Thursday, September 28, 2006

David Hume o el dandismo cotidiano

David Hume pertenece a esa casta tan notable de “filósofos privados”, como Montaigne, Spinoza, Nietzsche o Schopenhauer. Esos filósofos que no accedieron a una cátedra universitaria (aunque la hayan buscado) o lo hicieron esporádicamente y no como norma del filosofar; eso tal vez opere como un signo particular, como el desencadenante de un estilo de filosofía personal que, en el caso del escocés, deslumbra por su excelente nivel de escritura.
La primera vez que tuve que leer la Investigación sobre el conocimiento humano mi gesto no fue de agrado ante la imposición universitaria. Pero mi sorpresa fue más que notable cuando a medida que pasaba las hojas con velocidad y regocijo descubría a un eximio estilista no exento de giros hasta humorísticos en su filosofar. Luego, al leer sobre la vida de Hume, terminó por caerme más que simpático. Este gran afecto a la comida escocés, fue uno de los grandes ensayistas ingleses del siglo XVIII. Sus libros de filosofía tiene forma de ensayo, hasta los títulos de la Investigación comienzan como las obras de los maestros griegos y romanos (Sobre…De…). Probablemente, de allí saquen ese tono intimo a la vez que simple de su decir. Algo más que propio de todo ensayo.
Hume, además de empirista y padre de la filosofía angloamericana, fue un gran liberal en su concepción del mundo; amigo de Adam Smith y defensor de la sociedad libre, este escocés solterón, al igual que todo filósofo privado, daba cuenta de nuestra constitución de lo cotidiano a través de la idea de Hábito o Costumbre.
La idea de Hume es que la costumbre o el hábito funciona como ordenador de nuestra vida. Los acontecimientos se repliegan a nuestro plan de vida en función de lo que la percepción habitual nos proporciona. De ahí que la realidad sea previsible y proyectable. La creencia o la posibilidad de creer en lo real se apoya en la facticidad de lo habitual. ¿Esto qué quiere decir? Que construimos nuestra vida cotidiana, es decir, nuestra vida entera, sobre el principio de la costumbre: somos animales de costumbre. Y la costumbre o lo cotidiano que es visto como lo aburrido o lo tedioso de todos los días, lejos de resultar algo cansador, es el vector indispensable que ordena y planifica nuestra vida.
Los pequeños detalles diarios, los mínimos rituales que realizamos casi darnos cuenta, constituyen la materia prima sobre la que opera la costumbre. Nuestro devenir, nuestra vida entera reposa en lo cotidiano, en lo diario, desde lunes a viernes y luego en el fin de semana. Ello quiere decir que nuestra construcción se da en el día a día. Por ello el dandismo de Hume es cotidiano. Tal vez sea un dandismo oculto. Pero toda idea de plan de vida u orden constructivo vital resulta un dandismo. Y aquí el principio de esa existencia compuesta es la costumbre.
El dandismo cotidiano es el que está hecho de los actos privados, de los ritos inconscientes o reflejos: la ducha matutina o nocturna, la ropa seleccionada para ciertos días, los paseos programados para el fin de semana, los lugares que frecuentamos, los recorridos que conocemos de memoria, la hora para irse a dormir, el momento de ver televisión, la forma en que nos afeitamos, la manera en que leemos el diario el domingo, las comidas de fin de semana, etc. Es el dandismo movido por el principio de la costumbre, una costumbre que emana de nuestro propio plan de vida, lo sepamos o no.
La acción que propone Hume es sumamente contemporánea. El hábito hace al monje y también al ordenado hombre burgués del siglo XXI. El burgués del siglo XXI que no corre tras el dinero sino que combina el orden y la libertad bohemia. El autocontrol y la disciplina, antaño generadas por las tesis protestantes/capitalistas del sistema productor, hoy se transforman en nombre del bienestar personal y espiritual.
(De mi libro Vidas de diseño).

Ranking de pensadores


  1. Friedrich Nietzsche
  2. Gilles Deleuze
  3. Immanuel Kant
  4. Aristóteles
  5. Michel Foucault
  6. Baruch Spinoza
  7. Epicuro
  8. Diógenes Laercio
  9. Marco Aurelio
  10. Michel de Montaigne
  11. Nicolás Maquiavelo
  12. David Hume
  13. Jacques Derrida
  14. Michel Onfray
  15. Henry David Thoreau

Este es mi ranking de pensadores actualizado a la fecha.

Wednesday, September 27, 2006

Bob Sinclair o la música feliz

Últimamente, estoy escuchando mucho a un DJ que se llama Bob Sinclair. Su disco Western Dream es lo que llamo un disco feliz. Sú música básicamente es house, bien groovero, pistero pero hasta jazzeado. Es pista fina. Es música que nos despierta de la narcosis diaria. Es música que hacer mover las piernas, la cabeza y sonreir (y sin químicos).
Sinclair es un DJ francés que sigue la línea de grandes DJ's parisinos exquisitos y funksters como Daft Punk, Dimitri from Paris o Kid Loco. Sus temas tienen letras optimistas (están llenas de amor) y bien cantadas. Bien producidas. Sus remixes, muy recomendables, son otra gema.

Palermo Brooklin

Siempre quise haber nacido en New York, específicamente, en Brooklin. Esas cosas hacen que viva en Palermo, en el límite con Villa Crespo, puntualmente en Córdoba entre Armenia y Gurruchaga. Es en el margen de Palermo Viejo o SoHo y Villa Crespo. Por eso me gusta llamarle a mi barrio Palermo Brooklin. Zona de Outlets, de armenios, judíos y turistas, Palermo Brooklin ahora se está poniendo cada vez más en foco. Hace poco abrieron el bar Mondo Bizarro en Serrano y Córdoba (a 1 cuadra de casa). Un bar que se caracteriza por su buena barra y buena música. También están inaugurando nuevos locales, como el tremendo local de Okko que abrió justo enfrente de mi balcón. Aparentemente, Palermo Brooklin crece. Me gusta vivir acá.

Julia me enseña a ser padre

A veces fantaseo con ser padre. Tengo 30 y ya empiezo a pensar cosas que no me pasaban por la cabeza antes. Antes debería tener una novia al menos. Eso sería un buen comienzo. No lo veo como algo lejano pero tampoco inmediato. Me gustan los chicos, por ejemplo mis sobrinos. De todos modos todavía no estoy predispuesto a ser padre; sí dentro de un par de años. Tal vez ya haya vencido mi facilidad para las relaciones volatiles con las mujeres y me siento a pleno para encarar algo en serio, algo de largo aliento. Pero voy a ser padre; estoy seguro. Estoy seguro que puede ser algo más grosso que cualquier ácido. Es loco, a medida que crezco y me efrento al "principio de la vida", a la plenitud, lo que me parecía conservador a los 20, me parece lo más revolucionario. Los 30 definitivamente son mi mejor época; nunca estuve tan bien. Y creo que vienen mejores tiempos. Mi gata Julia ya me está enseñando a ser padre, a veces me descubro tratándola como un buen padre mimoso y retón.

