
Deconstruyendo el mito blanco.
En el año 1971 Jacques Derrida publica un texto en la revista Poétique cuyo título es La mitología blanca. La metáfora en el texto filosófico. El artículo de Derrida, que más tarde formaría parte del libro Márgenes de la filosofía, plantea una cuestión emblemática en la historia de la razón occidental: la relación del logos con el mythos. A propósito de ello, el filósofo aborda la problemática de la metáfora y el uso metafórico en los textos de la tradición filosófica, cuya pretensión de verdad resulta rectora en el discurso metafísico. Sin embargo, el texto derridiano parece alumbrar algo pocas veces planteado o bien directamente ocultado en la tradición: la idea de una centralidad blanca -racial- en el discurso filosófico. El propio Jacques Derrida es un filósofo africano -nacido en Argel-. Un filósofo cuyo pensamiento puede verse como el despliegue de una racionalidad que pone en evidencia el vivo retrato del pensar desde el margen, desde el límite o el borde de lo racionalizable. Esa condición de africano -y judío- es lo que lo posiciona frente a la tradición de la filosofía francesa -y de Europa Continental- de un modo particular y peculiar. Y esa condición liminar será lo que abre otra dimensión que permite comprender mejor el porqué de cierto esteticismo escriturario en su filosofía o de su perpetuo combate contra las jerarquías conceptuales -en el fondo, una postura política de un filósofo africano que hereda el acervo europeo. Subsiguientemente, quizá Derrida haya sido el primer filósofo contemporáneo en permitirnos abrir una condición de posibilidad de pensar "lo otro de la razón occidental blanca". El "sistema" de análisis derridiano se corporiza a través de cierto linaje que viene de Husserl y Heidegger. Tanto el concepto de Abbau (desmontaje) como de Destruktion (desarmado) de los conceptos de la ontología occidental resultan centrales para el advenir de la deconstrucción filosófica. Lejos de un método o de un análisis, la deconstrucción es una estrategia de lectura y generadora -cercenadora- de sentido en los textos filosóficos de la tradición. Es una operación en el texto filosófico que desactiva los pares binarios metafísicos colocando, en primera instancia, el par dominado en el centro, pero evitando la cristalización. Derrida pareciera decirnos que la inmensa paleta conceptual de la metafísica occidental a procedido por pares binarios dicotómicos y excluyentes: razón/mito, bien/mal, hombre/mujer, paz/guerra, voz/escritura, alma/cuerpo, blanco/negro. Cada uno de los cuales tiene una relación de privilegio, presencia y dominio sobre el par secundario. De este modo, la operación deconstructiva consistiría en desactivar este par demostrando textualmente y lógicamente que ambos pares, en rigor, están "contaminados" desde el origen; es decir, poniendo en la superficie que ninguno excluye al otro y que siempre existen atributos de uno en el otro. No habría, en este sentido, una pureza del origen. Esta será la tesis que el propio Derrida manifiesta en La mitología blanca: "La metafísica -mitología blanca que reúne y refleja la cultura de Occidente: el hombre blanco toma su propia mitología, la indoeuropea, su logos, es decir, el mythos de su idioma, por la forma universal de lo que todavía debe querer llamar la Razón. Lo cual no ocurre sin lucha (…) Mitología blanca -la metafísica ha borrado en sí misma la escena fabulosa que la ha producido y que sigue siendo, no obstante, activa, inquieta, inscrita en tinta blanca, dibujo invisible y cubierto en el palimpsesto". Ejemplo radical del deconstructivismo: mostrar que la razón blanca ha borrado lo que de mito portaba y construido a partir de ello su preeminencia y su diferenciación respecto de otras formas racionales. La filosofía, entonces, no será sino una modalidad mitológica del hombre blanco occidental, luego potenciada por la subjetividad ilustrada moderna. En este sentido, el comienzo de "la historia de la razón", excluyendo las culturas asiáticas o africanas es una clara manifestación de la operación de privilegio de esta situación.
