Wednesday, January 06, 2010

Porqué estudié filosofía

(a veces extraño a Julius)


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1.

Hay que decirlo con claridad: la gente que estudia filosofía no es normal. No está bien. ¿Por qué? Porqué se pregunta cosas y tiene necesidades que la mayoría de la gente no tiene ni se cuestiona. Lo más grave: ni nunca se cuestionará. Hay varias razones que delimitan cierto grado de anormalidad en el estudiante de filosofía y en los filósofos en general -basta leer la historia para notarlo-. En este caso, en mi caso, yo pienso describir lo que me pasó a mí.

2.

Alguien que estudia filosofía, en principio, no entiende, y quiere entender. Es alguien que no entiende NADA de la realidad, alguien a la cual la realidad lo sobrepasa, lo angustia, lo deprime, lo acosa, le impide vivir con alegría. Alguien que estudia filosofía es una persona desconsolada, solitaria, que sufre y algo melancólica. Es alguien con dificultades para relacionarse consigo mismo y con los demás, es alguien con problemas de relación, sobre todo de relaciones amorosas y afectivas. Y la filosofía opera, claro está, como una herramienta para "arreglar" lo real y la existencia, como una farmacopea para desintoxicarnos, como un par de anteojos que nos permiten ver bien, o como una sesión de spa que nos deja en un estado de relajación sabia.

3.

Yo entré a la carrera de filosofía en la Universidad de Buenos Aires en 1996 porque no entendía. No entendía nada de nada. No entendía la realidad, no entendía para que estaba, no entendía si iba a estar siempre solo, no entendía, punto. Sólo a pocas clases de cursar filosofía supe que eso que estaba viendo era lo más grande y perfecto que jamás haya hecho el hombre para sí. Digamos: para mi la filosofía fue EL SENTIDO -lo que para otros será la religión, el arte, la ciencia, la TV, la familia, las drogas o, que se yo, Ricardo Fort. Nunca olvidaré las primeras clases de filosofía antigua con Marita Santa Cruz y la demostración del sistema plátonico: WOW. Quiero "eso", pensé. ESO es el sentido, ahí todo funciona. Toda la realidad es genial. Luego, fue lo mismo con medieval -con Bertelloni-, con Moderna -con Caimi-, con Contemporánea -con el hoy senador Cabanchick-. Y las clases de Cragnolini sobre Nietzsche, los seminarios de Edgardo Castro sobre Foucault y Derrida -claramente, lo que más influyó en mi pensamiento y mi vida-, hasta las clases de Brauer sobre Hegel y Walton sobre Husserl. Todo bien acompañado con clases de alemán a las siete de la mañana en el Goethe Institut con geniales docentes austríacos que te hacían sentir en Köningsberg o Freiburg. En fin, era ESO. La filosofía eran diferentes soluciones al problema de la realidad. Y cada filósofo te decía su idea sobre todo. Vos, por tu parte, eras libre de elegir cual te gustaba, te cerraba más. Cual dotaba tu existencia de sentido y felicidad.

4.

Lo que quiero decir es que la filosofía es -y fue, desde la antigüedad en el siglo IV a.C- una terapéutica. Algo fácil de enunciar: una forma de vida consecuente con cierto pensamiento. En el fondo: una ética. La figura del filósofo, para mí, era la del héroe, es más, la del superhéroe. Nietzsche o Kant eran como Superman o Batman. Lo mismo. Valientes defensores del sentido, de SU sentido.

5.

Entonces, lo que (TE) pasa es lo contrario: la filosofía te transforma de a poco. Y si pocos años atrás -tan solo 5- NADA tenía sentido, ahora TODO lo tiene. Por eso, en mi caso, AMO lo real. Para mi la realidad es perfecta. Digo, la realidad es lógica. Y puedo deslizarme con amor y sensualidad, con placer y deseo por ella. Por ello filósofos como Nietzsche, Foucault o Deleuze son héroes para mi: ellos me enseñaron a amar la realidad, a no buscar paraísos, a no procurar soluciones extramateriales o trascendentes o utópicas. Me enseñaron a operar con lo real de la manera más inteligente y pragmáticamente. Porque nadie está afuera del sistema. Eso no existe. No. Por ende, la relación de lucidez y conciencia plena con lo real se llena de sentido y te das cuenta del poder que tenés sobre tu vida, sobre tus cosas, sobre tu DESEO. Que es lo único que importa. Y tus relaciones cambian, fluyen. Y cuando ves que estás haciendo lo que deseás, que estás gozando, que sentís placer, decís "gracias, filosofía". Te lo debo todo. Ya Heidegger decía en sus juegos de palabras que la raíz de pensar -en alemán- es la misma de agradecer: denken/danken. Pensar/agradecer.

6.

Por eso es que tu vínculo con la realidad muta y se transforma cuando mirás todo con el gran angular de la filosofía. Y más aún cuando, como decía Deleuze, creas conceptos, creas tu estilo de pensar y de vivir la vida. Ahí todo, de a poco, se hace GRANDE. Arte de pensar, arte de vivir. Entonces te das cuenta que la filosofía es, y fue, lo mismo de siempre: un arte de vivir. Un arte de vivir con plena conciencia de las coerciones, poderes, contrapoderes, negociaciones, etc. Pero un arte de saber sacarle el jugo al resquicio de libertad que existe. Y te das cuenta que los espacios de libertad SE GANAN. Están ahí, a disposición de todos. Sólo que la mayoría de las personas tienen miedo, tienen temor. Se asustan de sí mismos. Optan por cierta esclavitud bienpensante. Se "dejan de lado".

7.

Finalmente, llega el paroxismo. ¿Estudiaste filosofía, de qué vas a vivir? De la filosofía. Y te das cuenta como, efectivamente, vivís de la filosofía -en sus diferentes variantes, bucles, cambios, presentaciones-, pero vivís, digo, comés, te vestís, no te privás de cosas -porque jerarquizás lo que más te importa y desechás lo que no te interesa. La filosofía no necesariamente es intra claustros, intra universidad. No, quizá la mejor, la única forma de filosofía es la forma que toma tu propia vida. La filosofía siempre se hizo en el ágora de su tiempo. Y hoy el ágora es esta: los blogs, las redes sociales, internet. Pero lo más fuerte es que ahí, entonces, ves que vivir de la filosofía es real. Y que la realidad, que carecía por completo de significado, hoy es una preciosa celebración de la existencia que no querés perderte, y querés vibrar con tus sentidos, y gozar. ¿Cómo no amar a Nietzsche, a Foucault, a Deleuze? Ellos fueron lo que nos dieron esa mirada y ejemplo de vida lúcida -a veces pesimista, a veces optimista- que en su resquicio más fuerte sabe que el poder que tiene el cuerpo sobre lo real es radical. Como decía Spinoza "nadie sabe lo que un cuerpo puede". Y mucho menos lo que un cuerpo vive. Viva todo. Ahora sí: todo tiene sentido.

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