(Bellucci, diva y virtú italiana)***
Recibí, y leí un gran libro que se llama Por qué las italianas son tan fascinantes. Descubre el poder de seducción del Bel Paese de Marta Copeiro del Vilar (Oceáno). En primera instancia, parecería ser solo un libro sobre la belleza femenina, sobre la constitución de las grandes divas italianas -de Sofía Loren a Monica Bellucci-, y de ahí, una reflexión sociológica sobre la mujer made in Italy: algo así como un texto que descifra las causas del poder y magnetismo de la mujer italiana. Sin embargo, su lectura es absolutamente fascinante, entretenida, y filosófica. Creo que podría calificarse este texto como un auténtica cosmética filosófica. La cosmética en la antigüedad griega y romana, era una rama o subdisciplina de la dietética -la disciplina que se encarga de la relación que cada individuo mantiene con su cuerpo en relación a la comida, bebidas, descanso, sexo, clima, etc-. Incluso antes, en China y Egipto, era tomada de un modo riguroso como una disciplina vinculada a la medicia y la química. Efectivamente, la cosmética era la ciencia que pensaba el embellecimiento del cuerpo y todo lo relacionado con sus materiales. Textos como El arte de amar de Ovidio o los poemas de Safo son verdaderas cosméticas. Así como lo es el libro de Copeiro del Vilar.
Pero incluso excediendo esa categoría, en el texto de Copeiro del Vilar encuentro tres ideas o conceptos absolutamente magníficos, ideas que se pueden emparentar con la idea de la ética como estética de la existencia, con libros como La construcción de uno mismo -o La escultura de sí- de Michel Onfray, donde este habla de la virtú renacentista, del hombre italiano de los siglos XIV y XV, a propósito de la figura del Condottiere -conductor o mercenario de tropas que combatían para Señores. En este caso, son conceptos que Copeiro del Vilar aplica a la mujer italiana pero que pueden verse en el marco de un verdadero arte de vivir, de una moral estética, vitalista, anti-cristiana, nietzscheana, volitiva, y vigorosa.
Estas ideas son:
- Lo affascinante. Traducido en español pierde su poderío. No es sólo lo meramente fascinante, sino que alguien fascinante es aquella persona aurática, atractiva, seductora. Una cualidad no sólo física sino una gestualidad y un temperamento vital y afirmador del cuerpo.
- Lo solare. La persona solar -aquí podemos vincular a la erótica solar de Onfray- es alguien que tiene los atributos de lo affascinante y los traduce a una actitud vital y positiva, una actitud afirmadora del mundo con su complejidad, problematicidad, y la hace con brío y valentía.
- Lo bello o bella. Esta palabra designa no sólo una persona bella, sino exquisita, luminosa, simpática, atractiva y noble. Recordemos que para Nietzsche -en la Genealogía de la moral- algo bueno era algo noble y bello. Lo contrario de la bondad para el cristianismo que es asociada a lo pobre, casto, denigrante con su vida. Bello es un concepto bifronte que puede ser simultáneamente filosófico y frívolo. Una auténtica apología del gozo.
De modo que lo affascinante, lo solare y lo bello son tres atributos que enarbolan la virtú renacentista. Virtú no es virtud -en términos cristianos- sino lo contrario: la excelencia, magnanimidad, singularidad, el individualismo fuerte, la construcción de la personalidad como una escultura, la fuerza de voluntad y, sobre todo, la afirmación de la vida inmanente y el joie de vivre. Es la contracara del ideal ascético cristiano/marxista que niega la plenitud individual, aristocrática y singular en pos de un colectivismo reductivo y destructor del cuerpo hedonista.
La mujer y la cultura italiana, manifiesta este acervo a través de su fruición vital a través de su goce y culto de las flores, la moda, la seducción, la higiene personal, el maquillaje, la belleza, las cirujías estéticas, el vino, el café, las joyas, los zapatos, las corbatas, los dulces, los perfumes, la elegancia, en definitiva, la imagen construida de modo obsesivo como síntoma y consecuencia de un carácter -la virtú- fuertemente singular y que ama la vida. Amor fati, en términos de Nietzsche. El artificio voluntario como respuesta a la indolencia antivital judeocristiana e igualitarista.
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