008). Estudiando las lecciones sobre G.W. Leibniz de Gilles Deleuze en Vincennes (1980), hay otra definición que luego Gilles repitió en posteriores ocasiones. Cruzando ambos textos me interesa entrechocar la visión de Onfray y la de Deleuze para ver que si bien pueden resultar disímiles no lo son tanto, o nada.

A). ¿Qué es un filósofo para Michel Onfray?

1. Alguien que vive de determinada manera.
2. Un pensador que crea una existencia en consecuencia con su discurso.
3. Su materia es la vida, así como para un pintor lo son los colores y las formas.

El resultado es una vida filosófica que es la prueba de esa filosofía.

B). ¿Qué es un filósofo para Gilles Deleuze?

1. Alguien que crea conceptos.
2. Un creador que genera conceptos a partir del flujo de pensamiento.
3. Su materia son los conceptos, así como para un músico lo es el flujo de sonidos.

El resultado es un concepto filosófico que es la prueba de su trabajo.

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La vida filosófica -el bios philosophikos- de Onfray emana de la tradición, como señala Foucault, del Laques de Platón: la vida convertida es la vida filosófica. Esa transformación a partir de la askesis (los ejercicios) nos llevan a una determinada vida disímil de la norma -o la vida mutilada, sin examen. Algo que Michel Foucault denominaría "estética de la existencia", es decir, una moral de la forma, en contraposición a la moral de código o de la norma. En el caso de Gilles Deleuze, es evidente que en la etapa de El Antiedipo podemos situarlo como un pensador de la filosofía en términos de arte de vivir, algo que luego reformula para pensarla en tanto "fabricación de conceptos". Así como un carpintero fabrica muebles o el zapatero hace zapatos, un filósofo fabrica conceptos. Ambos trabajan con flujos en bruto. Para el carpintero, es la madera; para el filósofo es el flujo de pensamiento, y el concepto es la singularidad que se extrae de allí. Como el cogito de Descartes, la mónada de Leibiniz, la cosa en sí de Kant, el dispositivo de Foucault o el rizoma del propio Deleuze. Luego también tendremos los personajes conceptuales como Zarathustra en Nietzsche, el genio maligno en Descartes, o mismo Sócrates en los diálogos de Platón.

La concepción de la filosofía de Deleuze es creadora: el filósofo-artista nietzscheano. La concepción de la filosofía de Onfray es también creadora. La diferencia de ambos es la materia que identifican como propia: para Deleuze la materia es el concepto, para Onfray, es la vida. Así como para Deleuze la prueba del filósofo es el concepto firmado, para Onfray, es la vida filosófica -como Epicuro, Séneca, Montaigne o Nietzsche. Tanto Deleuze como Onfray piensan a la filosofía como una actividad creadora, ni contemplativa ni reflexiva ni analítica ni crítica ni polémica. Hacer filosofía es crear -conceptos, una vida- sólo eso. Ni siquiera es enseñar ni divulgar. Podríamos pensar los extremos en Hegel (pura especulación conceptual) o los cínicos (solo forma de vida, sin conceptos). Pero para los nietzscheanos -ambos lo son: Deleuze y Onfray-, un filósofo más bien sería alguien que crea conceptos en función de determinada forma de vida singular. El filósofo, entonces, es un discurso y una forma de vida, ambos por separado carecen de interés. Esa creación conceptual propia deberá servir a la vida -de cualquiera, no sólo del filósofo-, ser útil, como señalaba David Hume. La filosofía es útil y pragmática porque permite abrir puertas a otras formas de vida que pueden ser pensadas con conceptos nuevos y originales. Esa apertura es lo que caracteriza la naturaleza terapéutica -en el sentido no solo de curar sino de rendir culto- del filosofar: el cultivo de sí.

El filósofo crea: conceptos propios y una vida singular. El filósofo es un artista que genera un discurso conceptual propio en función de una existencia en consecuencia: una vida filosófica.

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