1.
Como lo dijo con más sencillez el mismo Foucault en una entrevista de 1977: "siempre hay dentro de nosotros un algo que combate a otro algo".
2.
Ahora bien, entre las cosas que expresamente deseaba combatir estaba "el fascismo que hay dentro de todos nosotros". Como concede en el último capítulo de
La voluntad de Saber, una "exaltación onírica" del "derecho ilimitado de una monstruosidad todopoderosa" vincula los placeres obsesionados con la muerte del marqués de
Sade con los campos de muerte de los nazis.
Había que conseguir una delicado equilibrio. Porque por una parte "el gran experimento de Sade", como dijo Foucault en una entrevista de 1973, fue "introducir el desorden del deseo en un mundo dominado por el orden y la clasificación". Una consecuencia filosófica de este "gran experimento", según Foucault, fue "la disociación del ego, por lo menos en el sentido como se entiende el término desde Descartes en adelante".
3.
Pero Sade no fue bastante lejos. Es una figura transicional, configurada por la clásica
Edad de la Razón, aunque inauguró nuestra contracultura moderna afirmada en la "ficción" y la "experiencia-límite".
Como explica Foucault en una entrevista de 1975, Sade continuó atrapado en una visión convencional del cuerpo como jerarquía orgánica (...) "Sade permaneció fijado en el sexo genital, y formuló entonces "un erotismo apropiado para una sociedad disciplinaria: una sociedad regulada, anatómica, jerarquizada, con tiempos cuidadosamente asignados, espacios controlados, deberes, vigilancias".
"Se trata de escapar a todo eso", decía Foucault en 1975, a su regreso de California: "Es necesario inventar con el cuerpo -con sus elementos, sus superficies, sus volúmenes, sus honduras-
un erotismo no disciplinario: el de un cuerpo, sumergido en un estado difuso y volátil gracias a encuentros casuales y placeres incalculables".
Este "cuerpo desorganizándose a sí mismo", sería "el opuesto del sadismo".
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Julien Offroy de La
Mettrie fue un filósofo materialista, ateo, hedonista y libertino del siglo XVIII- contemporáneo a Kant. En el prólogo de
El arte de gozar -exquisito libro publicado por la Universidad Nacional de Córdoba- Jordi Riba y Miquel Pujadas señalan que La Mettrie es la contracara de Sade. Si el placer en Sade conduce al crimen, la crueldad y la muerte, en La Mettrie conlleva a la amistad, el erotismo solar, festivo y la celebratorio.
Asi comienza
El arte de gozar -previa cita de Lucrecio-:
Placer, Maestro soberano de los hombres y de los dioses, ante quien todo se desvanece, incluida la propia razón, sabes cuánto mi corazón te adora, y todos los sacrificios que te ha dispensado. Ignoro si mereceré ser partícipe de los elogios que te concedo; pero me creería indigno de ti, si no me preocupara por asegurarme tu presencia, y por darme cuenta a mí mismo de todos tus favores.
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Lo que Foucault plantea, en cierto punto, es la deconstrucción del cuerpo (de sus jerarquías) y un vínculo sexual -y de los placeres- innovador. Algo que trabajaría hasta el 4° tomo de la Historia de la Sexualidad -La pastoral de la carne, inédito-.
Un poder que no normalice. Un placer que no discipline. Foucault tenía la respuesta, y se la llevó a la tumba -o es un desafío nuestro pensarlo.