Nuevo ensayo: de Montaigne a los bloggers

En Argentina no hay ensayo.
Me refiero a la línea estilísica de los Montaigne, los Nietzsche, los Spinoza, los Maquiavelo, los Séneca, los Marco Aurelio, los Baudelaire. Los libros de pensamiento parecen ir a dos categorías: académicos o periodísticos. Pero no hay ensayo, no hay libros de pensamiento libre.
Algunos ensayistas interesantes son Santiago Kovadloff o Alejandro Rozitchner, pero no hay ensayistas sub-35 (excepto yo). Tal vez existe una confusión respecto del concepto de ensayo. El ensayo no es un paper universitario ni una tesis, ni un trabajo académico; el ensayo tampoco es investigación, periodismo cultural o non-fiction. El ensayo es pensamiento libre. El ensayo es el yo en situación, es una mirada sobre determinadas cosas o fenómenos; sobre lo que nos interesa y punto. Sin necesidad de tener que justificar porque. Si recurrimos a los "Ensayos" de Montaigne está clarísimo. Se trata del yo de un tipo que habla de los temas que le interesan: desde filosofía griega y latina hasta sus placeres sexuales, pasando por su gusto por andar a caballo. Eso es ensayo.
En cierto modo, los blogs están recuperando el ensayo. Los blogs tienen esa autorreferencialidad inevitable, pero no son meros diarios; son ensayos porque exhiben el discurrir de una existencia. Sin filtro y sin necesidad de justificaciones conceptuales excesivas. Definitivamente, el blog es un ensayo. Posiblemente, los futuros ensayistas hayan sido (o lo sean) bloggers. El blogging participa de la misma lógica.
Otra confusión gravísima respecto del ensayo es que tiene que tocar "temas importantes"; eso no sólo es falso sino ignorancia supina. Chequear a los grandes ensayistas del siglo XVI al XIX como los moralistas franceses, los norteamericanos o retroceder hasta los tratadistas griegos y romanos basta para darse cuenta que hablan de cuestiones diarias y hasta superficiales; de alguna manera son como reglas para el vivir (las dietas, los ejercicios, la forma de comportarse, la sexualidad, las vestimentas, etc). El gran ensayo habla sobre la regulae vita, sobre una regla del vivir, sobre el arte de vivir y el joie de vivre.
El ensayo es la forma escritural más libre, más filosofal. A diferencia de la patética y aburridísima narrativa y los aburrídisimos narradores (que yo no leo hace años), el ensayo puede ser leído por todos; es más, hasta es despreciado en los cónclaves académicos y en las cátedras. Lo cual lo vuelve más provocador y más interesante. A diferencia de la narrativa que morirá en manos de la TV y e Internet, por la estrucutra hipertextual de estos medios e interactiva en las que nacieron las nuevas generaciones, el ensayo siempre fue hipertextual y rizomático, nunca fue lineal; de ahí su futuro. La gente no se conformará con escuchar historias, las generará, las modificará, creará las propias; esta es la lógica ensayística e híper.
El ensayo del siglo XXI está en el blog.

Sunday, September 24, 2006

Pensar en el gimnasio

Hasta hace no más de cinco años atrás la gente que iba al gimnasio a entrenar me parecía hueca. Hoy soy uno de ellos y orgulloso. No sólo no creo más en esa sentencia sino que ir al gimnasio me parece una actividad tremendamente plácida y necesaria. El cuerpo me pide máquinas y cinta, pesas y ejercicio. En el gimnasio se me ocurren algunas ideas increibles. Hace casi cinco años que me anoté en el Megatlón y nunca dejé de ir al menos una vez por semana (lo ideal entre dos y tres). Recientemente, descubrí el Megatlón del microcentro y está ciertamente bien. Los centros son excelentes y estimulantes en lo visual (creo que eso ayuda a que piense y tenga ideas).
Desde el punto de vista del marketing, Megatlón merece todo mi reconocimiento. Sus acciones están muy bien pensadas; estratégicamente, no tiene competidores. Está un paso más. La gente es agradable y muy educada. Van hacia la personalización en el servicio, desde dietas a medidas y entrenamientos customizados hasta eventos y beneficios adicionales. La música acompaña y hace poco lanzaron su propia señal de TV interna, donde promocionan productos, pasan clips y desfiles. Ni que hablar de la limpieza de los vestuarios. Una verdadera academia.

Ecce Homo o como me hice nietzscheano

Por estos días estoy pasando por un período nietzscheano (uno más, uno de los tantos, una regresión). Si bien es cierto que soy nietzscheano en mi visión de mundo, volví a releer algunos párrafos de sus libros. El Ecce Homo (1888) es mi libro favorito del gran Federico. Es uno de mis tres libros de cabecera. Libro finito, increiblemente escrito, lleno de humor y lucidez demoledora así como de autobiografismo filosofal. La continuación de la filosofía a martillazos pero con masas o plumas; nadie permanece igual.
Un libro cuyos capítulos se titulan: "Por qué soy tan sabio", "Por que escribo tan buenos libros", "Por qué soy tan inteligente"; un libro en el que se declara que la gastronomía, el clima o la música es infinitamente más importante que la metafísica. Un libro que tiene frases como esta: "...convertí mi voluntad de salud, de vida, en mi filosofía...Pués préstese atención a esto: los años de mi vitalidad más baja fueron los años en que dejé de ser pesimista: el instinto de autorrestablecimiento me prohibió una filosofía de la pobreza y del desaliento...".
Ecce Homo es el libro que me convirtió en nietzscheano y en filósofo. Cuando tengo dudas sobre que es la filosofía o el pensamiento recurro a el. Pero también constituye Ecce Homo un conjunto de valores radicalmente disímiles con los valores cristianos (en los que fui educado). Nietzsche me mostró en Ecce Homo la falsedad de esos valores y la necesaria transvaloración de la realidad; luego de su lectura mi escala de valores comenzó a mutar, como también comenzaron a mutar mis actitudes; abandoné el criticismo, el narcicismo, el academicismo y la buena conciencia. Aprendí a ver la realidad con otros ojos; fue literalmente un cambio de paradigma, un cambio o un rayo abrupto. Aprendí a pensar con la superficie y hasta con lo frívolo diría. Aprendí a operar con lo real a volverlo plástico a no buscar "profundidad", a no juzgar a las personas operativas, a no ver con malos ojos a los actores del cambio, a despreciar profundamente al intelectual crítico y pasivo.
Ecce Homo es una celebración de los sentidos, del gusto, de la elegancia, del joie de vivre, de la distinción, de la lucidez, del erotismo, de la virilidad, de la fortaleza, de la piel, del sol, de la primavera, del vino, del humor, del poder, de la superficie y hasta de la calamidad o el dolor (por entender que es partícipe necesario del vivir). Y esa celebración los vuelve valores opuestos a los valores del perdón, la culpa, la castidad y la debilidad cristianas. Ecce Homo es la vida de un hombre (un genio) enfermo puesta al servicio de un pensamiento vital; es el alejamiento de todos los lugares comunes del pensador, es la risa de los filósofos, es la posibilidad de pensar con todos y con nadie; es soledad pero también posibilidad de compartir los gustos masivos.
Ecce Homo es un libro solar. Tan solar que mientras escribo este posteo es un domingo a las 19:30 Hs y me siento en como un sábado a las 10 Hs. Es un tónico para la vida. Es tan fuerte lo que se dice en este libro, que no podemos salir iguales, con igual cabeza y valores.
Caro Friedrich, salutte.
PD: Creo que voy a tatuarme una frase del Ecce Homo en el brazo izquierdo.

