En los últimos años la publicación de un conjunto de libros parece estar demarcando un ángulo innovador en la forma de pensar la cultura popular. En este heterodoxo corpus se encuentran los textos de Steven Johnson (Everything Bad is Good For You. How Today’s Popular Culture is Actually Making Us Smarter), el lanzamiento de la colección Popular Culture & Philosophy dirigida por William Irwin, la traducción en español de Personas en Loop, primer libro del pensador alemán Diedrich Diederichsen o el lanzamiento del primer libro del DJ norteamericano Paul D. Miller, alías DJ Spooky (Rhythm Science). De alguna manera, estos libros están ofreciendo una aproximación inusual a la cultura de masas. Cultura reflejada en el éxito a nivel rating de series de TV como 24, The West Wing, Los Soprano, ER o Seinfeld, en la llegada al top de los charts de bandas pop virtuales como Gorilaz o del éxito taquillero de blockbusters cinematográficos como El señor de los anillos o Matrix.
Efectivamente, hubo un tiempo donde la cultura popular (TV, cine, música pop) era vista como una inmensa maquinaria que desarrollaba estrategias tendientes a lograr o constatar la pasividad del receptor. Diversas teorías estéticas y culturales veían en los diferentes productos culturales ejercicios que iban desde la intrascendencia frívola a la dominancia de un discurso propagandístico. Las series exitosas de televisión, por ejemplo, eran sinónimo de aburguesamiento y consumismo cultural. Series lineales y obvias, con tramas y giros previsibles. El arquetipo del televidente apoltronado y sin el menor estímulo intelectual resultaba unánime en los análisis. Sin embargo, las series de TV, los grandes tanques de Hollywood y la música pop ya no son lo que eran. Algunos signos parecen estar cambiando radicalmente en el horizonte de la cultura pop. Pareciera que la industria cultural se vuelve contra sí misma o bien que su lógica de consumo y recepción ha virado por completo.
Filosofía para las masas
La cultura popular también sirve para pensar. Los productos de la cultura pop han perdido la transparencia, linealidad y sistematicidad de otrora y, por otro lado, han ganado en estructuras densas e hipertextuales.
La colección Popular culture & Philosophy dirigida por el filósofo William Irwin aúna en su catálogo relaciones de diversos productos culturales como Matrix, El señor de los anillos, Harry Potter, Seinfeld, Los Soprano o Star Wars con la filosofía. Los libros dirigidos o escritos por Irwin son exquisitos intentos por vincular fenómenos de la cultura pop, en apariencia ajenos al trabajo intelectual, con teorías del pensamiento contemporáneo. Esta exitosa colección ya lleva doce títulos publicados y cuatro en preparación. Sus temáticas se tornan cada vez más diversas y exceden el espectro de filmes, series de TV o bestsellers para pasar al ámbito de los deportes o hasta las dietas del Dr. Atkins.
De acuerdo al enfoque de Irwin películas como Matrix o El señor de los anillos dan muestra de su complejidad en el contenido y la construcción. Historias cruzadas o múltiples, personajes en cantidad que aparecen y desaparecen se dan la mano con esta visión. El volumen de Matrix y la filosofía reúne unos cuantos artículos de pensadores articulados de acuerdo a ciertas esferas de interés, como la estética, la mística, el conocimiento o la política del film de los Hermanos Wachowski. A propósito de Matrix Irwin señala en el prólogo: “Los filósofos ven su filosofía favorita en esta película: existencialismo, marxismo, feminismo, budismo, nihilismo, postmodernismo. Señala tu ismo favorito y lo encontrarás en The Matrix (…) ¿Por qué escribimos sobre productos de la cultura pop como The Matrix? Porque esto es lo que la gente es. The Matrix no pertenece a los clásicos de Occidente, pero sin embargo se hace las mismas preguntas que las grandes obras literarias (…) La filosofía está en todos lados; esto es lo que importa y puede iluminar la vida de cada uno; como The Matrix, nos rodea”. Efectivamente, la cultura nos envuelve, es parte de nuestra vida cotidiana. De alguna manera, lo que plantea Irwin a propósito de Matrix es la necesidad de pensar la pop desde su lógica inmanente, no desde un afuera trascendente. Cuando la cultura clásica parece absorberse en la cultura popular y los límites se diseminan, entonces las preguntas que otrora pertenecían a pocos hoy forman parte de todos por igual.
