***- La premisa básica del pensamiento nancyano es: "No tenemos un cuerpo, somos un cuerpo". El cuerpo es, para Nancy, sin embargo, una decantación tardía, una certidumbre confundida.
- El privilegio de la vista -o el oído- responden, a la jerarquización de la distancia y la mirada -o la escucha heideggeriana- en la tradición filosófica. La negación o el ocultamiento de los otros sentidos -que Onfray llamaría "bastardos"- implica el deseo por parte de la tradición a "olvidar" lo perecedero del cuerpo, lo precario-.
- La intrusión -el concepto de "intruso" de Nancy- de la tecnología (biotecnología) en el cuerpo está formando una "nueva carne". Un cuerpo que pierde su "naturalidad" mediante la proliferación de trasplantes, prótesis, cirujías, injertos, y otras técnicas médicas. Esta nueva configuración implica una nueva forma de subjetividad.
- Tal como marca Nancy en El olvido de la filosofía: "Nosotros somos el sentido". La experiencia del sentido se da en el cuerpo -esta nueva carne-. Por ende, el sentido es CON el otro, el sentido se da en el encuentro con el otro cuerpo. La idea de apertura -lo abierto que toma también Agamben- implica que la aparición del sentido requiere como condición de posibilidad al cuerpo como lugar de la existencia. La salida a la exterioridad.
- La identidad, entonces, es un "yo" vacío que no responde ya al concepto de adecuación. En cierto modo este "yo" será siempre, para Nancy, un "yo" con otros "yoes". Subsiguientemente, aquí aparece el concepto de comunidad, y "ser singular-plural".
Como vemos, el pensamiento de Nancy va de la atestacion del cuerpo al concepto de comunidad. En este sentido, tanto el cuerpo individual como el cuerpo social -la comunidad- se encuentran ambos en proceso de hibridación o, para decirlo en términos de Derrida, bifrontes. En este aspecto a la pregunta ¿quién es yo? la respuesta debiera ser que es alguien ajeno al sujeto de la enunciación -"Yo es otro", también-. Idea que Nancy toma a partir del trasplante de corazón al que fue sometido. La posibilidad de rechazo nos instala frente a una doble extranjería: en primer lugar, del corazón trasplantando que el organismo reconoce y ataca como ajeno; en segundo lugar, a la protección que la medicina propicia al trasplantado para protegerlo del rechazo de su propio organismo. Este yo, de este modo, es un extranjero permanente.
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2).
Partimos de la premisa que no hay temas filosóficos sino tratamientos filosóficos de cualquier tema. Creo en en la hipótesis de Onfray que toda filosofía -todo filósofo- genera sus conceptos -y sus tratamientos- en relación a cuestiones biográficas. Es evidente: el puritanismo de Kant, la tradición médica de (los) Foucault o el padre pastor protestante de Nietzsche así lo marcan en la concepción temática de sus obras, o bien como respuesta, o bien como superficie de combate.
Un filósofo constituye su corpus -valga la acepción nancyana- a partir de dos cuestiones: 1) la experiencia propia -la biografía, las prácticas, etc-, 2) las disciplinas que lo formaron, esto es, las categorías que dotaron a su entendimiento de contenido.
En mi caso, dividiría las cuestiones en dos planos: 1) prácticas/dispositivos, 2) estudios/saberes específicos. Hablamos, nuevamente, de poder/saber.
Como parto de un esquema que se propone ir a lo micro -el poder fibrilar de Nietzsche y Foucault-, en mi caso la cuestión sería así:
1) Prácticas/Dispositivos: 1) iglesia, 2) empresa, 3) gimnasio.
En este sentido, podemos plantear cartografías de estos dispositivos, verdaderas máquinas de producir subjetividades. La formación católica de la infancia -al igual que en Foucault o Nancy- inculcó en mi la propensión hacia las prácticas de subjetivación, los procesos rituales, la higiene, la disciplina, etc. Y también el fetichismo de la iconografía. En el caso de la empresa -el management- la cuestión adviene por imperativo paterno, luego consecuencia mía -hace diez años trabajo en empresas. Y el control es "alma" de la empresa. En el caso del espacio del gym -desde hace ocho años que voy de forma continua- es más bien una forma de ascesis, de ejercicio espiritual, o práctica de autoconstitución repetitiva. Ritual. Control. Rutina. Tres conceptos.
2) Estudios/Saberes: 1) cine, 2) vinos, 3) marketing.
La filosofía que desarrollo tiene en estas disciplinas -en las categorías que las dotan de sentido- materiales de reflexión -objetos, podríamos decir-, que estudié. El pensamiento de/sobre el cine -y lo visual, en general-, los vinos -e implica la máquna degustativa y hedonista- y el marketing -el dispositivo de la mercadotecnia que me tiene coptado desde hace unos cuantos años. En algún sentido, podemos hablar de tres dispositivos: 1) la máquina de visión pop -inc. la TV, el clip, etc., 2) la máquina hedonista, 3) la máquina de consumo. Visión, placer, consumo. Tres conceptos.
Tanto en las prácticas como en los saberes la cuestión del cuerpo está en el core. Tal como ya aclaré en reiteradas oportunidades.
Digo: las escuelas filosóficas de las que parto dan el corset desde el cual interceptar estas redes conceptuales, y son las siguientes: 1) Dandismo, 2) Hedonismo, 3) Nietzsche y los posnietzscheanos -Foucault, Derrida, Deleuze, Agamben, Nancy, Onfray-, 4) Libertarismo -la tradición anarco/capitalista norteamericana -de Thoreau a Ayn Rand.
Pero mi filosofía es pop: las referencias mías remiten a la tradición que inició Sócrates, por eso hago filosofía, pero está enmarcada en una economía de consumo cultural sistemático -de Warhol a Jeff Koons-. Por lo tanto, los pop icons hípercomplejos en su superficialidad -como Madonna o Lady GaGa- son tan relevantes para mi como Foucault o Agamben. En su momento denominé a mi pensamiento Hedonismo Crítico Contemporáneo -H.C.C.-. Pero se encuentra en revisión y work in progress. [Algo así como el "silencio crítico de Kant" es lo que estoy incubando para dar a luz un libro bisagra].