Optimismo lúcido

Foucault hablaba del pesimismo activo respecto de su actitud vital, yo prefiero hablar de optimismo lúcido. El optimismo lúcido es un actitud afirmativa y hasta celebratoria de lo real, no pensando en la esperanza sino en el presente con gozo y capacidad de cambio. Esta mirada sería, sin embargo, lúcida, ya que no reposa en pensamientos mágicos o míticos (prototípicos del optimismo religioso). El optimista lúcido es un hombre racional y con capacidad de acción sobre el presente. Es optimista porque cree en la convicción del poder de cambio concreto, cambio apoyado en la materia gris, en la racionalidad no en la vana esperanza o el rezo. El optimista lúcido es agnóstico o ateo, liberal, elegante y hedonista. El pesimista crítico, clisé de la intelectualidad resentida, trasnochada y patética, sería el emblema del intelectual crítico pero con doble moral; el comunista burgués o bien el progre K, de la actualidad. La visión de Foucault era plenamente activa pero pesimista, ya que su mirada era mucho más negra sobre la condición humana, sin embargo, dejaba ciertos hálitos de posible modificación en la categoría de "activo". Del hacer.
Yo soy un optimista lúcido; como dice Spinoza, nadie sabe lo que un cuerpo puede o según los resilientes: somos mucho más elásticos de lo que pensamos. Sonreir y pensar, lejos de oponerse son complementos indisolubles.

Saturday, September 23, 2006

La mujer más inteligente en mucho tiempo

Pilar Rahola es la vicealcadesa de Barcelona. Y es la mujer más lúcida e inteligente que escuché en mucho tiempo. Sus intervenciones con Mariano Grondona y Chiche Gelblung fueron brillantes y demoledoras en el plano intelectual. Políticamente de izquierda, su opinión meticulosamente construida sobre la crítica al terrorismo islámico y el fundamentalismo es extraordinaria. Una suerte de isla en medio de la izquierda antisemita y proterrorismo que se despliega en la actualidad en gran parte de Argentina y otros países. Sus cuestionamientos a Europa (por su doble moral) y su defensa del pluralismo institucionalista kantiano parece un rasgo de luz en medio de la ceguera "progre" que considera a las teocracias totalitarias y racistas el camino a seguir. Ojalá haya más pilares; no es casual que Barcelona sea su ciudad de origen.

Filósofo tatuado

Hace ya casi dos años que me tatué la palabra "filósofo" en griego en el brazo derecho. Poco tiempo antes había escrito este texto que hoy posteo. Es como una continuidad de esa contundencia en mi pensamiento. Soy un filósofo y siempre lo seré, y puedo justificarlo; además, soy uno de los mejores.
¿De quienes me siento compañero de ruta? De aquellos intelectuales heterodoxos, excéntricos, anti-académicos pero de vanguardia, tecnológicos, cuestionadores pero hacedores, con capacidad de gestión, afirmativos, anti-conspirativos y sobre todo vitalistas. Pro-vida y no alabadores de la crítica, pro-diseño de alternativas. Refinados pero con gustos de las masas.
Algunos de ellos son, sin ningún orden:
Alejandro Rozitchner
Alejandro Piscitelli
Tomás Abraham
Jorge Asís
Nicolás Maquiavelo
Friederich Nietzsche
Epicuro
Marco Aurelio
Gilles Deleuze
Michel Foucault
Michel Onfray
Gilles Lipovetsky
Carlos Alberto Montaner
Guy Sorman
Tom Peters
Seth Godin
Nördstrom & Ridderstrale
Mark Dery
George Landow
Steven Johnson
Cíbergolem
Scott Lash
Howard Rheingold
Paul D. Miller aka DJ Spooky
Hervé Fischer
Immanuel Kant
Diedrich Diederichsen
Henry David Thoreau
Jacques Derrida
Guillermo Cabrera Infante
Thomas Friedman
Lawrence Lessig
Félix Guattari