De este modo, no resulta casual que la filosofía derridiana haya sido la desencadenante de varias corrientes de pensamiento contemporáneas que colocan la lupa y despliegan su lógica en cuestiones antes no analizadas -y que suelen verse como reivindicaciones o nuevas alternativas: desde la teoría queer al posfeminismo, pasando por la teoría literaria y la arquitectura posmoderna o la teoría del hípertexto -la lógica de redes-. En este mismo espacio aparecerá hacia fines de los años sesenta y comienzos de los años setenta lo que se ha denominado filosofía postcolonial -con teóricos tales como Edward Said y Homi K. Bhabha- y, más específicamente, la filosofía negra, en sus variantes, sea africana o afroamericana.
El margen en el centro.
La filosofía afro/americana, en este sentido, es un ejemplo cabal de "lo Otro" de la razón blanca occidental. Sin embargo, su historia reviste ya un corpus sólido y vigoroso, así como heterogéneo, que posee nombres propios con peso específico y conceptos originales, algunos de ellos son: W.E.B. Dubois, Frederick Douglass, Martin Delany, Frantz Fanon, Malcom X, Emmanuel Chukwudi Eze o Paul D. Miller (también conocido como DJ Spooky).
La antología African Philosophy (1998), compilada por el filósofo afro/americano Emmanuel Chukwudi Eze, se constituye como un libro central para comprender las cuestiones o nudos claves del pensamiento afro/americano. En el mismo, hay un texto del investigador Henry Olela en el cual se pone en evidencia -de modo muy derridiano- las raíces africanas -particularmente, egipcias, etíopes- de la filosofía griega. Olela emprende un trabajo conceptual tan significativo como lúcido donde demuestra las marcas africanas en prácticamente todos lo filósofos presocráticos -Tales, Anaximando, Anaxímenes, Pitágoras o Parménides-, pero también en Platón y Aristóteles -ambos fuertemente influidos por maestros egipcios. La operación del texto, de este modo, termina desmontando el supuesto corte histórico y conceptual que Grecia hacía con respecto a las civilizaciones anteriores -algo que es muy marcado, por ejemplo, en la historia de la filosofía de Hegel, dónde el pensador descalifica de un modo tajante otros pensamientos por fuera del Occidental y blanco.
El pensador antillano Frantz Fanon probablemente sea uno de los referentes centrales en el pensamiento negro, particularmente, gestor medular del pensamiento poscolonial. Los condenados de la tierra (1967) es un texto fundante de las claves de esta tradición. Avalada por Jean Paul Sartre -la primera edición del libro tenía un prólogo del pensador francés-, la filosofía de Fanon enfrenta la problemática de la descolonización como una cuestión binaria. Todo el texto pareciera articularse en pares dicotómicos, así como en la forma de desactivarlos. En un punto, la dominación de la mano blanca dispara una serie de estructuras sociales y culturales que tornan a los negros pobres y separados. Esta lógica de separación, de segregación, que será lo prototípico del colonialismo y el esclavismo implica un esquema de jerarquía y privilegio de determinado orden racional que se manifiesta incluso en las construcciones filosóficas.
El 4 de Abril de 1964, en la misma línea de argumentación y compartiendo un espíritu similar al de Fanon, Malcom X conceptualiza dos tipos de afro/americanos en un discurso que se conoció como The Black Revolution Speech. Según el líder negro habría dos grupos claramente diferenciados: por un lado, aquellos que se miran a si mismos como pertenecientes a una minoría y ven a los blancos como una mayoría -limitando su visión a la sociedad americana-, por otro lado, los que se ven como una mayoría y a los blancos como una minoría -abriendo su espectro de visión al mundo entero. En este orden de cosas, para Malcom X la liberación y los derechos de los negros vendría de la mano, necesariamente, de una revolución violenta y separatista. Lejos de la discursividad integradora y pacífica de Martin Luther King, la cuestión implicará el tomar conciencia de una pertenencia cultural mayor que coloca a Africa como el lugar mitológico, pero a América como el territorio pasible para lograr esa subversión, liberación y revolución. Revolución que sería violenta. En este marco, Estados Unidos proporcionaba mayores posibilidades para el desarrollo y crecimiento de movimientos abolicionistas por su potencial económico y cultural. De esta manera, se abrían dos grandes corrientes en la filosofía afro/americana: la integracionista y la separatista.
