Saturday, February 05, 2011

Tres filósofos libertinos: Cyrano, La Mettrie y Sade

(Nicole Kidman en Eyes Wide Shut de S. Kubrick).


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Voy a realizar una suerte de cartografía del libertinismo filosófico partiendo de ciertos conceptos claves y luego bajando particularmente a tres pensadores de los siglos XVII y XVIII que entiendo resultan emblemáticos de esta tradición filosófica. Para ello, tomaré Los libertinos barrocos y Los ultras de las luces -tomos III y IV de la Contrahistoria de la filosofía de Michel Onfray-, las Cartas amorosas y satíricas de Cyrano de Bergerac, Sade y Lautreamont de Maurice Blanchot y Sade, Fourier, Loyola de Roland Barthes. Además de, obviamente, los textos centrales de Sade -Juliette, Justine, Filosofía en el tocador- y El discurso de la felicidad y El arte de gozar de J. Offray de la Mettrie.

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¿Qué es un libertino? El término "libertino" adviene de "libertinus" palabra usada en latín para denominar al "esclavo liberado por su amo", emancipado. Posteriormente, J.Calvino la emplea (en 1545) para referirse a "herejes que piensan libremente y niegan el pecado". A partir de allí se la usa en sentido peyorativo como impío, incrédulo, ateo, licencioso, desvergonzado o lujurioso. El modelo de libertino aparece en escena a partir de la figura literaria de Don Juan de Tirso de Molina -luego retomada y reciclada múltiples veces en Bryon, Moliere y muchos más. Más sexual y menos esteticista que el dandy, el libertino es un antecedente del playboy del siglo XX. El libertino es anti-voltaireano y anti-cartesiano. Su razón es el cuerpo, y todo aquello que vaya contra o normativice sus pulsiones, instintos y deseos es negado.

¿Qué es la filosofía libertina? Es el pensamiento que va desde la muerte de Montaigne -su epígono- en 1592 a la muerte de Spinoza -su superador- en 1677. Un pensamiento barroco que luego se extiende en los ultras de la ilustración con el caso de Sade y otros. La filosofía libertina se articula en 4 características centrales: 1) es de inspiración montaigneana, es decir, los Ensayos de Montaigne son el disparador de su desarrollo y fundan su visión de mundo, 2) desarrolla un método escéptico -de Pirrón o Sexto Empírico-: una duda no conclusiva, que disocia ideas en busca de la libertad filosófica total, 3) reactiva filosofías antiguas, es decir, la filosofía como práctica existencial concreta, arte de vivir, y en tanto moral inmanente que tiende a lo bueno y evita lo malo, que ve al cuerpo como cómplice, que busca la comunidad filosófica o la microsociedad, y que se referencia en los animales, 4) quizá parezca extraño pero ninguno de los libertinos del siglo XVII es ateo total, sino fideísta; algo que cambiará en el Siglo XVIII.

Dos libertinismos. A grandes rasgos podemos plantear dos formas de libertinismo: 1) el libertino erudito, es también llamado "librepensador" y "epicúreo" como Pierre Gassendi, 2) el libertino de costumbres, el disoluto en prácticas sexuales, como el Marqués de Sade. Sin embargo, la separación de ambos es menor ya que todos, en algún sentido, pertenecen a las dos categorías. El libertino erudito suele ser libertino sexual, y lo mismo con el sexual, cuyo exponente es Sade.

3 libertinos. Cyrano de Bergerac - Julien Offray de la Mettrie - J. A. de Sade (el marqués). Los tres, de alguna manera, marcan el lineamiento de este pensamiento, los tres: racionalistas, de constumbres sexuales disolutas, moralmente inmanentes, aristócratas, en gran medida narcisistas. El mito donjuanesco está en ellos.

(1) Cyrano.
Poco se sabe de Cyrano de Bergerac. Nace en 1619 en Toulouse y padeció una "enfermedad secreta" que todo indica que fue sífilis. Las fuentes no marcan si fue homosexual o bisexual -lo segundo es más probable. En 1655 muere de una viga que se cae en su cabeza. La muerte de Agripina fue su gran obra. Dramaturgo pero también filósofo discípulo del epícureo Pierre Gassendi. La mejor definición de Cyrano es libertario. Siempre decía para despedir a sus amigos: "Pensad en vivir con libertad". Frugal en sus comidas, no toma vino. Sus 58 cartas satíricas -realmente risibles y humorísticas en grado sumo- y amorosas -a damas de la época- no son cartas reales sino pertenecientes al género literario epistolar -muy en boga en la época latina. Son cartas a referentes apócrifos. Quizá lo más sustancial sea la definición de filósofo que da Bergerac: "El filósofo debe juzgar al vulgo, no como el vulgo".

