
(1982, foto de Hervé Guibert)
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La lectura del bellísimo libro de
Paul Veyne sobre
Foucault sólo me dan ganas de citarlo todo por entero. Aquí, unas pinceladas que revelan y aclaran cuestiones nodales sobre el pensamiento, la vida y la visión de mundo del filósofo más grande del siglo XX.
Cito.
1.
[Foucault] confesó ser un pensador escéptico, qué sólo creía en la verdad de los hechos, de los incontables hechos históricos que llenan las páginas de todos y cada uno de sus libros, y nunca creyó en la verdad de las ideas generales. No admitía ninguna trascendencia fundacional. Y, sin embargo, no fue un nihilista.
2.
No fue el enemigo del hombre y del sujeto humano, como se ha creído: sencillamente consideraba que ese sujeto no podía hacer descender del cielo una verdad absoluta ni actuar soberanamente en el cielo de las verdades; qué el no podía hacer más que reaccionar contra las verdades y las realidades de su época o aportar innovaciones sobre ellas.
3.
El foucaultismo es, en realidad, una antropología empírica que tiene su coherencia y cuya originalidad reside en estar fundada en la crítica histórica.
4.
En cada época, los contemporáneos están encerrados en discursos como en peceras falsamente transparentes, ignoran qué peceras son ésas e incluso que haya pecera. Las falsas generalidades y el discurso varían a través de los tiempos; pero en cada época pasan por verdaderos. Y ello es así de modo que la verdad se reduce a decir verdad, a hablar conforme a lo que se admite como verdadero y un siglo más tarde provocará sonrisas.
5.
Se comprende entonces que algunos lectores hayan sentido verdadera repulsión ante el escepticismo foucaultiano, que es firme hasta el punto de mostrarse agresivo y parecer izquierdista. Erróneamente, pués en la práctica la más desmoralizadora de las teorías nunca ha desmoralizado a nadie, ni siquiera a su autor: es preciso vivir bien (...) Y Foucault, como buen nietzscheano, amaba la vida.
6.
Un samurái, he dicho (le debo esta palabra a Jean Claude Passeron y me parece que representa muy bien la delgada y elegante silueta de nuestro héroe, incluida la alegría de sus carcajadas); ahora bien, un samurái, un guerrero, no es "el espíritu que siempre niega". Foucault no era uno de esos pesimistas amargados que sueñan con hacer saltar el planeta.
7.
"Mi problema -escribió Foucault- podría enunciarse así: ¿cómo es que en una época dada se pueda decir tal cosa y que eso nunca se haya dicho?".
8.
Diremos, a la derecha, que siendo todo un reflejo imperfecto de su Idea, más valdría dejar las cosas tal como están. En cambio, para Foucault, nada es reflejo de un ideal; toda política no es sino el producto de una concatenación de causas; no hay totalidad exterior a su disposición, no expresa nada más elevado que ella misma, por mucho que nos dediquemos a ahogar su singularidad bajo nobles generalidades. Pero, de esta forma, Foucault hace imposible el viejo pensamiento de "izquierdas" que aspira a la verdadera democracia, al fin de la historia. Foucault pretende ser un intelectual especializado, que se indigna ante determinadas singularidades que ha conocido por los azares de su vida o en el ejercicio de su oficio. Es el intelectual de nuevo cuño, el intelectual específico del que se hablaba hacia 1980.
9.
"Sé perfectamente que estoy inserto en un contexto" [Foucault sic, Dits et Écrits Vol.I].
10.
Un determinado régimen de verdad y algunas prácticas forman entonces un dispositivo de saber-poder que inscribe en lo real lo que no existe y no deja de someterlo a la división de lo verdadero y lo falso (...) una vez constituido por la causalidad del devenir histórico, el discurso se impone como un a priorio histórico; y a ojos de los contemporáneos, sólo se considerará que están diciendo verdad, solamente serán recibidos "dentro del juego de lo verdadero y de lo falso", quiénes hablen conforme al discurso del momento.
11.