Una televisión hipertextual
En esta sintonía se encuentra el estimulante libro del investigador Steven Johnson Everything Bad is Good for You. How Today’s Popular Culture is Actually Making Us Smarter. Johnson se dedica a diseccionar diferentes series exitosas de TV entre las que descollan 24, The West Wing o Los Soprano. A través de un entramado que parte de premisas de las ciencias cognitivas, la sociología, la psicología y la teoría textual se muestra la evidente de evolución de estas series respecto de las de los años 80’s. Este cambio no sólo estaría poniendo al espectador ante exigencias cognitivas y de lectura sino ante verdaderos cuestionamientos respecto de la asentada pasividad del televidente. Una serie como 24 llega a desarrollar en forma simultánea hasta doce hilos narrativos indagando en la psicología de los personajes con minuciosidad. De la misma manera, en The West Wing poco sabemos hacia donde nos llevan esas historias cruzadas o plots, cambiando la pregunta central del ¿cómo terminará? al ¿qué esta pasando realmente? Esta no linealidad de las exitosas series lejos está de los preconceptos respecto de la inacción de la TV. La serie 24 da cuenta de una televisión que exige cognitivamente al espectador; éste tiene que switchear permanentemente frente a los diferentes recuadros que se intercalan en medio del tiempo “real” en que transcurre del capítulo. Una palabra no escuchada o una imagen no vista en detalle posiblemente obture el entendimiento de lo que está sucediendo realmente. Según Johnson es un ejercicio interesante sentarse a ver un capítulo de Dallas y luego uno de 24 para comprobar la radicalidad del planteo y la exigencia cognitiva de la nueva serie. 24 resulta tres o cuatro veces más compleja que Dallas. La red de relaciones, el mapa de conexiones entre los personajes y las diferentes narrativas que se generan, es incomparable de una serie a la otra. 24 parece funcionar como un hipertexto, con la lógica de diferentes links donde se ingresa y se vincula con lo próximo o lo anterior. Según Steven Johnson el modelo de la web parece estar presente en la estructura de las nuevas series de una manera antes no vista.
La complejidad de 24 hasta incluso se verifica en su línea argumental; fuertemente criticada por su legitimación de la tortura, 24 pone en escena situaciones de extrema violencia tanto psíquicas como corporales. Pero la legitimación o el carácter heroico del protagonista Jack Bauer (eje de la ficción) como agente especial de la CTU (Unidad Anti-Terrorista), está dando muestras que las variables dicotómicas tradicionales (bueno/malo) no son tan claras como antes o bien hasta que punto el héroe tiene métodos moralmente intolerables que colocan al espectador frente al cuestionamiento de su proceder. De hecho, la serie no glorifica la tortura; la muestra ascépticamente, como algo incorporado, asumido. Los claroscuros argumentativos son correlativos a la exigente estructura narrativa.
La lógica del DJ
Desde otro nivel Diedrich Diederichsen en Personas en Loop analiza la idea de biopolítica desarrollada por Michel Foucault y Giorgio Agamben a partir de las performances de Britney Spears. Diederichsen considera que los productos pop pueden ser puntos de partida más que sugerentes e interesantes para plantear conceptos. La tesis de Personas en Loop estaría en las antípodas de los planteos de la escuela de Frankfurt; es decir, las producciones de las industrias culturales no sólo no tienen la finalidad de ejercer algún tipo de opresión, dominación o propaganda sino que hasta son un punto de partida para el pensamiento. Incluso para el pensamiento crítico.