Esta misma idea es planteada por el filósofo político Bernard Boxill en su artículo Two Traditions in African American Political Philosophy. De acuerdo a Boxill, estas líneas encarnadas por Malcom X y Luther King responden, a su vez, a los planteos teóricos de dos grandes pensadores abolicionistas del Siglo XIX: Martin Delany y Frederick Douglass. Las diferencias entre Delany y Douglass son estratégicas pero ambas apuntan a la misma finalidad: la igualdad de derechos y descolonización. El separatismo e integracionismo, según Boxill, implica en el fondo diferencias sustanciales respecto del plano moral y en su concepción de la naturaleza humana. La visión separatista de Delany y la integracionista de Douglass marcan distancia en tanto que la primera no considera que haya puntos en común con los amos (blancos), mientras que la de Douglass sí encuentra potenciales elementos integrados de encuentro, en el fondo, éticos.
Obama: más allá de integración o separatismo.
La reciente victoria de Barack Obama en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos, indudablemente, marca un quiebre en determinada lógica cultural. Independientemente, de los cambios efectivos en las esferas de poder, la cuestión es lo que Obama encarna. Los valores de Obama, en primera instancia, se encuentran bien lejos de los valores representados por George Walker Bush. No sólo cayendo en la obviedad de la diferencia entre un perfil "progesista" o "liberal" contra una moral "conservadora" o "republicana". Yendo más allá, es el cuerpo, el discurso y el contexto lo que hacen a Obama tan singular. La pregunta será si Obama es la consecuencia del despliegue de los movimientos intelectuales y políticos de la historia del black power -sea en la línea separatista de Malcom X o en la línea integradora de Luther King-. Es evidente que en su discurso no hay radicalidad ni violencia. Hay integración, y de todas la minorías: hispanas, asiáticas, gays. Su discurso de la victoria es un marcado ejemplo de la lógica integradora manifiesta. Si bien todo parece indicar que el gobierno de Obama se regirá por la línea del clintonismo -el nombramiento de Hillary como Secretaria de Estado es un signo mayor-, no menos cierto es que también existen otras huellas que lo colocan como bisagra.
La lógica deconstructiva, la matriz de un filosofía postcolonial y de un pensamiento negro pareciera concluir colocando a Obama en el poder. Sin embargo, la "cuestión Obama" es mucho más compleja: es mestizo -no es 100% negro-, pero nació en Hawai y tiene una abuela kenyata. Es egresado de Harvard y, según Noam Chomsky, es otra modalidad de Bush. Obama parecería estar encarnando una lógica superadora de la querella entre aquellos pensadores negros que planteaban la asimilación a la sociedad norteamericana (Douglass, Luther King) y de los que reclamaban la separación radical (Delany, Malcom X). Obama parece ser más un hijo de la tendencia evidente de la racionalidad negra con la tecnología. Pariente de una dinámica similar a la empleada por los artistas de hip hop -desde Afrika Bambaataa a DJ Spooky- que se apropiaron de la tecnología para crear su propia manifestación sonora, Barack Obama hizo de Facebook y las redes sociales su lugar, su territorio, desde donde construye potenciales votantes, ciudadanos norteamericanos que nunca habían ejercido de su derecho. La clave de Obama, en algún sentido, parece poner en la superficie la innovación de un entramado social que ha despertado una euforia y expectativa desmedida quizá por esta modalidad innovadora.
La historia del black power es, de alguna manera, la historia de la reivindicación de todas las minorías. Que Barack Obama sea el primer presidente negro de la historia de USA es un dato mayor. La lógica cultural, social y simbólica que encarnaba George Walker Bush acaba de morir para ver nacer otra lógica radicalmente distinta. Los Black Panthers, Muhammad Alí, Malcom X y Luther King, pero también el rapper Chuck D. de Public Enemy, muestran que la razón negra tiene su genealogía, así como lo hizo Frantz Fanon en Los condenados de la tierra. Los virajes históricos, en algún punto, implican repensar ciertas categorías de "justicia" que fueron devaluadas luego de la caída de todos los grandes valores de la modernidad ilustrada. Sin embargo, parece ser justo que Obama sea el presidente de los Estados Unidos. Volviendo al comienzo, es aquel concepto puesto en funcionamiento por Jacques Derrida en La mitología blanca: nuestra razón blanca, nuestra historia, se mueve epocalmente al margen -se deconstruye. Allí, es que todo parece tener mayor sentido, y la historia que daban por muerta se muestra más viva que nunca.
(nota que iba a ser publicada en ADN Cultura).
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