¿Qué es un filósofo en el siglo XXI? ¿Un profesor e investigador académico, un escritor que vive de otras cosas, un funcionario público, un empresario “cultural”, un CEO de una compañía multinacional, un viajero solitario y recluido?
El filósofo del siglo XXI es, en cierto modo, un filósofo privado, como Spinoza, Nietzsche o Schopenhauer. El filósofo del siglo XXI no puede recluirse en los claustros sin pensar la digitalización ni las velocidades continuas de los cambios tecnológicos. No puede no pensar el mundo que le toca vivir, el mundo en el que surgió, el que habita.
La filosofía, en cuanto tal acabó, terminó. La filosofía como sistema, como construcción sistemática y maquinaria perfecta de un pensamiento perfecto pasó al olvido en el siglo XX. Hoy sólo se puede hacer historia de la filosofía o bien emprender otros territorios con otras cartografías, como bien decía Deleuze, empleando las herramientas que la filosofía nos proporciona. El pensar, después de todo, es una actividad que ya no está desligada con el actuar o interactuar en múltiples espacios. Se puede estudiar (historia de la) filosofía con fines personales para luego salir al territorio mejor predispuesto y formado. Para saber donde pararse, moverse y contragolpear; para actuar con determinación, valentía y elegancia como bien nos enseñan las tácticas guerreras del Hagakure de Yamamoto y El arte de la guerra de Sun Tzu.
Cada vez más se observa la aplicación de textos filosóficos a cuestiones por fuera de los claustros universitarios, como la empresa, los deportes o el arte. Ser el gerente de una empresa con formación filosófica implica inyectar a los negocios de otras corrientes de pensamiento que revitalicen las tácticas empresariales más allá del marketing o las estructuras prototípicas del managment. A la utilización ya clásica de Sun Tzu o Maquiavelo, se le suma Aristóteles (Política) e innumerables pensadores contemporáneos que escriben sobre la problemáticas filosóficas y empresariales simultáneamente, como Rafael Echeverría, el irreverente Tom Peters o Tomás Abraham. En este sentido, si el pintor debe trabajar con los medios audiovisuales y con las computadoras, ¿por qué el filósofo no debería estar en la empresa más que en la universidad? ¿Por qué el filósofo no debería ser parte de los medios de comunicación? Si la universidad es una institución antigua y obsoleta el filósofo debe buscar caminos alternativos a ella. Caminos que abran el pensamiento a otras áreas. Existe una filosofía del deporte (una ética deportiva), una filosofía empresarial (la empresa como concepto) que parten de la “contaminación” del filósofo con saberes como la economía, el managment o el marketing que a la gran mayoría de los filósofos académicos les resultan contranatura o insolentes de ser tratados.
El filósofo que Platón soñaba, del mismo modo que Kant, en tanto funcionario público o actor del Estado, hoy tiene que “irse por la tangente” e intervenir en la empresa. ¿Funky Business o Funky Philosophy? La filosofía como arma o táctica de negocios, dentro y fuera del sistema; colocando lo otro en lo propio. Pero también hay ejemplos contrarios, no de filósofos que van a la empresa sino de empresarios o inversionistas que van a la filosofía: George Soros estudió filosofía con Popper; Steve Jobs o Bill Gates también podrían resultar filósofos por el modo en que aplican conceptos a estrategias de crecimiento en sus compañías. Existen numerosos grupos creativos formados por filósofos que, en base a los requerimientos de empresarios, les dan armas para pensar de otro modo los problemas que tienen.
Es todo una cuestión de lucidez, de ruptura de ideologismos paquidérmicos: las empresas son conceptos realizados, son pensamientos con fines comerciales, como las estrellas pop son emociones con fines comerciales. Cada empresario desarrolla su política empresarial en función de una idea madre a partir de la cual se desprende la organización de su compañía. Eso, precisamente, es un concepto. Y la filosofía, como bien decía Deleuze, es creación de conceptos. El concepto de cultura en el siglo XXI es un concepto no sólo complejo sino transversal e interdisciplinario.
Si verdaderamente la filosofía quiere dejar su ombliguismo de lado, debe reformular ciertos preconceptos cristalizados sobre la sociedad actual sin por ello abandonar una mirada lúcida sobre lo real. La incorporación de egresados de filosofía en empresas o medios de comunicación debería verse como vías alternativas para la práctica filosófica que expandiera y revitalizara los círculos viciosos académicos. Diversos pensadores norteamericanos han abierto esos caminos que los academicistas miran con recelo. Es lógico que los miren desdeñosamente porque parten de una concepción de la filosofía como saber de pocos e inútil, elitista y cerrado sobre sí mismo. Son ellos lo que generan que la sociedad conciba al filósofo como un individuo extraño, rata de biblioteca y enrollado en problemas hipercomplejos o supuestamente complejos. Son ellos los que propician la idea de que la filosofía no sea más que “notas a pie de página”.
En definitiva, todo depende de la concepción que se tenga de la filosofía. De la claridad mental, que no es sino ubicación temporal y temperamento táctico. Si uno parte de la simple y sabia idea de que la filosofía debería tender a lograr una existencia más feliz y lúcida en la persona, entonces concibe a la filosofía como una disciplina activa y afirmativa y no meramente pasiva o exegética. La práctica filosófica que los academicistas defienden se remite sólo a la docencia y la investigación, nada más. Algo que no es nada malo en sí mismo, pero que se potenciaría más en el cruce con otras disciplinas y ámbitos, con otros territorios por fuera de las aulas y las bibliotecas. Para un academicista estricto, un filósofo contemporáneo debería dedicarse a leer todo tipo de fuentes, exponerlas y escribir sus investigaciones en papers que sumen puntos para su curriculum académico. Papers para ser leídos en congresos plagados de tedio e indiferencia. Verdaderamente, si a eso se le llama filosofía es una concepción extremadamente reducida y pobre. Si la vocación filosófica es real debe resultar como un arsenal o una caja de herramientas para la vida y las múltiples actividades del hombre. La filosofía como una práctica lúcida y vital, como de hecho lo era en la antigüedad. No olvidemos que la idea de la filosofía como sistema puramente teorético comienza con la escolástica medieval y no en Grecia y Roma que era una terapéutica, una ética, un ejercicio (incluso en Aristóteles) continuo.
Una vida filosófica, una existencia filosófica tiene esa maravillosa posibilidad de ser susceptible en cualquier lugar y tiempo. De uno depende lo que haga con todo ese bagaje de lecturas. De uno depende, de la lucidez que uno tenga en la aplicación de ese maravilloso instrumental. Uno puede recluirse en los claustros para vomitarse mutuamente con otros colegas lo que dice un filósofo x en una nota a pie de página o bien armarse de esas estrategias de conocimiento para expandirlas en cualquier ámbito de su vida, con el objeto de pulirla y estilizarla, volverla bella y plena de sentido.
La idea de la filosofía como disciplina forjadora de la lucidez en el carácter está íntimamente vinculada con la filosofía táctica y estratégica; la lucidez es inteligencia para saber pararse y tomar decisiones. Táctica y lucidez, como aptitudes para el perfeccionamiento de una personalidad viril y competitiva. En este sentido las enseñanzas del libro del Samurai de Yosho Yamamoto son terriblemente actuales y aplicables a la una filosofía táctica y práctica o a una filosofía empresarial. La idea base que recorre este pequeño libro de consejos e instrucciones para los futuros Samurais es muy similar al concepto estoico de no preocuparse por lo que no depende de nosotros y al mismo tiempo intentar modificar lo que depende de nuestra voluntad. Pero fundamentalmente, funciona como un ejercicio (del mismo modo que los de Séneca) de previsión de los acontecimientos. Esto tiene que ver con la lucidez en las acciones y en las prácticas cotidianas; con la capacidad de saber moverse con estrategia e inteligencia en función de lo que acontece azarosamente y que debemos sortear con valentía, dignidad y elegancia.
El Hagakure puede leerse como un manual de ejercicios filosóficos prácticos que permiten que veamos a la filosofía como una herramienta aplicable a múltiples situaciones y disciplinas de la vida; permite profundizar sus líneas de acción hasta llegar a hoy día. Pero fundamentalmente pinta al Samurai como el modelo tipológico de lucidez táctico y estratégica que debe cultivar las siguientes virtudes: fidelidad, inteligencia, compasión, valentía, elegancia, cultura e instrucción (caligrafía e historia).
El Samurai o el filósofo lúcido: aquel que sabe moverse en el territorio con brillantez.

Thursday, September 21, 2006

Mi puro

Todas las noches me fumo un puro. Ultimamente, estoy disfrutando mucho unos brasileños que salen tres mangos que están bastante bien. Son "fumables", lo cual ya es todo un mérito. El 1 a 1 daba cosechas enteras de Montecristos y Cohibas que han quedado en el melancólico recuerdo de este fumador de puros que ya lleva diez años en este placer bonvivant.

