
Michel Onfray parece haber vuelto de la mejor manera en su nuevo libro editado en español -La comunidad filosófica (Gedisa).
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Vuelvo a Onfray.
Dice el filósofo que habría dos formas de relación de los filósofos con el poder. 1) Una, que va de Platón a Sartre 2) Otra, que va de Diógenes a Foucault.
En la primera, el filósofo se coloca en el centro de las aristas del poder estatal, el filósofo-rey o el filósofo "comprometido con causas dogmáticas".
En la segunda, el filósofo le pide "Alejandro que se corra para que no le tape el sol" o se torna crítico del aparato estatal y de todo tipo de dogmatismos ideológicos.
Vuelvo a Onfray (2).
El filósofo cuenta los principios y la modalidad en la que constitúyó la Universidad Popular de Caen. Un caso de éxito filosófico rotundo -un emprendimiento filosofal. Su propia escuela de filosofía dónde dicta sus clases replicando la lógica de las escuelas de la antigüedad, particularmente, el Jardín de Epicuro. Su crítica hacia la Universidad y el café filosófico -como falsa alternativa divulgativa y populista frente a la filosofía académica- es extraordinaria. Así como sus lapidarias frases hacia los libros de "falsa filosofía práctica", al estilo de Lou Marinoff u otros gurues mediáticos. La solución es clara: las escuelas de filosofía democráticas, populares, inclusivas, sin certificaciones. Abiertas a todos los que quieran pensar y vincularse con un pensamiento solidario con la sensualidad del existir. Un lugar dónde filósofo es quien vive de acuerdo a sus principios, no un mero exégeta. Alguien que, simplemente, vive como piensa. Una estética de la existencia, en acción.
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