
Enfrentarse a la imagen y la figura de Ricardo Fort, lejos de lo que parece, suele traer más malos entendidos que obviedades. Claro está, lo obvio en Fort es nítido y lo que más resalta de su superficie: una suerte de Paris Hilton versión testosterónica de un país periférico y en desarrollo del sur de América Latina como lo es la Argentina. Su exhibicionismo -el rasgo más marcado- no es lo más interesante: es la consecuencia lógica de tamaña construcción adrede de su imagen. Una construcción que hasta tuvo leitmotiv musical en su entrance: el "I know you want me" de Pitbull. Por otra parte, el exhibicionismo, el muestrario de su discurrir vital, de su acting, de su existencia performática es lo que podríamos decir con Paula Sibilia: la intimidad como espectáculo. El blog televisado, o su devenir en una red social gigante -efectiva en su Twitter o en su fanpage de Facebook con más de 161.000 fans- y en permanente constitución delatan la plasticidad de su subjetividad. Habrá que decirlo: Fort es la primera figura mediática surgida de la web 2.0 en la Argentina.
Desde mi óptica, Fort captó a la audiencia -del programa de Marcelo Tinelli, con picos de 40 puntos de rating- por 5 características o atributos que quiero detallar.
1. Lo aspiracional.
La clave de Fort es que es espejo; como Narciso que es, permite que el espectador encuentre fascinante lo ominoso: coronado con su interpretación dantesca/grotesca haciendo de un Ernesto Ché Guevara patovica cantando una pieza del musical Evita como punto altísimo. El espectador medio indubitablemente encuentra cierto rasgo en el cual puede remitirse. En este aspecto, la gran distancia -económica, social- lejos de separar, une, conecta, vincula.
2. Lo corporal.
Lo obvio: su bodybuilding californizado, su healthism, las intervenciones estéticas, los tatuajes, su preciosismo perfumístico. Su fashionismo mersa -vía Miami- y menemista. Ahora bien, también y quizá lo más fuerte de Fort sea que hace de su debilidad su fortaleza. Su dandismo berreta es selfashioning, es decir, adaptable y netamente funcional. Su ocio no es subversivo sino inseparable de su "trabajo". En eso, Fort deja muy nítida la diferencia entre el dandy -rebelde, irónico, sin nobleza ni riqueza- y el playboy -funcional, misógino-. Una GRAN differánce. Y la audiencia ve al playboy como el complemento perfecto de sus miserias amorosas.
3. Lo sexual.
Su ambigüedad es patente. Pero no tanto. Sus hijos concebidos de forma no tradicional, su familia disfuncional, el mito del padre castigador y autoexigente y la identificación patológica con la madre -el clisé del gay- no revelan tanto como su permanente ir y venir con sus novias, su cuerpo de seguridad sacado de una KGB irrisoria o sus modelos reprendidos.
4. Lo cosmopolita.
Fort canta bien, habla muy bien el inglés, tiene criterio y cuida su cuerpo de modo saludable -ejercicios y alimentación-. Fort no es un mediático tradicional, lejos de otras figuras mediáticas cuasi marginales, dementes o de estamentos sociales bajos -caso de Zulma Lobato-, Fort ha construido su Rosebub, cual Citizen Kane de Orson Welles, es decir, de una manera inteligente: a través del ágora del siglo XXI: internet, las redes sociales. Un personaje que primero estuvo en la net y luego llegó a Tinelli. Su "tinellización", en este caso, no fue solo masificación sino diversificación.
5. Lo vulnerable.
En su website podemos ver la radiografía de su rotura de meniscos; quizá lo más sugerente de Fort sea que también muestra su aspecto vulnerado, su lado menor. El hecho de ser millonario no lo inmuniza en lo sentimental y lo mortal. Y eso es una ventaja.
Conclusión.
Que la figura de Ricardo Fort haya sido el personaje de los medios de este 2009 de la Argentina no es un signo de decadencia, ni de grosería, ni de brutalidad, ni descenso de la educación ni de caída de ninguno de esos conceptos grandilocuentes vacíos -con olor a naftalina- que siempre se ponen en boca los intelectuales atrasados del siglo XX -por caso, José Pablo Feinmann-. Fort es una consecuencia, es un emergente, lógico y hasta saludable de una nación quebrada y que sólo ve en la "cultura del empredimiento propio" una salida. Fort es una empresa en sí mismo -más allá de su firma-. Para decirlo en términos de Michel Foucault, podemos pensar que Fort es un "hombre infame". Un producto de tensiones, de fuerzas. Pensar la "basura mediática", hacer del trash de lo mainstream un objeto de análisis, debería ser visto como el primer paso para considerarse una persona seria. La "boludez" de Fort es necesaria y hasta un consuelo de nuestras existencias controladas y disciplinadas. Quién sabe si "la solución Fort" no sea sino hasta una idea a considerar con otros usos.
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