Cantando por un Nietzsche

La canción popular es para nosotros, en primer lugar, un espejo musical del mundo, melodía original primordial que busca una manifestación onírica paralela y que se expresa en la poesía. La melodía es lo primero y lo universal (…) La melodía alumbra por sí misma a la poesía, ciertamente lo hace sin cesar. No otra cosa quiere decir la forma estrófica de la canción popular, fenómeno que siempre he observado con asombro hasta que finalmente encontré esta explicación

Friedrich Nietzsche, El origen de la tragedia

Esto párrafo magnífico aparecido en El origen de la tragedia nos acerca a un Nietzsche pop, no muy conocido por esta fascinación de la melodía, en su existencia declinante. El arte del gran estilo que Nietzsche reivindicaba en sus primeros textos, colocando a Wagner como su epígono fundamental, ya dejaba entrever su interés creciente en las formas populares de la canción y las operetas de su tiempo que se vislumbrará con mayor claridad en su última etapa. En sus momentos finales Nietzsche menciona reiteradamente su fascinación por la música simple y melodiosa que asocia con cierta mediterreanización del arte. Canciones u operetas de autores semidesconocidos que no han pasado a la historia, pero que poseen ese onirismo y sensualismo latino y provenzal que Nietzsche amaba. Ya poco le importa a quien pertenece esa música sino su impacto sensual y onírico, a la vez que universalmente melodioso. Precisamente, la justificación estética de la existencia implica esta liberación del devenir en el marco de las apariencias sin pretender interrogar una cosa en sí inaccesible. La canción popular es una forma acabada de este proceso de fluctuación de la voluntad aparente en su acaecer y desaparecer continuo. Lo efímero de la canción o del autor, lejos de representar una debilidad, resulta la más nítida expresión de la voluntad de poder (vivir), independientemente de su gestor sino en el marco de las apariencias. Esta autocreación que carece de reglas coercitivas tiene su propia lógica interna de generación continua. Esta fuerza estética es orgánica, fisiológica y sexual. La embriaguez es el motor de las manifestaciones artísticas y orgánicas. La ética como estética de la existencia se canaliza en el arte y el amor que logran la plenitud del mundo, el sentido y la perfección; esta sensación de plenitud y acabamiento se transfigura, según Nietzsche, a través de lo siguiente: el instinto sexual, la embriaguez, la comida, la primavera, la victoria, el sarcasmo, los actos de bravura y hasta el éxtasis místico. Todas ellas manifestaciones del triunfo del arte y el amor. Todas claramente fisiológicas y orgánicas, procesadas por un cuerpo.
La canción que Nietzsche describe en su tiempo hoy resulta la canción pop más llana y melodiosa que escuchamos en la radio y nos provoca ese onirismo o esa exacerbación del deseo y la voluntad a actuar. Si Nietzsche viviera hoy, escucharía música pop, incluso la más despreciada por comercial. Dudo mucho que a Nietzsche le gustaran ciertas categorías como alternativo o experimental, del mismo modo que miraría con cierto sarcasmo los valores de autenticidad que se pregonan desde ciertos círculos del rock. Nietzsche sabía combinar como un alquimista eximio una clara distinción y jerarquía en el vivir (valores renacentistas y nobles) con gustos populares en la música y la comida; tenía el elitismo de un vanguardista y el goce melodioso de un artista pop. Algo así como un vanguardista pop, lo que no hace más afirmarlo como un dandy. Después de todo, el dandy o el lounger del siglo XX es eso: un distinguido en un mundo donde no hay más distinción, sino momentos efímeros, ráfagas de belleza. Por ello, el artificio o la apariencia que Nietzsche reivindicaba como el devenir estético de la voluntad, se da en esa distancia irónica y gozosa. El último Nietzsche leía a Baudelaire con mucha fruición, un dato nada desdeñable para observar como profetizaba lo que vendría después, incluso hasta hoy día con el auge de la gourmandise y los placeres más mundanos.
Probablemente, hoy Nietzsche sería tildado de frívolo y superficial por sus apreciaciones y concepción del arte. Sería acusado por los defensores de la verdad con mayúsculas y de los valores inalterables, por los conservadores y “comprometidos”, por las izquierdas sociales y las derechas guardianas de formas. Lo cual no haría más acrecentar su proyecto de estetización de la existencia, su despliegue de la voluntad en el arte, sin importar su autoría, sino su impacto en lo corporal.
Todo el arte debería ser un tónico para la vida. Y la canción popular lo es desde su más insignificante realización; tres o cuatro minutos de ensueño y vitalidad. Las canciones y las melodías pop resultan un estimulante para la vida; todo lo que las corroa iría en contra de ese presupuesto nietzscheano. Presupuesto anónimo y fisiológico.

Porque no soy de izquierda

Cito a Michel Foucault:


Yo creo, justamente (...), que el Estado socialista, el moderno, esta tan marcado de racismo como el funcionamiento del Estado moderno, el Estado capitalista. Frente al racismo de Estado, que se formo en las condiciones de vida que les mencione, se constituyo un socialracismo que no espera la formación de los Estados socialistas para aparecer. El socialismo fue desde el comienzo, en el siglo XIX, un racismo. Y ya se trate de Fourier, a principios de siglo, o de los anarquistas, al final, pasando por todas las formas de socialismo, siempre constatamos un componente de racismo (...) el socialismo, mientras no plantea en primera instancia los problemas económicos o jurídicos del tipo de propiedad o el modo de producción (...) no puede dejar de volver a afectar, a investir los mismos mecanismos de poder que vimos constituirse a través del Estado capitalista (...) En definitiva, me parece que el socialismo retomó sin cambio alguno la idea de la que sociedad o el Estado, lo que debe sustituirlo, tienen la función esencial de hacerse cargo de la vida, de ordenarla, multiplicarla, compensar sus riesgos, recorrer o delimitar sus oportunidades y posibilidades biológicas. Con las consecuencias que ello tiene cuando estamos en un Estado socialista que debe ejercer el derecho a matar o eliminar, o el de descalificar. Y de este modo vamos a comprobar, naturalmente, que el racismo –no el propiamente étnico, sino el de tipo evolucionista, el racismo biológico- funciona en pleno en los Estados socialistas (del tipo de la Unión Soviética), con respecto a los enfermos mentales, los criminales, los adversarios políticos, etcétera. Defender la sociedad (Curso del 17 de Marzo de 1976 en el College du France)