(2) La Mettrie. Médico y filósofo. Una suerte de Sócrates en Hipócrates. Sufre un síncope cardíaco y partir de allí toma el ideario de Epicuro y Montaigne como sus filosofías de cabecera. ¿Cuál es su ideal? La voluptuosidad construida bajo la razón. El arte de gozar obedece a la voluntad. Muere por indigestión de faisán y trufas a los 45 años. Sus grandes placeres eran las mujeres ligeras -prostitutas, actrices de burlesque-, la pintura, el teatro, la conversación, la galantería, el vino y la mesa. La filosofía de La Mettrie tiene 7 características: 1) Dios se reduce a la materia, 2) El cristianismo enseña a odiarse a sí mismo, el yo le resulta odioso, 3) No hay división entre cuerpo/alma, 4) el hombre es una máquina, su cuerpo es un mecanismo de humores, fluidos, conductos, nervios y visceras. No es diferente a otras bestias de la naturaleza, 5) la ética es materialista. Nada es absoluto, todo depende del criterio arbitrario de los hombres, 6) una metafísicia de la ternura, es decir, un elogio del placer que tiene límites frente los que dañan la sociedad, 7) contra el fatalismo teológico, la salvación aquí y ahora. Aceptar lo que la naturaleza nos ofrece sin remordimientos. La Mettrie desarrolla un auténtico hedonismo donde el placer es asunto los sentidos, la voluptuosidad es asunto del corazón y el exceso es placer sin disfrute. Una moral de la felicidad individual, del instinto, que rechaza las convencions sociales.

(3) Sade. El marqués estudió con los jesuitas. Su vida (1740-1814) no hay que verla como un espejo en el que inspiró sus obras lujuriosas y criminales. Si bien su vida fue excesiva no tuvo gran relación con la apología a la destrucción a la que han llegado algunas de sus obras. Sade era aristócrata y ateo. Quizá lo más importante de su aporte filosófico sea el concepto de "Isolismo". Esto es: el hombre como corporalidad material pura: un fragmento incapaz de comunicarse con los demás. Una mónada solitaria. Por ello, existen dos tipos -los fuertes, amos, y los débiles, esclavos-. Los primeros sojuzgan a los débiles. Lo interesante de Sade habrá sido introducir la reflexión sobre el sexo en la filosofía. Una filosofía del erotismo, pero también del interés. El proyecto de Sade es de un egoísmo integral: el placer es la única ley a la que obedecer. Y siempre se debe elegir lo que el deseo reclama sin tener en cuenta las consecuencias del otro. La libertad será la de someter a cualquiera bajo los deseos de uno. Contra el pacto social, Sade propone una sociedad libertina secreta -el Castillo de Silling en la Selva Negra como el epicentro de sus novelas-, donde el lema del libertino será: "probar todo para no estar a merced de nada". Esta perfecta autonomía del libertino sadiano se acerca, aunque parezca extraño, a una suerte de neoestoicismo moderno. El hombre sadiano está sólo y lo acepta, su energía -sexual- desbordante implica su singularidad total. El libertinismo de Sade conlleva a un arte de vivir, ya que si bien la lujuria no tiene límite, sí tiene orden. Las reglas y la organización obsesiva es evidente. El código de Sade es la condición para el goce desenfrenado. Si bien en su vida tuvo escarceos y excesos -prácticas homosexuales, fetichistas, etc.-, las pasiones de Sade fueron la escritura -su profusa y grafómana obra así lo prueba-, los paseos y las mujeres ligeras del teatro -otra de sus obsesiones.

Dos eróticas. La gran diferencia entre La Mettrie -a quién Sade leyó y admiraba- y el marqués es entre una erótica del deseo pacífico, recíproco y tierna -un hedonismo solar- y una erótica nocturna, cruel y destructiva, donde el otro no tiene entidad más que objeto del placer del libertino: un hedonismo nocturno o isolista. Sin embargo, la gran originalidad de Sade reposará en haber colocado al sexo, por vez primera, como objeto de reflexión filosófica. Su influjo en el siglo XIX y XX es evidente: desde Klossowski a Foucault.

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