
***
Cito: Clase del 15 de enero de 1975 del College de France, Los anormales, M. Foucault.
1.
"La norma, por consiguiente, es portadora de una pretensión de poder. No es simplemente, y ni siquiera, un principio de inteligibilidad; es un elemento a partir del cual puede fundarse y legitimarse cierto ejercicio del poder (...) la norma trae aparejados a la vez un principio de calificación y un principio de corrección. Su función no es excluir, rechazar. Al contrario, siempre está ligada a una técnica positiva de intervención y transformación, a una especie de proyecto normativo."
Dice Ldf, "La norma"
No excluye.
No rechaza.
Sí nterviene.
Sí transforma.
2.
"Me parece que es un error a la vez metodológico e histórico considerar que el poder es esencialmente un mencanismo negativo de represión; que su función esencial es proteger, conservar o reproducir relaciones de producción. Y me parece que es un error considerar que el poder es algo que se situa, con respecto al juego de las fuerzas, en un nivel superestructural. Por último, es un error considerar que está esencialmente ligado a efectos de desconocimiento (...) Esta concepción de poder está construida, en realidad, a partir de cierto número de modelos, que son modelos históricos superados."
Dice Ldf, "El poder"
3.
"En efecto, ¿de dónde se toma esa idea, esa especie de concepción del poder para la cual éste pesa en cierta forma desde afuera, masivamente, según una violencia continua que algunos (siempre los mismos) ejercen sobre los otros (que también siempre son los mismos)? Del modelo o la realidad histórica de una sociedad esclavista. La idea de que el poder -en lugar de permitir la circulación, los relevos, las combinaciones múltiples de elementos- tiene como función, esencialmente, prohibir, impedir, aislar, me parece que es una concepción que se refiere a un modelo tambien históricamente superado, que es el modelo de la sociedad de castas."
Dice Ldf, "El poder"
No prohibe.
No impide.
No aisla.
4.
"Me parece que lo que el siglo XVIII logró crear (y la desaparición de la monarquía, de lo que se llama el Antiguo Régimen, a fines de siglo, es precisamente la sanción de esto) es un poder que no es de superestructura, sino que está integrado al juego, a la distribución, a la dinámica, a la estrategia, a la eficacia de las fuerzas; un poder, por lo tanto, invertido directamente en el reparto y el juego de las fuerzas. A mi juicio, el siglo XVIII introdujo también un poder que no es conservador sino inventivo, un poder que posee en sí mismo los principios de transformación e innovación. Y por último, creo que el siglo XVIII introdujo, con las disciplinas y la normalización, un tipo de poder que no está ligado al desconocimiento sino que, por el contrario, sólo puede funcionar gracias a la formación de un saber, que es para él tanto un efecto como una condición de su ejercicio.
Dice Ldf, "El poder"
- Es integrador.
- Es inventivo.
- Es transformador.
- Es innovador.
- Es formador de saber(es).
***
La concepción de poder foucaultiana visible en el concepto de normalización, y efectivizada a través de las disciplinas institucionales -escuela, ejercito, iglesia, empresa- es, básicamente, una gigantesca maquinaria productora de subjetividad. La cuestión de los "individuos peligrosos" del siglo XIX, en sus tres categorías, sean 1) monstruos -peligrosos para las normas de la sociedad-, 2) incorregibles -peligrosos para la domesticación del cuerpo-, 3) onanistas - peligrosos para la familia moderna- será capital en ese sentido. La pregunta, de este modo, es: ¿si efectivamente la maquinaria del poder normalizador disciplina y domestica, cuál es la condición de posibilidad para la existencia de estos individuos? Lejos de verlos como subjetividades que "escapan" a la red productiva del poder -formas de "resistencia"-, éstos son, en rigor, consecuencia o efecto también de determinado juego de fuerzas de poderes en pugna. De allí la idea de que el mismo poder que "normaliza" es el que "libera". No hay antítesis. Hay, para decirlo en términos de Agamben, bipolaridad, tensión. Guerra, como diría Nietzsche. Lo fascinante es porqué razón el poder produce subjetividades singulares -el monstruo, el freak, el "anormal", el perverso- que potencialmente pueden socavar los fundamentos del proyecto normativo. Quizá porqué el poder, como bien señala Foucault, es reticular, multipolar -cual placas tectónicas en movimiento perpetuo- y su fortaleza -esa extensión normativa/disciplinar- es, al mismo tiempo, su debilidad -la generación de individuos "peligrosos". Esa misma condición permite la existencia de las singularidades de lo freak.
***