La cita que abre éste texto plantea la posición que Foucault tuvo con respecto a la izquierda. La aproximación que hizo hacia la izquierda política en pleno auge de la experiencia soviética fue crítica. Como se observa, Foucault veía en el socialismo de cualquier clase, desde el utopista de Fourier hasta el marxismo-leninismo de la Unión Soviética una forma de racismo totalitario. La observación de Foucault hacia la izquierda apela hacia una genealogía del racismo, un racismo biológico pero no étnico, un racismo evolucionista, en todo caso.
Partiendo de esta mirada de Foucault vemos que la izquierda política a menudo ha estado cercada de adjetivos tales como pureza, igualitarismo, justicia, moralidad, entre otros. El ideario de la izquierda, la simbología izquierdista, sea desde el arco marxista académico hasta ciertos utopismos anárquicos, reposa en calificaciones conservadoras y totalitarias. Las apelaciones de la izquierda se basan en la coerción de los individuos que no encuadran dentro del ideario del “hombre nuevo” que proclamaba Ernesto Guevara. Este “hombre nuevo” no es sino la forma mas clara de racismo, no dista en nada del hombre nacionalsocialista de Hitler; opera con la misma lógica de segregación. Tanto el marxismo como el nazismo pretendían un hombre nuevo, un hombre nuevo marcado por biopoder y las estrategias de disciplinamiento que se encuadraban a partir del Estado para hacer que ese “hombre nuevo” existiera.
La izquierda es utopista de igual modo que la derecha. Ninguna de las aceptan la realidad, ninguna de las dos operan con ella ni creen en las instituciones. Las dos necesitan que los individuos sean controlados policialmente, estatalmente, productivamente, ideológicamente, sexualmente y filosóficamente. Los individuos no pueden desplegarse por fuera de estas estrategias de disciplinamiento. La izquierda es extremadamente moralista en sus discursos, sobre todo sexuales y culturales. Desde las exclusiones a homosexuales de Cuba hasta la consolidación evidente que hacen de la tradición familiarista. La izquierda es puritana y naturalmente discriminatoria. Los individuos que no piensan en términos marxistas son tildados de burgueses. Podríamos pensar de acuerdo a las categorías heideggerianas, kantianas o foucaulteanas, ¿por qué todos deberíamos pensar de acuerdo a los conceptos de Karl Marx?
El totalitarismo que ejerce la izquierda suele no ser percibido, sea por la buena prensa o por la conciencia social y políticamente correcta. Esto es porque la izquierda es esencialmente cristianismo secularizado. El imaginario socialista es el utopismo del paraíso cristiano en la tierra; reposa en ideas semejantes, en búsquedas idénticas regidas por un comunitarismo totalitario y coercitivo. La izquierda se adapta perfectamente a la sentencia totalitaria de Jesús: “o están conmigo o están contra mí”. Es igual, si no se es de izquierda se es anti-izquierda; es el mismo germen de las tradiciones. A menudo pareciera que la izquierda tiene el patrimonio de la profundidad, de lo intelectual; desde luego que cuando se comienza a deambular por la historia del pensamiento con algo mas de detalle rápidamente se ve que esto no es así. Supuestamente, ser de izquierda implica algún grado de culturización. Los individuos de izquierda tienen preocupaciones, no tienen espacio para el disfrute o el gozo, he allí el germen del puritanismo marxista y cristiano. La derecha, es evidente, no goza de buena prensa al respecto, pero ambas, izquierda y derecha, resultan solemnes, tremendamente engoladas.
El pensamiento de Michel Foucault siempre realizó un movimiento anti-binario, es decir, intentar salirse de los compartimentos estancos: cuerpo-alma, izquierda-derecha, bien-mal, paz-guerra, etc. Esta estrategia de pensamiento que se llamó genealogía pretendía ver las intrusiones entre los conceptos, demarcando las alianzas necesarias que existen entre ellos. Una mirada genealógica, por ejemplo, ve lo siguiente: si nos diéramos cuenta que todos los Estados de derecho, todas las democracias del planeta han sido constituidas sobre la base de terribles y sangrientas guerras seria fácil ver que el Estado de derecho per se no garantiza la paz porque contiene en si mismo a la guerra que lo gestó; guerra que avala el nacimiento del estado excepción, al que tan brillantemente describe Giorgio Agamben.
De manera que las escisiones entre izquierda y derecha no son tales. Izquierda y derecha se fundan en parámetros semejantes, ambos igualmente racistas, ambos con Estados que operan con el disciplinamiento y ejerciendo un férreo biopoder sobre los cuerpos de sus gobernados. Las libertades y los espacios donde el desarrollo autónomo del individuo es mayormente permitido se asientan sobre un gobierno republicano y liberal, pero no fundamentalista de la norma. Un gobierno que deje a los individuos libres de la mayor cantidad de controles posibles (a excepción del lógico control del derecho). Un Estado que tienda a no normalizar las vidas de las personas, un Estado que propicie la multiplicidad, la muticulturalidad, la diversidad profunda (racial, sexual, religiosa). Un Estado que no busque las inexistetes o mitopoéticas raíces o la pureza de su identidad, un Estado que valore la mezcla, lo mestizo. Un Estado que no proclame por una mayor construcción de cárceles sino una mayor inversión en formación y ciencias. Un Estado pequeño pero efectivo en sus funciones. En definitiva, un Estado que opere con lo existente sin pretender modificar las vidas de sus gobernados, sin pretender coercerlos para hacer de ellos algo que no quieren ser. Pero que disponga de los medios a aquellos que quieren ser algo distinto y no pueden per se. Las izquierdas como las derechas siempre le han pedido a los individuos que sean otro al que son (lo contrario del psicoanálisis). Siempre le han pedido una resignación, una renuncia, una conversión (valga el termino religioso); y en su vocación totalitaria y racista han excluido o matado a aquellos individuos que no querían ajustar su estilo de vida ese parámetro disciplinador.
El ‘hombre nuevo” es tan ridículo como el hombre redimido cristiano. El hombre es un hombre natural y cultural, animal y humano; debemos medir la relación existente entre naturaleza y cultura y ver como funcionan estas dos instancias para contemplar al hombre en su verdadera faceta. Las pretensiones purificadoras o vindicativas solo han provocado horror y han alejado al pensamiento del nexo entre naturaleza y cultura que es donde siempre debió haber estado.

Sunday, September 17, 2006

Del hipertexto al hipermarketing

De Jacques Derrida a Internet hay un paso corto. Mi licencié en filosofía con una tesis sobre la filosofía de Jacques Derrida, puntualmente, sobre la lógica hipertextual. Releyendo mi tesis de unos cinco años a trás la encuentro bastante bien (más allá de los academicismos evidentes). De hecho, las conclusiones me sorprenden en grato modo en mi perspectiva. De alguna manera postulaba a Derrida como uno de los primeros teóricos del hipertexto o bien como el filósofo bisagra entre la tradición postrestructuralista y los teóricos del hipertexto en la era digital (Ted Nelson, George Landow, etc). La filosofía de Derrida y, cada vez lo percibo más, tiene una lógica de red, es una filosofía para la época de Internet. De hecho, la red nace de la mano de Tim Berners Lee en 1969 (Derrida publica el hipertexto Glas en 1965).
La filosofía como disciplina del conocimiento tiene que captar las lógicas cognitivas de cada época. Hoy, claramente, estamos en una lógica cognitiva hipertextual, lógica que planteó Derrida y también Deleuze, por cierto. Lo más interesante son las derivas de esta filosofía a través de la gestación de subdisciplinas como la redología (teoría de redes), la ludología (teoría de los videogames), entre otras. Los hípermedios contemporáneos con la net a la cabeza (pero sin dejar de lado a la TV al borde de la digitalización total, los celulares, los videogames, la música electrónica) son no secuenciales, no lineales, interactivos y abiertos. La hipertextualidad a redefinido las categorías de lector, autor y obra. La imprenta es el pasado, muerto y enterrado. Hoy el lector tiene más poder que el autor. La reconfiguración de la obra por parte del receptor es total; por ende la propiedad intelectual es una intelectia jurídica que está al borde la muerte.
Pero lo que resulta bien fuerte es que la lógica híper no es un dato menor ni un ejercicio académico. La lógica hipertextual ha obligado a la reingeniería de empresas y la modificación de estrategias. Esta lógica nueva modificó de plano modelos de negocios (pensemos sólo en Napster). En el caso puntual de las industrias culturales el cambio es drástico. Y lo será aun más en los próximos años. Vamos hacia una economía cultural del flujo y la interacción constante, lo que llevará a la generáción y el diseño de un marketing asociativo, de un hípermarketing. Como vemos, de Derrida al marketing hay sólo un paso. Si no se comprende la lógica de esta nueva ontología digital y linkeada ninguna acción de marketing funcionará.

