Friday, March 04, 2011

Hume, una filosofía de la simpatía

(Anne Hathaway, hermosa y simpática)

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David Hume
(Edimburgo, 1711), es un filósofo privado -como Montaigne, Spinoza o Nietzsche. Nunca ejerció la docencia universitaria y construyó su gran pensamiento a través de sus libros- maravillosamente escritos- sus cartas, sus diálogos, sus intervenciones. Hume fue bibliotecario, comerciante y diplomático del gobierno escocés. Hume es una anomalía absolutamente agradable en la historia de la filosofía. Heredero del liberalismo empírico de John Locke, sin embargo, es mucho más divertido y amable que su compañero. Sólo comparable con su gran amigo, Adam Smith, particularmente en su libro menos conocido: Teoría de los sentimientos morales, no La riqueza de las naciones.

Me interesa analizar las claves de su pensamiento y sobre todo centrarme en el hermoso concepto de simpatía como articulador de su filosofía empirista y práctica. Para ello, recurro a los siguientes textos: el artículo de Gilles Deleuze (1972) sobre Hume en la Historia de la filosofía de F. Chatelet, el capítulo sobre empirismo en Historia de una biblioteca de Tomás Abraham -quizá la nueva historia de la filosofía made in Argentina, que reemplazará a Adolfo Carpio-, y el análisis de J. Panea Márquez en la introducción a De los prejuicios morales y otros ensayos.

¿Cuáles son las ideas de Hume? Básicamente, es una sola, muy simple y bella: pensar es sentir. Hume construye un examen empírico de la conciencia humana que genera dos contenidos: 1) impresiones -sensaciones experimentadas-, 2) representaciones (ideas) -reproducciones o copias de las sensaciones-. El método humeano se libera de toda metafísica abstrusa y obtusa: es un método psicológico que fija los límites de lo cognoscible en la experiencia sensible.

¿Qué son las impresiones? Es la última realidad del experimentar. Para Hume, to feel (sentir) es experimentar sensaciones. Feeling es la convicción de la existencia de un objeto apoyado en el mero hecho de la sensación. La fuente del conocimiento es la experiencia, sólo ella. Las ideas -es decir, las impresiones experimentadas- pueden ser simples -pura sensación- o bien compuestas -constituidas por combinación o agrupación de las simples- de acuerdo a semejanza, contigüidad o causa/efecto.

¿Qué existe para Hume? Sólo las impresiones. Ni Dios, ni el mundo, ni siquiera el yo son fiables o realidades concretas. Uno tiende a creer en esas figuras por hábito (costumbre) o creencia pura. El yo mismo para Hume es una mero haz de percepciones sensibles, esto es: la conciencia. El yo es una ficción filosófica. No es más que un ramo de o colección de impresiones particulares que adquirimos por los sentidos.

¿Cuáles son las virtudes morales para Hume? Lo bueno es aquello que nos potencia el gozo, lo malo lo que nos produce aversión. Para Hume existen cuatro cualidades virtuosas: 1) las útiles para la comunidad, como la benevolencia o la justicia, 2) las útiles para nosotros, como la fuerza de voluntad, la diligencia, la frugalidad, el vigor corporal o la inteligencia, 3) las agradables para los otros, como la modestia, la buena conducta o la cortesía, 4) las agradables para nosotros, como la alegría, la grandeza o el valor. Pero el eje en todas se hallará en el concepto de simpatía.

¿Qué es la simpatía? Aquí quizá se encuentre uno de los aportes que, particularmente, más me interesan del pensamiento de Hume. El concepto de simpatía es la clave de la moral humeana. Hume es un hedonista, y su moral de la simpatía es la expresión de ello: la simpatía se puede resumir en "sentir con". La simpatía es el fundamento de la comunicación emotiva entre hombres, y la misma sociabilidad es consecuencia de la simpatía.

