Tuesday, December 21, 2010

2010, el año en que empecé a ser lo que soy






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A mis padres, con amor y gratitud


Wie man wird, was man ist
[Cómo se llega a ser lo que se es]
Ecce Homo, Nietzsche

(en mi brazo izquierdo)


2009. El 31 de diciembre pasado escribí este post a modo de balance del año. Es un texto que releo y me trae gratos recuerdos. Indudablemente, ese post marcaba dos grandes logros -y deseos- buscados: por primera vez me había enamorado de alguien y publiqué mi primer libro. Fui feliz en 2009. Sí. En 2009 conocí a una hermosa californiana, con la que tuve una relación apasionada y compleja -a la distancia-, y que nunca olvidaré mientras viva. Anne fue la primera mujer que amé -y yo sólo sé cuanto te amé. Hoy esa relación, ya finalizada, se ha convertido en una bella amistad.

2010. Fue el año en que empecé a ser lo que soy, lo que siempre fui. Uno ya sabe lo que es, el resto es el despliegue, el esfuerzo y el combate con uno mismo -y el entorno- para sacar a la luz lo que está en bruto, como un escultor saca la forma de la piedra. En comprender esto, Nietzsche y Foucault fueron y son, como siempre en mi vida, mis héroes filosóficos, maestros. Así como en 2009 el amor y el libro fueron las palabras, este año está marcado por algo más fuerte: proyecto. 2010 fue el año donde se cerraron dos historias para mi. 2010 fue el año donde tomé decisiones, donde hice elecciones. A partir de 2010 decidí mi independencia, seguir mi deseo, y creo que eso terminó por convertirme radicalmente, saludablemente, en un adulto al fin. Por ello, si en 2009 el amor y el libro fueron las palabras, de todo lo que hice en 2010 mi mayor logro fue, sin dudas, la Escuela de Filosofía.

Una historia. En mayo de 2008, cuando empecé a dar mis clases de filosofía sistemáticamente en diferentes lugares amigos -Crack Up, In Vino Veritas, Eterna Cadencia-, ya existía en mi mente el concepto de la Escuela. En 2009 lo redoblé, duplicando la cantidad de cursos y de catas de ideas -ahí llegó cierta repercusión en prensa que me dio el vigor y la legitimidad de que estaba haciendo lo correcto. En una soleada tarde de marzo de 2010, en un bar de Brooklyn, New York -mi ciudad iniciática en todo-, recuerdo haber escrito de golpe todo el concepto, bocetado el logo, diseñado todos los protoseminarios y la estrategia de comunicación. En abril, lo charlamos con un amigo en San Telmo, en junio ya era una realidad concreta: sin darme cuenta me encontraba dando el primer curso de la Escuela en su primera sede, en Palermo Hollywood; luego, a los 15 días, me despidieron de mi trabajo en RHM. Ese fin de ciclo, paradójicamente, se cerraba cuando nacía otro que ya había estado en mi cabeza desde hacía casi 3 años. Ese despido, luego de 10 años de trabajos ininterrumpidos en relación de dependencia en la industria editorial -ILHSA, Gedisa, Random House- significó, para mi, una decisión clara. Y lo hice. Lograr mi independencia para siempre. No habrá vuelta atrás. Vivir de lo que amo y conozco, de mi pasión y sentido: la filosofía.

Dos muertes. En 2010 morí dos veces: amorosamente -en marzo- y laboralmente -en junio-. Pero esas dos muertes fueron la condición para que descubra mi identidad. Y las dos muertes dispararon una tercera: ya no soy un adolescente -esa fue la tercera muerte. Mi adultez sobrevino en 2010. Hoy, al borde del año, me siento más fuerte que nunca y con mi búsqueda clara. Así como sé lo que quiero existencial y profesionalmente -vivir como un filósofo y ejercer esa condición-, sé lo que quiero amorosamente -y que va de la mano con lo anterior-: una compañera que comparta mis ideas y mi visión de mundo. Una mujer a la que admire profundamente -profesionalmente- que quiera vivir su vida en libertad conmigo. No quiero familia, no quiero hijos. Sólo quiero vivir mi vida con una mujer que ame lo que yo amo: generar una sociedad íntima, disfrutar del día a día, nutrirme de ella sensualmente, sexualmente, intelectualmente, viajar, compartir experiencias, darle placer.

Cifras. Me gusta pasar a números todo lo que hice. Es como un reflejo de mi productividad, y ver como hice filosofía en sus diversas formas: 1) 10 cursos de filosofía, 2) el 1° curso de Filosofía del Vino y la Gastronomía del país en la Escuela Argentina de Sommeliers, 3) 33 artículos y entrevistas en diarios y revistas -dentro de las se encuentran intelectuales a los que admiro como Agnes Heller, Beatriz Preciado o Eloy Fernández Porta, 4) 280 posts, 5) 6 entrevistas me hicieron por mi trabajo -dentro de las que está la revista Noticias, 6) 1 columna mensual de filosofía en la revista Brando, 7) 1 consultoría filosófica individual, algo que siempre quise realizar, 8) 1 conferencia en un lugar de prestigio como el CCEBA 9) 2 charlas públicas, una de ellas mano a mano con Tomás Abraham, el filósofo argentino que más respeto. Son sólo algunas de las cosas que hice este año. Verlo todo junto de golpe, en números o nombres, me impacta. Sé que esto recién comienza.

2011. El próximo año, desde cero, irrumpiré con mi proyecto. Sólo una cosa me obsesiona: la autenticidad. Si sos auténtico, sos original. Hablar desde tu experiencia -creo que ya viví y experimenté varias cosas en todo sentido- y de lo que uno sabe, me resulta un adicional siempre gratificante. Uno se da cuenta -ya al borde de los 35 años- que sabe mucho sólo de unas pocas cosas. Y decir sí a algo, es decir no a otras cosas. Uno tiene que aprender a convivir con la falta, ahí está el poder de la elección. Yo sé de filosofía, básicamente. Y mi función es llevarla a la gente común; como los filósofos antiguos, me gusta hablarle a la gente, y que descubran su deseo -amoroso, profesional-; nada me da mayor placer y alegría que ayudar -a través de la filosofía- a que cada individuo tome conciencia que son más libres de lo que creen, y que pueden vivir su vida -que es lo único que hay- con plenitud y fuerza, sin temores y haciendo con toda esa energía su proyecto propio. La libertad se conquista, se contruye, se negocia. El mundo es un caos -siempre lo fue, siempre lo será-, no hay utopismos ni paraísos. Es aquí, ahora, en tu ciudad, tu lugar, donde estés. Pero ese caos y esa conflictividad forman parte de lo real desde la naturaleza, creer que son un problema es el error -o la neurosis- que nos impide llevar a cabo con disciplina y voluntad lo único que importa: nuestro deseo. De cada uno depende que vivamos esta vida con felicidad.

Feliz 2011, amigos lectores.


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