Wednesday, September 13, 2006

Nike es punk

Just do it. Sólo hacelo. Es genial como idea, como concepto y como filosofía de vida. Es hasta punk diría. Just do it. Vos también podés. Todos podemos. La única que no puede es la pelotuda de Naomi Klein que escribió ese panfleto patético llamado No Logo. No sé dio cuenta la opa que el mejor logo de su libro fue no tenerlo. ¿Por qué la izquierda suele ser tan obvia y poco inteligente? Son toscos y hasta brutos. Por eso el punk fue increible, no eran de izquierda, eran anarcos y hasta libertarios, esteticistas. Sólo lo hacían.

TV, Internet y tecnoculturas

Antes que nada hay que asumir a la TV e Internet como dos realidades concretas con las que operamos en el día a día, dos dispositivos que “están ahí“. A partir de esa relación, de esa conexión y contacto cotidiano, la categoría de “uso” resulta central. Ni la TV ni la red en sí mismas resultan algo per se condenatorio ni genial, sino más bien el uso que se haga de ellas. Incluso el término de “cultura de masas” me parece poco consistente para pensar esta realidad. ¿Qué sería hoy la “cultura de elite”? Esto es algo que queda bastante en claro luego de la clase de Luis Alberto Quevedo. La domótica, la introducción de las diferentes tecnologías de consumo cultural en los hogares, ha redefinido de plano nuestra relación con la cultura, quebrando o ablandando las categorías de lo masivo o lo elitista (que resultaban efectivas en el siglo XIX y para la estética adorniana). Hoy habitamos en un momento donde la producción cultural, la producción de bienes culturales (libro, música, películas, etc.) implica un público determinado (desde un nicho hipersegmentado hasta un mercado multitarget); la idea de público (lector, oyente, consumidor cultural) se construye desde el producto. La disputa de determinado público mejor o peor en función de tal o cual conceptualización no sólo atrasa sino que evita problematizar aspectos mucho más complejos. Antes que nada la TV es una industria, esencialmente de entretenimiento (a excepción quizá de las televisoras estatales que deberían cumplir un rol con otras búsquedas educativas o formativas). Partiendo de esta base, la TV tendrá un “condicionamiento de la industria cultural” inevitable o en todo caso ella misma lo generará por tratarse una industria cultural de peso económico (mucho mayor que la industria editorial o discográfica o cinematográfica en el plano nacional). Como bien señala Alejandro Piscitelli, Internet es una tecnología de conocimiento y la TV en cierto sentido también lo es. No creo que podamos pensar la red en términos de mayor o menor democratización sino de revolución cognitiva. La idea de Tercera Cultura o tecnocultura es lo más acertado al respecto. La cultura tecnológica sin código ético y la cultura humanista con capacidad crítica pero impotente para el diseño y la gestión están dejando paso en su disputa tanto dialéctica como estéril a una tercera cultura: la tecnocultura. Una cultura de raíz tecnológica. En este sentido, nuestro rol como gestores culturales es tener consciencia de esta realidad cultural, de esta ontología del cambio, para pensar desde ella los fenómenos culturales. El facilitador cultural que sólo se apoye en una mirada humanista crítica o con un ojo meramente productivista carecerá de una visión macro para definir proyectos a futuro, para gestionarlos y conducirlos a buen término.
El gestor cultural que administre emprendimientos privados o públicos no puede dejar de tener en cuenta esta ontología tecnocultural actual. Desde los procesos hasta los públicos las industrias culturales tenderán a devenir economías del flujo, es decir, economías donde la transmisión de información será esencial. Por ello, los públicos se diversificarán cada vez más y no habrá públicos cautivos. Así como la industria musical tuvo que redefinir su estrategia luego de Napster y del downloading, lo mismo está sucediendo con la industria editorial. Analizar estas operaciones como una moda pasajera o una forma de consumo “ilegal” implica no ver que se trata de un verdadera reconfiguración ontológica que se acelerará con los años. Si no podemos captar esta nueva forma de producción y consumo cultural pobre será nuestro accionar como gestores culturales.
Si pensamos con Piscitelli que Internet es la imprenta del siglo XXI entonces el foco de la cuestión vira por completo. El problema es que gran parte de los agentes de decisión de las industrias de la cultura y la comunicación aun piensan con conceptos heredados del siglo XVIII o XIX (derechos de autor, lector, editor, etc). Todas las categorías de la industria cultural se han modificado a partir de la irrupción de Internet. Como primera instancia, la llegada de la TV significó la “domotización” de la cultura, es decir, el acceso a los productos culturales en lo inmediato, en el hogar. La TV, la videocasettera, el equipo de Audio, la PC, los videogamos el DVD, el Home Theatre, significaron la instalación del consumo cultural “en” los hogares y la interacción cotidiana con su reproducciones. Internet es aun algo más radical; es el planteo de una lógica nueva de consumo y producción cultural (y de las otras industrias también). Internet, la lógica de redes, nos coloca en el plano de usuarios que constituyen socialidades con otros grupos de contactos, que manipulan y acceden a determinada información. En términos de mayor o menor democratización uno podría decir que la “domotización” de la cultura que trajo consigo la TV fue el primer paso (al no tener la obligación de ir a determinados espacios de legitimidad cultural como los cines o teatros); Internet fue un quiebre ya que nos colocó frente al desafío de modificar el mismo contenido de las producciones culturales. El rol del público o espectador pasivo de esta manera fue mutando hasta llegar a la realidad que hoy vivimos de una tecnocultura de la interacción constante. La cultura es un hecho interactivo donde el receptor o usuario ya manipula ese producto y lo configura según su criterio (desde los remixes en la música hasta la simulación de los videogames). Los públicos no cumplen el rol de otrora y la democratización más que mera llegada a mayor cantidad de público potencial es la posibilidad efectiva de hacer propio el producto.
En este plano el gerente de emprendimientos culturales y de comunicación debe acompañar esta lógica redológica e interactiva. El poder parece estar cada vez más depositado en el consumidor. La tecnocultura nos obliga también a la idea misma de redefinición de persona “culta”. En una cultura de raíz tecnológica una posición crítica e incapaz de diseñar un proyecto cultural innovador parece reducirse, paradójicamente, al mayor signo de ignorancia. (Texto presentado en el Posgrado en Gestión en Cultura y Comunicación de FLACSO).

