
***
Curiosamente, o no, en mi caso a los 34 años también termina una etapa profesional que también duró 10 años. Termina ese vínculo para siempre y decido dedicarme a desarrollar mi proyecto filosófico por entero. Y a los 35 años, la edad en que Nietzsche decide abocarse a desarrollar su pensamiento, yo decido lo mismo. Un paralelismo que me fascina, me abruma y me sorprende.
"Mi alma ha ganado en pureza y en dulzura, y ya no necesito para ello de la religión ni del arte.
Creo haber hecho la obra de mi vida."
Carta de F. Nietzsche a Lady Meysenburg.
14 de Enero de 1880.
El 14 de enero cumpliré 35 años. Los números redondos me impactan, pero este particularmente. Amo las biografías de filósofos -además, creo que la vida es esencial para comprender la obra, no existe obra filosófica sin vida filosófica. De Nietzsche -mi héroe filosófico- he leído todas las biografías serias que se han escrito sobre él. En esta ocasión, luego de releer algunas de ellas, encuentro un paralelismo entre su vida y la mía: Nietzsche enseña en la Universidad de Basilea durante 10 años (1869-1879). Tal como lo marca Werner Ross en El águila angustiada, su colosal biografía de 865 páginas, queda claro que nunca le interesó dar clases en la Academia ni se sentía a gusto con sus colegas ni con los temas tratados. El deseo de Nietzsche era dedicarse a desarrollar su propia filosofía, construir su jardín epicúreo, y de hecho lo consideró seria y literalmente, tal como marca el autor en un fragmento de una carta: "Deseo dedicarme a la plantación de hortalizas, labor que no es en ningún caso indigna para un futuro sabio." Proyecto que, por cierto, nunca comenzó.
El 14 de junio de 1879 Nietzsche renuncia a su cátedra -aludiendo problemas de salud- y a su vida profesional de filólogo universitario para siempre. A partir de allí comenzará su etapa errante que lo llevará por Saint Moritz, Naumburg, Venecia, Génova y Sils María. Desde ese momento Nietzsche decide dedicarse por entero a desarrollar su pensamiento solo y en libertad, y viajar buscando un lugar propicio que encuentra sobre todo en Italia. Tenía 35 años. Esa es la edad de Nietzsche: esa es la edad donde realmente nació al mundo.
Curiosamente, o no, en mi caso a los 34 años también termina una etapa profesional que también duró 10 años. Termina ese vínculo para siempre y decido dedicarme a desarrollar mi proyecto filosófico por entero. Y a los 35 años, la edad en que Nietzsche decide abocarse a desarrollar su pensamiento, yo decido lo mismo. Un paralelismo que me fascina, me abruma y me sorprende.
Cito un fragmento de una carta a Peter Gast, en Septiembre de 1879 -Nietzsche estaba a pocos días de cumplir 35 años:
"Mi muy querido amigo, cuando usted reciba estas líneas, mi manuscrito estará en sus manos [El caminante y su sombra, en Humano, demasiado humano]. Tal vez conozca usted un poco del placer que yo mismo he sentido al pensar en mi obra, terminada ahora. Estoy al cabo de mis treinta y cinco años "la mitad de la vida", decíase hace unos mil años; la edad en que Dante tuvo su misión, como nos dice en los primeros versos de su poema. En el fondo, he experimentado mi manera de vivir; y muchos la experimentarán después de mí".
Su gran amigo Peter Gast -junto a Overbeck- le pide que vaya a Venecia, cosa que Nietzsche rechaza para quedarse unos seis meses entre Saint Moritz y Naumburg. Finalmente, en 1880, Nietzsche parte a Venecia, luego a Génova y Sils María -la ciudad donde se sintió más a gusto junto a Turín. Nietzsche tenía 35 años y había decidido dedicar toda su vida por completo al desarrollo de su obra en plena libertad. Su vida pasada era historia. Lo curioso es que Nietzsche creyó morir -su estado de salud era horroroso, y su padre había muerto a esa edad-, varias cartas así lo testimonian. Sin embargo, con sus grandes lecturas a cuesta, que siempre serán las mismas, de pocos y monumentales autores -Epicuro y Montaigne, Goethe y Spinoza, Schopenhauer y Pascal, Emerson y Burckhardt, Voltaire y Chamfort, Stendhal y Baudelaire-, inicia su errancia hacia Italia, que lo revitaliza. El viejo/joven Nietzsche había muerto, el nuevo/viejo Nietzsche nacía. El que hoy conocemos: el filósofo. 35 es el número. Ahora es el mío.
***