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Hay varios Rosé de Syrah excelsos (por citar, el de Santa
Julia, Familia Zuccardi) o de Malbec notables (el finísimo y floral de
Chakana Wines o el majestuoso de
Alamos, Catena Factory). Pero Chandon -en su línea Latitud 33°- se despachó con un Pinot Noir
Rosé 2007. No hice un estudio exhaustivo pero tengo la impresión de que debe ser el único Rosé de Pinot local. Por cierto,
acá un interesante excurso sobre el proceso de vinificación del rosado -que suele prestarse a confusión.
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Ahora
todo entre corchetes. ¿Quedá claro?
[Me interesa un
issue.
Haré, digamos, un ejercicio mental -al estilo de los ejercicios de los estoicos-, una suerte de
meditatio o examen de conciencia cuyo objeto plástico es mi
yo -y mi discurrir.
1)
Desde el año pasado que comenzamos con la propuesta de filosofía & vinos, sea en seminarios mas rigurosos o en su variante más lúdica y experimental bajo el ala del concepto de
Cata de Ideas -en pos de una identidad para mi escuela de filosofía, pero también como consecuencia de mi formación- que encuentro mejor eco en el ámbito enófilo/sommelier/gourmet que en el cultural. Y me resulta curioso -aunque gratificante.
2)
Básicamente, soy un filósofo, no un sommelier -si bien hice cursos breves en la
Escuela Argentina de Sommeliers y tengo inconclusa la carrera de sommelier de cava. Lo raro es que la recepción de mi propuesta filosófica tiene mejor acogida en el mundo gourmet que en el mundo cultural. Sólo por mencionar:
In Vino Veritas Tienda Gourmet,
Revista JOY, el
Diario Crítica -en sus vertientes gourmet y snob-
, Cava Argentina, Finca Las Moras y la
Revista Gata Flora vieron o descubrieron cierto valor o innovación en lo que propuse y llevé a la práctica. Más allá del valor -en el cual confío ciegamente-, o incluso de mí mismo como emprendedor, creo, es un buen disparador para desentrañar cierto dispositivo del medio cultural local -de su reactividad y conservadurismo. Un medio que, claramente, no se caracteriza por la innovación ni la búsqueda de espacios de creatividad y libertad -salvo honrosas excepciones, por citar algunas:
Eterna Cadencia,
Crack Up,
Capítulo 2,
Entropía o
Teseo-. Creo que la cuestión apunta a prejuicios que se cimentan en "valores" de cierta
progresía, en términos nietzscheanos, débil y reactiva. Ellos son: 1) apatía 2) carencia de capacidad de goce 3) asociación de la innovación a la falta de espíritu crítico -insólito, ¿no? pero es así- 4) ignorancia 5) concepción de la "crítica" como algo pasivo, externo e imposibilidad de entenderla como "diseño", esto es, como generador de conceptos inéditos y espacios de resistencia desde "lo mismo -ya que no hay afuera 6) utilización de categorías perimidas para pensar el mundo 7) desconocimiento de los empredimientos culturales contemporáneos -sea en Estados Unidos o Europa. Creo que es bastante, pero podría seguir. El
mondo cultural o literario local es, en gran medida, un páramo. Otros términos podrían ajustarlo: envidia o impotencia, son dos de ellos. Ni hablemos de programa estético o proyecto intelectual -porque te tratan de snob sin siquiera conocer el origen del término snob (léase:
brutos).
3)
De modo que la recepción de otras geografías, en este caso particular, la gourmet/enófila -pero podría ser la de la moda, el diseño, etc- muestra lo desértico de nuestra "idea de cultura". Y, subsiguientemente, la amplitud de la "idea de cultura" de otros sectores que se dejan nutrir por otros contenidos.
4)
A nuestra
intelligentsia local le falta ponerse a tono y dejar de pensar con categorías del resentimiento. Categorías dicotómicas. Categorías cuasi ilustradas, en el mejor de los casos o, disciplinadas -al decir de Foucault-, en el peor de ellos. Le haría falta, de ahora en más, una buena inyección que permita la erradicación de cierta esclerósis paquidérmica. Además de dejar de marginar a ciertos sentidos (gusto, olfato o el tacto) como bastardos. En el fondo, digámoslo, siguen siendo platónicos, y no se dan cuenta.
5).
"Chin. Chin"].
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