En ningún sitio podemos escapar a las relaciones de poder; en cambio, siempre y en todas partes podemos modificarlas, pues el poder es una relación bilateral, que forma pareja con la obediencia, que somo libres (sí, libres) de ofrecer mayor o menor resistencia. Pero, por supuesto, esta libertad no flota en el vacío y no puede querer cualquier cosa en cualquier época. La libertad puede rebasar el dispositivo del momento presente, pero es este dispositivo mental y social lo que rebasa; no podemos exigir del cristianismo antiguo que pensara en abolir la esclavitud.
12.
Existía alguna que otra razón para asimilar a Foucault al estructuralismo, así como a la propia moda estructuralista: sirvió como incubadora de ideas nuevas. Foucault creía en la historicidad del decir-verdad, en la singularidad y en la "rareza"; por estos tres rasgos, tenía en común con el estructuralismo el hecho de admitir que el pensamiento no nace enteramente de sí mismo y que debe ser explicado mediante algo distinto de él, mediante el discurso y el dispositivo en Foucault, mediante las estructuras entre los estructuralistas.
13.
Engendrado por el dispositivo de su época, el sujeto no es soberano, sino hijo de su tiempo; no podemos convertirnos en cualquier tipo de sujeto en cualquier momento. En cambio, podemos reaccionar contra los objetos y, gracias al pensamiento, tomar distancia sobre ellos.
14.
En definitiva, la obra entera de Foucault es una continuación de la Genealogía de la moral de Nietzsche: trata de mostrar que todo concepto que creemos eterno tiene historia, "ha llegado a ser", y sus orígenes no tienen nada de sublime.
15.
El foucaultismo es una crítica a la actualidad que se guarda de dictar recetas para la acción, pero le proporciona conocimientos (...) ¿cuál es la diferencia que hoy introduce con respecto a ayer?
16.
Foucault no era más sesentayochista que estructuralista; no creía ni en Marx ni en Freud, ni en la Revolución ni en Mao, se burlaba en privado de los buenos sentimientos progresistas, y no le conocí declaración de principios sobre los grandes problemas, Tercer Mundo, sociedad de consumo, capitalismo, imperialismo americano.
17.
Foucault era un guerrero, quería conquistar un pedazo del mundo físico o moral, pequeño o grande.
18.
Este supuesto izquierdista, que no era freudiano ni marxista, ni socialista ni progresista, ni tercermundista, ni heidegerriano, que no leía a Bourdieu ni Le Figaró, que no era un "nietzscheano de izquierdas" (como algunos), ni por supuesto de derechas, fue el inactual, el intemporal de su época, recuperando para definirlo un término justamente nietzscheano (...) Me apresuro a añadir que en cambio era un hombre muy íntegro, poco dispuesto a hacer concesiones a ninguna opinión en interés de su carrera. Cada escritor gestiona sus intereses de carrera profesional de forma más o menos ontensible, con mayor o menor torpeza, más o menos duramente. Foucault no descuidaba sus intereses y para ello recurría a cierta diplomacia, pero sus verdades no eran negociables. Vivía ante todo para sus libros y para sus ideas.
19.
Foucault conservó la afición a las drogas: opio, LSD...; pero solamente recurría a ellas durante episodios controlados y separados por varios meses, pues el placer de escribir, de trabajar y de enseñar bastaban para acotar toda clase de desbordamiento. Una vez acabados los cursos que cada año impartía en Berkeley (disfrutaba en Estados Unidos, un país al que quería mucho), se concedía un viaje de LSD y un garbeo por un sauna gay en el gueto homosexual de San Francisco (...) Foucault no le tenía miedo a la muerte, les decía a sus amigos cuando la conversación recaía sobre el suicidio (como buen samurái, llevaba los dos sables, el mas corto de ellos sirve para darse la muerte).
20.
Este personaje elegante, dotado de sangre fría y clarividencia, era valiente, inflexible, más cortante que irónico. Era consciente de la hostilidad y de los celos que inspiraba a su alrededor, pues era un psicólogo muy lúcido de las personalidades mediocres.
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