Salvemos al latín. Y no lo dejemos en las lenguas podridas de los curas. El latín es la lengua de Spinoza, de Descartes, de los grandes pensadores romanos.
Que el fuckin' Benedikt no sea el único propietario de su salvación.




California tiene muchas que cosas que me gustan: el mito de Hollywood, los valles de Napa y Sonoma con las grandes bodegas y los tremendos vinos (syrah, pinot y zynfandel), todas las empresas punto.com del Sillicon Valley (Google, Microsoft, Apple), el marketing del entretenimiento, el legado de Jack Kerouac y los beatniks, las playas de Malibú, la industria del cine porno y las grandes pornstars, el sol, el surf, cierta frivolidad culta (los museos de arte contemporáneo, las casas de las estrellas), las Highways, la UCLA, Stanford, el jazz wes coast (Chet Baker y Gerry Mulligan), el hip hop west coast, la mezcla, la frontera, los Beach Boys, las series californianas (24, Baywatch, el auto fantástico, Brigada A), los años 80, la mansión Playboy, el joie de vivre, el privilegio del cuerpo, los cocktails, los tatoos. Miles de cosas. 
Algunas observaciones:

Abro el paréntesis.
Hace poco tiempo me di cuenta que me interesa sólo el conocimiento. Existen diferentes dispositivos cognitivos. El libro fue "el" dispositivo del saber. Hoy ya no lo es. La máquina cognitiva del siglo XXI es Internet. La red en sí misma es un aparato cognitivo. Yo voy donde vaya el conocimiento. Y el conocimiento implica nuevas estrategias, nuevas tácticas, nuevas modalidades de negocio, nuevas aproximaciones. La red es una lógica cognitiva per se. Como lo es el libro.
Este tipo es un marketer genial. Un mix de Michel Foucault y el funker sueco Ridderstrale. Recientemente, publicó el libro All marketers are liars. Su blog www.sethgodin.com es un verdadero arsenal de ideas de comunicación. Ex-vicepresidente de Yahoo! y CEO de Yoyodyne, Godin es licenciado en filosofía y MBA. Autor del concepto de marketing del permiso (en contraposición del marketing de la intromisión), es un verdadero lider del marketing directo e interactivo. Sus libros son estimulantes y hervideros de innovación.
El siglo XXI que se ha iniciado es la expansión del capitalismo global mundial, en sus diversas vertientes, potenciado por la transformación tecnológica más acelerada de la que se tenga memoria. El estado actual parece ser una gran red sin centros determinantes; a pesar de lo percibido no vivimos en la época de ningún imperio: Estados Unidos es un país dominante pero declinante. Hacia 2020 su PBI será superado por el de China y se encontrará en igualdad de condiciones que India, Rusia, Indonesia o Brasil. La izquierda marxista fracasó, pero eso no significa que el liberalismo haya triunfado sin mostrar miserias. El programa filosófico de la izquierda ha perdido sustento teórico frente a un mundo que ha mutado en su estructura de desarrollo y poder. En el día de hoy todo es centro y periferia. Dentro de un mismo país encontramos poder y contrapoder, encontramos superficies de coerción y de liberación, amos y esclavos. El mundo es un inmenso sistema de flujos y contraflujos de todo tipo: datos, capital, stocks, acciones. El hombre mismo ha devenido una base de datos orgánica, todo es procesamiento de datos. La sociedad de control es una realidad plena y comprobable en nuestro discurrir diario. Tanto el marxismo como el liberalismo operaron y operan con un esquema de control y una biopolítica negativa. La propiedad de los medios de producción hoy no significa lo medular de esquema de poder, sino el control sobre la circulación de información. Hoy los servicios (no los productos) son los generadores de trabajo de la amplia mayoría de población. La comunicación y el marketing operan como las dos disciplinas prototípicas del sistema contemporáneo de generación de riqueza. Hoy las habilidades son intelectuales o técnicas, no manuales. El obrero y la fábrica han desaparecido. Hoy la propiedad de capital que es fuente de mayor control es el copyright y el capital simbólico o intelectual: las patentes, las marcas, los registros. Paradójicamente, no podemos encontrarnos en mejores condiciones como para generar una biopolítica afirmativa y una sociedad libre. La sociedad libre no se construye con un programa filosófico de izquierda clásico, no se contruye con Marx pero tampoco con Adam Smith o Hobbes. Una “izquierda” sin Marx es factible. La sociedad mediática es también una sociedad de diseño, de opciones vitales que encuentran grietas al control. Internet es una herramienta maravillosa que a la fecha no ha sido factible de controlar por más que se lo ha intentado. Esta alternativa o modo de vida libre es aun mejor sin Marx: el marxismo era excesivamente utópico, trascendental y normativo. La libertad hoy es diseño de nuevas opciones de la formas dentro de la inmanencia de esta realidad compleja pero en configuración. Hoy la “revolución” se hace “en” el sistema con sus propios elementos, subvirtiendo sus fines o sus usos. La olvidada categoría de uso que Agamben retoma en sus trabajos recientes no puede resultar más oportuna. Profanar en virtud de usos de mayor libertad las herramientas de la sociedad de control es una vía sumamente efectiva.
¿La frivolidad es snobismo? ¿El snobismo es frívolo? ¿Hay diferencias entre snobismo y frivolidad? ¿Un snob es un frívolo? ¿Y al revés?


La inteligencia no es oro ni plata ni gloria ni riqueza ni salud ni fuerza ni belleza. ¿Qué es, entonces? Aquello que es capaz de hacer un buen uso de esas cosas y aquello por lo que cada una de esas cosas es agradable, magnífica y provechosa. Sin ella son inútiles, infructíferas y perjudiciales, y agobian y avergüenzan al que las posee.