La publicación del libro Rhythm Science del músico neoyorkino Paul D. Miller, alias DJ Spooky, es un ejemplo de esta tendencia. Haciendo uso de conceptos de Gilles Deleuze y Félix Guattari, Miller (que tiene una licenciatura en filosofía de la NYU) entrelaza las narrativas musicales de pioneros del Hip Hop Old School como Afrika Bambaata o músicos contemporáneos como John Cage. La operación del sampling que Miller teoriza se asemeja al desarrollo del concepto de looping que Diederichsen coloca en primer lugar. Ambos son dos conceptos que provienen de la música pop que se permiten pasar a territorio filosófico. Lo pop siguiendo a Gilles Deleuze sería un generador de conceptos nuevos. En cierto modo se trata de operaciones que funcionan como un link, al que remiten, como una cita o nota a pie de página. Sobre esto teorizará Diederichsen en las citas del funk y soul sampleadas como base rítmica del hip hop, a propósito de la noción de pertenencia del ghetto negro.
En este sentido, el grupo Gorilaz liderado por Damon Albarn (cantante de Blur) más un ensamble de DJ’s e invitados especiales entre los cuales se encuentra el productor Dan The Automator, montaron la primera banda virtual. Una banda multiétnica, global, con una estrategia claramente pop que con el lanzamiento de su reciente single Dare desbancó a Oasis del N1 del ranking británico. Generando personajes que se construyen como el alter-ego de cada integrante, los conciertos consisten en meras proyecciones con la banda tocando detrás de un telón oscuro. Gorilaz no tuvo problemas en presentarse junto a Madonna en los premios MTV y en devenir la preferencia de millones de adolescentes que los escuchan de la misma manera que los ídolos del teen pop. Oficialmente, los integrantes de Gorilaz son desconocidos y sus letras tienen mensajes subliminales con fuertes cuestionamientos políticos. El colectivo tiene una estrategia similar a la planteada por Diederichsen o DJ Spooky; según las propias palabras de Albarn: "Los artistas prefabricados reinan en la música pop y nosotros nos alimentamos de eso. Es tiempo de que haya algo prefabricado, pero que sea al mismo tiempo algo realmente inteligente". Esta misma idea es parte de la estrategia de otros colectivos como el grupo de italianos artivistas denominados Luther Blisett, hoy llamados Wu-Ming. En sintonía con los planteos de la música pop actual, este grupo de intelectuales, que en 1999 publicaron la exitosa novela Q a través de un sello multinacional como Mondadori, se proponen la estrategia de desmontar el copyright y criticar el derecho de propiedad intelectual a través de operaciones pop, siendo ellos mismos la punta de lanza o quinta columna en el interior de un sistema que procuran deconstruir desde dentro.
Códigos nuevos, espectadores activos
Todos los indicadores y los cruces que aparecen en el horizonte de la industria cultural están marcando una dimensión que antes no había atravesado la cultura pop. La revolución del digitalismo posiblemente esté construyendo una “nueva ontología” que revela sociocultural y cognitivamente que no todo era como creíamos. La idea de multitudes inteligentes que Howard Rheingold destaca a propósito de las acciones generadas a través de las nuevas tecnologías de comunicación (celulares, Internet Wi-Fi, Blogging o el software libre) está generando una red de acción para conceptos inéditos. Es altamente posible que nuestro cerebro no piense linealmente sino en diferentes niveles simultáneos, en forma de red. Internet estaría mostrando esto. El mapa geopolítico pero también la cartografía de la mente ha sufrido modificaciones. Estas muestras de la cultura pop (cuando el arte de vanguardia no puede formar sentido alguno) están colocando las cosas en otro espectro y tornando al espectador en el rol de decodificador de códigos mucho más complejos y sutiles. Las series, las películas y la música pop están compartiendo códigos y formas de decodificación que muestran una lógica de una sutileza y exigencia que no se conforma con las respuestas de tiempos pasados.
Los productos pop, incluso los más dirigidos por estrategias de marketing, contienen dentro de sí elementos que pueden resultar contraproducentes. Desde los intelectuales o colectivos concientes hasta artistas prefabricados existe una nueva tendencia donde la estrategia de lo pop plantea exigencias absolutamente innovadoras. La derrota de la dicotomía de una cultura alta (elite, vanguardia) vs. una cultura popular (de masas), está abriendo un abanico de posibilidades inéditas, donde aun todo está por verse y pensarse, incluso para poner en cuestión conceptos naturalizados como autor, lector o propiedad intelectual.
(Nota publicada en el Suplemento Cultural del Diario Perfil).-