¿Cómo se articula la simpatía? Simpatía es ponernos en lugar del otro. El principio de simpatía implica la receptividad y la comunicabilidad. Por ello, la filosofía de Hume es simpática: es comunicable, notablemente escrita y útil. Sí, útil. La utilidad y el pragmatismo son dos valores para Hume que deja muy en claro en los primeros capítulos en la Investigación sobre el conocimiento humano. La lógica de una filosofía útil, en función de la vida y la felicidad, contra la metafícia racionalista -Leibniz o Wolff, por ejemplo. La simpatía es la evidencia más marcada del "pensar como sentir" o "pensar es sentir". Pero no sólo sentir por uno, sino, y, sobre todo, sentir por y con el otro. Aquí se halla la moral de Hume.

¿Cómo funciona la simpatía? Para Hume hay dos formas: la conversación y el ensayo. Mediante la conversación amistosa accedemos al otro, a su sensibilidad -como Epicuro o Montaigne-, pero también por el ensayo como género filosófico por excelencia -nuevamente, Montaigne, pero también Nietzsche o los moralistas franceses o el último Foucault-. El ensayo es el género simpático, por comunicar de modo claro y distinto ideas sin perder rigor filosófico.

Simpatia vs. compasión. La simpatía no es compasiva. Muy lejos de la desigualdad que propone la mirada compasiva hacia el otro, la posición de víctima miserabilista -que no logra sino ahondar más esa diferencia-, la simpatía propone la igualdad o el trato entre iguales, por ello, el amor propio es fundamental. El imaginar ser o estar con otro, conlleva al mismo plano; no hay voluntad de "ayuda" al que está mal. No. Eso que Nietzsche marcaba también en su crítica a la compasión y la caridad cristiana por hacer más evidente la separación entre el poderoso y el que no, y agrandar ese estado de víctima, de oveja de rebaño, que impide el desarrollo de la potencia individual. Por ello, la simpatía como valor moral es un valor afirmativo, de una ética nietzscheana.

Hume & Spinoza. La clave de la filosofía de David Hume reposará en no pensar más allá de la experiencia sensible. El origen de los males estará en pretender cruzar ese límite, lo que disparará todos los dogmatismos e intolerancia. El germen de la intolerancia que Hume quería evitar a toda costa, de la facciosidad, el totalitarismo, se halla en la metafísica. Por ello, Hume es un liberal en lo político, igual que Spinoza. Ambos pensadores se encuentran notablemente conectados. Ambos quitan a la conciencia cartesiana y el innatismo de las ideas del centro, para colocar el cuerpo. Panteísta en el caso de Spinoza, empirista en el caso de Hume.

Felicidad posible. Para Hume el hombre es un ser ignorante que debe asumir sus límites. Y sobre todo dar cuenta de que la metafísica es una creencia brumosa que no produce conocimientos y felicidad, sino, por el contrario, dogmatismo y dolor. Ser feliz es estar contento con uno mismo y en armonía con los demás. Ser feliz implica el estado de simpatía ("sentir con"). La felicidad de Hume es anti-utópica y anti-heroica. Es pragmática y se basa en la sabia administración de las imperfecciones que son consustanciales a la vida. El estado de felicidad tiene en la conversación, en el compartir con el otro, a uno de sus pilares. La sociabilidad misma será consecuencia de la simpatía. David Hume es un filósofo de la sensibilidad, la mundanidad y la felicidad. Su extraordinario y brevísimo texto De mi vida, es la prueba cabal de alguien que, una vez que supo padecía de una enfermedad mortal, se despidió de la existencia cenando con sus amigos -el vino, cabe decir, también fue un objeto de reflexión, siendo quizá el primer filósofo enófilo. No hay mejor definición sobre David Hume que la de Gilles Deleuze: "Hume significa un nuevo tono en la filosofía, una extraordinaria simplicidad y firmeza derivada de una gran complejidad argumental. Una suerte de filosofía popular y científica, una filosofía pop".

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