Sunday, September 10, 2006

A 5 años

El 11 de Septiembre a las 9 Am estaba tranquilamente en mi escritorio estudiando a Kant (la crítica de la razón pura, precisamente). Como todas las mañanas solía estudiar de mañana y por la tarde trabajaba en la librería Yenny de Galerías Pacífico. Solía estudiar con la TV prendida sin sonido. Esa mañana definitivamente fue distinta. Ver primero una supuesta avioneta que se había estrellado contra la torre norte del World Trade Center era una rareza, ver la segunda en vivo y en directo fue un shock. Recuerdo que en la librería no podíamos dejar de bajar al patio de comidas del Shopping para ver los acontecimientos minuto a minuto. Luego vendría el pentagono y el avión en Pennsylvania.
Acabo de venir del cine de ver Vuelo 93 de Paul Greengrass, que conmemora de una manera brillante y físicamente insoportable la tragedia del vuelo que iba con dirección a la Casa Blanca y fue derribado por los propios pasajeros. La visión de esta película me trajo recuerdos e imposturas de la época y de hoy.
Tuve la suerte de estar en New York. Conocí las Twin Towers desde adentro, el "Top of the World" como las promocionaban. Eran magníficas. Tuve también la posibilidad de volver a Manhattan poco después del 11-S; lo primero que hice fue ir a ver el Ground Zero, lo que quedaba de ese espacio. Luego de cinco años del hecho y de haber conocido ese símbolo antes y después no tengo dudas que fue el hecho histórico que más marco mi vida. A los 30 años siento que es un punto de inflexión histórico que viví y que se lo podré contar a mis hijos o sobrinos. Yo lo viví, estuve adentro y afuera. Y amo esa ciudad profundamente.
Luego de 5 años, mi posición y mi mirada sobre el hecho no cambió en nada. Por el contrario siento que frente al hecho de dimensiones patéticas y dantescas no se pueden tener medias tintas. El fundamentalismo religioso y la enajenación de los terroristas no tiene justificativo alguno. No coincido con Bush en nada, pero hay actos que dividen las aguas. El horror no se perdona. Resulta paradójico que el luto sobre los muertos de la trágica jornada del 9/11 haya sido tan breve para cargar rápidamente los cañones sobre el presidente Bush. Gran parte de los análisis no son objetivos. A la fecha parece un deporte pegarle a USA e Israel. La mayoría de la comunidad "progre" se manifiesta en su contra. Es paradójico y hasta cínico lo que ocurre. El progresismo se acopla a las posturas del totalitarismo islámico en contra de las políticas norteamericanas y de Israel. Quien lo diría, "la izquierda" abraza consignas que Marx, en su ilustración, jamás hubiera imaginado. En Oriente medio la única democracia que existe es la del Estado de Israel, frente a más de 30 estados teocráticos islámicos sin libertad alguna. El movimiento conceptual que realiza la intelectualidad de izquierda es justificar un terror frente a "otro". La reacción frente a la agresión del Imperio. Quién lo diría: una teoría de los dos demonios o una dialéctica. El espíritu antiamericano parece haberse expandido y resucitado viejos aires revanchistas europeos. Como bien lo ha dicho Guy Sorman, la obsesión antiamericana parece ganar a europeos y a sudamericanos también. Todo esto se ha expandido luego del horror del 11 de Septiembre. Paradójico: luego de la agresión, el agregido fue puesto en la picota. Un acto de perversión más que evidente.
Haber conocido Estados Unidos y Europa cambió mi visión sobre la realidad. Siempre sentí una gran afinidad con la cultura norteamericana: desde sus grandes ensayistas libertarios como Thoreau y Emerson, hasta la música, el cine de Hollywood o las playas de California. No es posible estar con el totalitarismo islámico y ser una persona de bien. Esto no quiere decir aprobar las políticas del gobierno de Bush. Esto quiere decir ser racional y no un perverso.
No me gusta plantear los problemas en términos dicotómicos y excluyentes, pero el 11 de Septiembre me forzó a ver la realidad en dos. Sin hablar de ejes o males, sí hablando de razón y de ética. Los valores sobre los que se construyó Estados Unidos (no los del Sr. Bush), los valores de George Washington, de Emerson, de Jeffeson, de Lincoln, fueron valores de libertad, racionalidad y pluralidad; la vida humana era lo más valioso y la libertad implicaba una biopolítica afirmativa donde cada uno pudiera desarrollar su máximo potencial en un marco de civilidad. La visión enajenante del totalitarismo islámico, desprecia la vida (la propia vida de los suicidas) en pos de un cielo. Divide y castiga a los hombres. Ideología purista y racista si la hay.
Ese día comenzó el siglo XXI. Me di cuenta. Y yo estaba leyendo a Immanuel Kant, que coincidencia irónica, la paz perpetua que buscaba esa gran cabeza filosófica aun es una deuda insaldable y muy lejana.

Saturday, September 02, 2006

Nokia

Nokia es la empresa - concepto más clara que existe. O como un emprendimiento de la remota Finlandia pudo terminar en sinónimo de vanguardia, diseño exquisito y sensualidad. Los atributos de esta marca están tan bien construidos que abruman.

El pionero

Ultimamente me divierte mucho Convicciones de Lucho Avilés en Magazine. Me parece un tipo culto y popular simultáneamente. Algunas secciones del programa como el Podío demoníaco o los Chimentos a Sotto Voce son toda una vuelta de tuerca en torno a los programas tradicionales de chimentos.

24 o el cerebro en la TV

24 es una serie superior. Un aparato cognitivo puesto al servicio del entretenimiento a escala mundial. El mejor ejemplo de las industrias culturales en la época de las NTIC's (nuevas tecnologías de comunicación e información).

Googling

Los dos pibes que inventaron Google abrieron el universo intelectual. Forjaron una palabra, un concepto y un mundo. Todavía estamos en la punta del iceberg. Dónde quedaron Yahoo y Lycos?

Open your Mind Filósofo

Creo que si tuviera que volver a elegir una carrera universitaria no elegiría Filosofía. Optaría por una carrera donde las ideas estuvieran en efervescencia, donde se cocinaran ideas, quizá Management o Marketing (donde existen seminarios de innovación y creatividad) o Ciencias Políticas o Economía (cada vez me interesa más la arena pública, la toma de decisiones). Me interesa la idea que lleva a la acción al hacer. Toda acción tiene por detrás una idea, que puede ser buena, mala o genial o regular, pero tiene una idea. Las ideas tienen que ser disparadores. Hasta quizá estudiaria DJing (ser DJ) porque los DJ's son grandes desarrolladores de ideas a partir de sonidos de otros. La filosofía hace rato dejó de ser invención de ideas. Los filósofos que hoy leo de alguna manera se tocan con estas otras disciplinas. La facultad de filosofía y letras de UBA es una incubadora de opas polítizados (pero no políticos) que tienen orgasmos con la queja y la inacción permanente. Hace pocos años atrás descubrí la belleza de la efectividad y la operación concreta con la realidad. En ese quizá me esté volviendo más de izquierda: materia y acción concreta. Pero no utopismo sino realismo operativo, gestión e innovación. Open your mind, babe

Panasonic - El concepto slogan

El título de mi blog se lo afané al slogan de Panasonic. Creo que es extraordinario. Al nivel del Just do it de Nike o de Impossible is nothing de ADIDAS. En ese sentido también es genial el Conecting People de NOKIA. Todos ejemplos de como construir un concepto con un slogan y llegar a la gente. Filosofía en serio.

Amo el Metro de New York

Me encanta el Metro de New York, en verdad todo me gusta de New York, incluso el Metro. Acá Metrovías está copiando bastantes ideas del metro de Manhattan. Desde la señalética a la metrocard pasando por las actividades que hacen.